'Hay una Colombia que nunca me ha querido': Íngrid Betancourt

La excandidata presidencial habla de su más reciente publicación, ‘La línea azul’, su primera novela de ficción, de su presente en Oxford y el perdón como motor de la vida.

María Elvira Arango, directora del programa Los Informantes, del Canal Caracol, habló con la excandidata presidencial Íngrid Betancourt a propósito de su nueva novela La línea azul.

En la conversación, la ciudadana colombo-francesa y quien estuvo en cautiverio por más de seis años, asegura que por petición de sus hijos no regresará al país. Cree que el perdón es la piedra angular para firmar la paz.

¿Cuándo decidió volverse escritora?

Estaba entre los sueños prohibidos. Es un permiso que uno se da y que empieza enfrentando el miedo a la crítica. Cuando se tiene el libro ya tiene que coger su propio rumbo. 

Es la historia de Julia, una argentina en los años 70 en la época de Los Montoneros. ¿Qué tanto se parece a usted?

Quisiera parecerme a Julia, pero ella tiene más los ingredientes de muchas personas que he conocido en la vida y me han descrestado. Julia es una mujer humilde con el don extraordinario de ver el futuro a través de los ojos, pero que no se siente especial por tenerlo. Enfrenta la dictadura, se la llevan, la secuestran, la torturan, sale indemne. Una de las razones por las cuales puede sacudirse del pasado es porque no se juzga a sí misma. 

Cada vez sus vínculos con Colombia parecen más lejanos, ¿usted siente que no la quieren?

Hay una Colombia que nunca me ha querido porque en mi caso tuvo una explicación politizada. Pero yo adoro Colombia y desde hace seis años no me he encontrado con nadie en la calle que haya sido desagradable conmigo. 

¿Qué tan cerca estuvo de volver?

Lo pensé mucho, pero tuve un shock muy fuerte por la reacción de mis hijos: “no queremos”. La política para mí ha sido un camino de dolor, independientemente del secuestro. Hoy creo que hay maneras de servir a Colombia. 

¿Cuándo termina de estudiar en Oxford?

Dos años más. Estoy haciendo un doctorado en teología y mi tesis es sobre la teología de la liberación. 

¿El infierno es ese lugar en donde pasó tantos años de su vida?

El infierno es la imposibilidad de comunicarse con Dios. Yo viví algo difícil, pero tuve ángeles. 

¿Cómo siguió creyendo en Dios amarrada a un árbol?

Dios estuvo presente y no es el culpable de lo que nos pasa. Fue mi soporte, mi llavería. 

¿Es verdad que va a ser abuela pronto?

Ya estoy preparada. 

¿Qué es hoy la libertad para alguien que vivió seis años en cautiverio?

Uno va descubriendo lo que significa. Al principio es hacer lo que uno quiere, después se vuelve más las relaciones con otras personas y con uno mismo, con sus frustraciones, sus amarguras. Uno aprende a ser libre de los prejuicios y a volverse más liviano, con la capacidad de mirar a los demás con compasión y tranquilidad. 

¿Ha podido perdonar?

Por más que la decisión de perdonar sea un hecho, hay recuerdos que vuelven sorpresivamente y siento el cimbronazo. Entonces sé que el perdón es un ejercicio diario.

¿Qué podría pasar si se sube a un bus y su vecino de asiento es ‘Gafas’?

Sería un momento de perdón y de reconciliación, porque creo que Gafas también tiene que haber sufrido mucho y probablemente el recuerdo de lo que nos hizo puede ser mayor que el que yo tengo del sufrimiento que nos causó. 

Hoy se habla de penas alternativas para las Farc como resultado del proceso de paz, ¿usted qué piensa?

Puede haber penas alternativas, tiene que haber espacio para que aquel que ha actuado dentro de la guerra pueda reconciliarse. Hay muchos guerrilleros de a pie que son también víctimas, que les tocó porque si no, los mataban. Deberíamos crear fincas de exportación de flores al mando de guerrilleras. 

Hablando de justicia, ¿por qué esa reacción tan negativa que hubo en Colombia cuando usted quiso pedir una indemnización?

En Colombia se odia mucho, hay muchas pasiones. Y hubo mucha manipulación política. Me pude haber equivocado, pero mis compañeros habían presentado sus propios recursos. Se les vendió a los colombianos que yo no tenía derecho porque quise que me secuestraran. 

¿Y cuál es la verdad?

Me quitaron los escoltas, esa es la verdad. Yo era candidata presidencial, tenía la posibilidad de ir a cualquier sitio. Cuando el gobierno dice “le advertimos”, eso no es verdad. Al gobierno le dio miedo asumir su responsabilidad, pero me dejó sin posibilidad de defenderme.

¿Y qué encontró cuando volvió de seis años de cautiverio?

Mi compañero había hecho su vida con otra persona. Ya no tenía hogar, tampoco trabajo. La prioridad fueron mis hijos, volví a la intimidad con ellos. Me tomó tiempo reconocerlos, volver a armar el archivo de la vida. Se necesitaron choques para volver a abrir esas puertas. 

¿Cómo recuerda el momento de la libertad?

Entro al helicóptero, veo unas chaquetas blancas que teníamos que ponernos, miro por la ventanilla a los guerrilleros que se van volviendo figuritas pequeñitas y cuando me volteo hay una pelea. No entiendo lo que sucede y de pronto el comandante Gafas está amarrado a los pies míos. Entonces uno que tenía sombrero blanco grita: “Somos el Ejército de Colombia, están libres”. Nos enloquecimos. No paré de gritar hasta que se me acabó el oxígeno. 

¿Usted cree que hubo algún acuerdo de los guerrilleros con Estados Unidos para la Operación Jaque?

Sí lo creo. Era gente tan mentirosa que me quedan dudas. Aunque hubo seres humanos entre la guerrilla que me dejaron buenos recuerdos.

Recuérdeme uno. 

Shirley era muy linda. Ferney, Rosita, niños muy bellos. Con todas las dificultades que se presentaron, cuando pudieron ayudarme lo hicieron.

*Directora del programa ‘Los Informantes’ de Canal Caracol.