Hay Festival para transformar la otra Cartagena

A través del Hay Festivalito, que se inauguró este jueves, el evento intenta ser un catalizador da cambio en las comunidades vulnerables de la 'Heroica'.

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A media hora de Cartagena, luego de cruzar por carreteras polvorientas y mal hechas, está Puerto Rey, un pueblo de poco más de 200 casas construidas con tablones viejos y rajados, y con ladrillos superpuestos en desorden. Es una vereda de tierras secas, de calles angostas y agua estancada en cada esquina. Debe ser por eso que, en parte, el chicungunya acá no ha dado tregua. No hay nadie, dicen, que se haya salvado de las torceduras que provoca el virus.

Puerto Rey queda a unos diez minutos de un caserío que le hace honor a su nombre: Tierra Baja. Y aunque las diferencias entre uno y otro no son notables, hoy Puerto Rey, con sus mil y pico de habitantes, tiene otra cara. Este fue el lugar elegido para inaugurar la décima versión del Hay Festivalito, una suerte de hermano menor del Hay Festival organizado por la Fundación Plan, que involucra a escritores y artistas con niños de comunidades vulnerables de Cartagena.

Pero esta vereda polvorienta y caliente no solo se ve distinta por el hecho de tener a la directora del Hay Festival sentada entre su público –aunque sí- ni porque los estudiantes hayan organizado bailes al ritmo de tamboras. Hoy también han querido darle un vuelco a la fachada del pueblo para que deje de tener ese talante de nostalgia. De la mano de la Fundación Mil colores para mi pueblo, los habitantes se lanzaron a pintar sus casas y a transformar espacios que, como la plaza central, estaban olvidados.

"Es una dinámica con la que intentamos llegar a esos lugares a los que no llegan los medios, a esos sitios que parecen estar abandonados y que necesitan ayuda. Se trata de no dejar a los campesinos solos, de acompañarlos, de apoyarlos con estas actividades en las que todos participan y con talleres de cohesión social", cuenta Edwin Rodríguez, líder de la organización.

De esos cambios hacen parte pintar los columpios oxidados, sembrar plantas nuevas en materas para menguar la aridez, darle vida a objetos ajetreados por el tiempo y, claro, pintar de verde y rosado los tablones que hacen las veces de paredes. Ese par de colores les recuerda a todos que aquí se crece en medio de cultivos de patilla aunque el recio verano, como relata Leonardo y Francia, esta vez haya acabado con casi todos las cosechas. "Hace tiempo no teníamos un calor tan intenso", dicen.

Pero, ¿por qué elegir este pueblo para empezar a celebrar una década del Hay Festivalito? ¿Por qué Puerto Rey, con sus calles mal hechas, con su capilla diminuta y con su centro de salud de cinco piezas para arrancar a conmemorar diez años de trabajo?

Porque esta, asegura Gabriela Bucher, directora de Plan, es la otra Cartagena. "Esto es lo que nadie asocia con la ciudad y se les olvida que ellos, los que están acá, también son protagonistas. Elegimos esta vereda porque es la mejor forma de hacer inclusión social. El propósito no es otro que seguir impulsando la lectura en estas comunidades, la transformación a través del arte. El Hay Festival es en verdad una especie de catalizador de esos cambios culturales que queremos sostener en el tiempo".

Cambios que para Bucher se están logrando gracias a la presencia de artistas y escritores que actúan como transformadores, como impulsadores de la educación. Ya en versiones pasadas han estado Fernando Savater, Celso Román, el grupo Buena Vista Social Club, Gael García, Juan José Campanella, Jorge Franco, Ricardo Silva y Oscar Collazos.

El turno esta vez será, entre otros, para el ilustrador y humorista gráfico Alberto Montt, el biólogo Sergio Rossi y la escritora Irene Vasco. "Sus lecturas, su ayuda, sus enseñanzas –dice Bucher- son el inicio del cambio".

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