"Hay la intención de confundir la trata con el trabajo sexual"

Eva Reynaga, directora de la Red Latinoamericana de Trabajadoras Sexuales, asegura que Colombia es ejemplo en la región sobre regulación de los derechos a las mujeres que realizan esta actividad. Cree que no deberían existir las zonas de tolerancia y que cualquier proyecto de ley para reglamentarlas debe tenerlas como principales partícipes.

Eva Reynaga, dirige la Red de Mujeres Trabajadoras Sexuales de América Latina y el Caribe.Cortesía

En Latinoamérica el trabajo sexual no está penalizado pero tampoco reglamentado, por lo que quienes realizan esta actividad suelen ser más vulnerables, no solamente por el rechazo moral que existe frente a este oficio, sino además por las condiciones en que son tratadas por quienes manejan el negocio, los clientes, la Policía y hasta las instituciones estatales que las victimizan precisamente por ese vacío legal. 

Por ello, hace 23 años la argentina Eva Reynaga decidió organizarse con otras trabajadoras sexuales para frenar el abuso hacia sus compañeras y explicar que su oficio no es lo mismo que trata de personas. En este camino logró consolidar la Asociación de Trabajadoras Sexuales de Argentina (Ammar) y ser parte importante de la Red de Trabajadoras Sexuales de Latinoamérica y el Caribe (RedTraSex). 

En Colombia, la Corte Constitucional ha fallado a favor de los derechos de las trabajadoras sexuales y ha pedido al Ministerio de Trabajo reglamentarlo. En este camino en 2013, se promovió un proyecto de ley para reconocerlo como un oficio con todas las garantías, pero se hundió en segundo debate en el Senado. Ahora, luego de un nuevo fallo del alto tribunal, el ministerio prepara una nueva propuesta,mientras que la Defensoría y Migración, a solicitud de la Corte, deberán atender a las mujeres venezolanas que ejerzan esta actividad en Colombia. 

Con respecto a todo esto, Reynaga asegura que Colombia es un ejemplo en la región en cuanto a reglamentación, mientras que la masiva llegada de trabajadoras sexuales venezolanas al país, es similar a la migración que hacen las colombianas, que realizan este oficio, hacia Panamá. 

¿Cuál es la situación de las trabajadoras sexuales en Latinoamérica?

En los últimos 20 años hemos avanzado bastante, no tanto como nosotras quisiéramos porque pasa que cuanto más estamos organizadas y más espacios tenemos para denunciar, se encrudece la violencia institucional. Hay alguien del propio Estado que se enoja mucho y por lo general es la policía, porque si logramos el reconocimiento del trabajo sexual como un oficio formal, es el primero que termina perdiendo el negocio. Sí, estamos dando pasos muy firmes en espacios como la OEA o la CEPAL, pero en los países latinoamericanos se siguen viendo mayores asesinatos y represión de la policía, precisamente porque el trabajo sexual no está regularizado y se aprovechan de ese vacío legal.

¿En qué países es más complicada la situación de las trabajadoras sexuales?

En Argentina la situación es muy complejo porque hay una mezcla todo. Siempre está la intención de confundir lo que es trata de personas con trabajo sexual. Si bien el trabajo sexual no está penalizado, si hay algunos tratados de moral y buenas costumbres de los que se agarra la Policía para detener a las compañeras. También hay una provincia que con esta cuestión legal está penalizando al cliente. Otro país que es complejo es Panamá, donde pusieron presa por un por ocho horas a una de las dirigentes. Además cada vez que la policía detiene a una trabajadora sexual le quita todos los dólares que tiene en ese momento.

¿Qué países pueden ser ejemplo?

En este momento estamos muy admiradas por lo que está haciendo las Cortes en Colombia. Estamos contentas por el debate que se está dando, aunque a veces creo que es deleal e imparejo. De hecho escuché un programa de radio donde hablaban tres abolicionistas y solo una trabajadora sexual, ahí es donde creo que el debate es desleal, sobretodo cuando se enfrenta a las compañeras contra la academia.

Hay una Corte Constitucional progresista, un Ministerio de Trabajo que incluye a las compañeras, pero de todas formas creo que aun sigue habiendo una cultura muy machista y autoritaria. Pasa en todas las regiones, la gente empieza a aflojar y reconocer temas de matrimonio igualitario o de identidad de género, pero cuando nos toca a nosotras les sale lo reaccionario y terminan acusándonos a nosotras, sin pensar como sociedad porque los hombres pagan por sexo. Por qué no hablamos de la sociedad en la que los hombres pagan por sexo.

¿Cómo manejan esos prejuicios?

Lo que pasa es que cuando se habla de matrimonio igualitario, trata de personas o matrimonio igualitario hay una posición establecida de los parlamentarios porque detrás hay votos, pero cuando es trabajo sexual creo que nos les interesa porque no hay un interés de legislar para todas y todos, lo que importa es el que dirán en una sociedad hipócrita, y luego está la cuestión de alta discriminación. 

Además, qué pasa con las mujeres que llevan casadas 20 años solamente por el dinero que tiene el esposo. ¿Eso no es trabajo sexual? Vivimos en una sociedad terriblemente hipócrita, que no discute de los temas que tiene que discutir. La iglesia nos ha hecho mucho daño en el sentido de que somos muy conservadores e hipócritas, porque en realidad todo lo hacemos bajo sombra. Todo el mundo tiene sexo pero nos censuran porque podemos decir estas cosas. El gran problema que tiene la gran sociedad es lo que nosotras representamos, que es comenzar a tener y disfrutar de la sexualidad libremente y de eso no se quiere hablar.

¿Qué tan de acuerdo está con las zonas franca?

En total desacuerdo porque es discriminación. Además creo que no han funcionado los que he visto. He trabajado por más de 30 años, lo he hecho en Europa, y la verdad que cuando trabajé en el barrio Rojo de Madrid, uno se da cuenta que terminan expulsándolo a uno como si fuera una basura y como es basura nada pasa por ahí. Subirse a un taxi sale más caro, además ahí entran los malandros donde terminan vendiendo droga. Las compañeras están comenzando a hablar con las protagonistas de estas historias para comenzar a diseñar y delinear las condiciones laborales en que las compañeras deben laborar.

Los opositores a la legalización del trabajo sexual aseguran que de hacerlo, se promueve el proxenetismo ¿qué responde usted a eso?

No estramos a favor del proxenetismo. Siempre las perseguidas somos nosotras que no hemos cometido delito, insisto en que el trabajo sexual no está penalizado en ningún país, sin embargo siempre la ley va contra nosotras, pero si está penalizado el proxenetismo, es decir los dueños de los lugares que se quedan con un porcentaje del servicio sexual que la compañera brinda. La reglamentación busca proteger a las compañeras, tanto las que se paran en la calle, como las que trabajan en estos lugares.

Por ejemplo, nosotras como red latinoamericana promovemos las agremiaciones, quiero decir que un grupo de tres o cuatro compañeras puedan alquilar un lugar solamente para ofrecer servicios sexuales, nada de alcohol y droga. Pero para eso hay que trabajar con el estado para reeducar a nuestras compañeras. Entonces si hay un cabaret donde hay bailarinas, que solo sea de eso; el dueño de ese lugar no se quede con el servicio que ella está brindando.

Hay denuncias en que las compañeras están casi quince horas de pie, con tacos altos, en medio de tipos fumando y bebiendo alcohol y así no debe ser, porque el alcohol es lo que exhacerba la violencia y eso muchas veces al dueño no le importa. Eso son cosas que la sociedad debe saber y por eso hicimos el estudio sobre violencia institutcional. Los dueños de los lugares son aliados de la policía, porque o sino por qué existe tanta impunidad.

¿Por qué es importante agremiarse?

El primer sindicato reconocido en SiTraSexGua, que son las compañeras de Guatemala. Actualmente están en proceso Nicaragua y Perú. No ha sido fácil, por ejemplo, en Nicaragua los principales opositores son los dueños, porque para crearlos se necesita cierta cantidad de compañeras que se afilien para que se pueda acreditar, entonces muchas chicas se retractan de participar en estas organizaciones por influencia de estas personas y claro, porque el sindicato es una herramienta para defender los derechos laborales. Los dueños de los lugares están oponiéndose de una manera feroz y de hecho las compañeras siguen teniendo miedo y no denuncian los abusos.

¿Cómo ve la masiva migración de trabajadoras sexuales venezolanas a Colombia?

Las venozalanas están corriendo a Colombia, pero también hay muchas colombianas en Panamá, y tiene que ver con la dolarización, un tema meramente económico.

Por otra parte, lo que nosotras decimos es que el reconocimiento al trabajo debe ser para todo el mundo. En Argentina, lo primero que pusimos es que cualquier trabajadora sexual que habita en Argentina, sin importar su procedencia tiene derechos, porque lo que pasa en Europa, por ejemplo en Holanda, es que los beneficios que las compañeras logran para sus afiliadas son solamente válidas para las europeas, por eso me parece bárbaro lo que Colombia está haciendo para que las venezolanas tengan el mismo trato que las colombianas. Es una realidad que hay un conflicto muy grande en Venezuela y siempre el hilo se corta por el lado más fino y los que más sufren son las mujeres, los niños, los pobres y entonces que la Corte esté llamando la atención para dar un trato digno me parece espectacular.

¿Cuál cree que sea el siguiente pasó en Colombia en cuanto al trabajo sexual?

Me parece que van por buen camino. No deberían dejarse presionar por algunas feministas abolicionistas y tampoco por los dueños, creo que es una cuestión de derechos humanos. Me parece que con esta decisión la Corte quiere que bajen los abusos contra las trabajadoras sexuales, por lo tanto hay que sentarse con ellas y no con quienes tienen el negocio, porque eso es un delito enmarcado en el código penal y para eso nosotras debemos estar muy alertas a que esto no pase.