Héctor Abad Gómez: trasgresor de la educación tradicional

El trabajo de este antioqueño, médico y defensor de los derechos humanos, no solo se vio relacionado por su aporte a la política pública y su lucha por la democracia en Medellín, sino también por sus cátedras abiertas.

Archivo El Espectador.

Este viernes 25 de agosto se conmemoran los 30 años del asesinato de Héctor Abad Gómez, defensor de Derechos Humanos, quien se convirtió en un referente por su lucha por el diálogo y la democracia. Nacido en Jericó en 1921, se dedicó a la investigación de las ciencias de la salud. Fue docente, crítico y un pensador de su contexto. (LEA: A 30 años de su muerte, así pensaba Héctor Abad Gómez)

“Tenía una vocación social, una formación humanista muy integral. Él era un médico con un gusto como muy acentuado por las artes, por las letras y eso uno lo puede ver de alguna manera en su familia, por sus hijos, por sus nietos al mantener viva su memoria”, explica la docente Catalina Castrillón, coordinadora del programa de Historia de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín.

El contexto de los años 80 que vivió Abad era, tanto para el país como para la ciudad, muy violento y bipartidista. Y a pesar de que para el año 1991 se creó una nueva constitución, que prometía para el país un nuevo aire, el paso del texto al hecho era realmente difícil. Según Castrillón, por el accionar de grupos guerrilleros, el narcotráfico y la oleada de violencia que golpeaba a estudiantes y docentes de la Universidad de Antioquia, donde él fue docente.

“Era una universidad muy crítica, pero también muy comprometida, que iba más allá de las aulas. Es una característica que tenía Héctor Abad Gómez por sus clases académicas, pero paralelo a ellas tenía otras que eran abiertas. Entendía su labor más allá de lo que tenía que ver solo con la salud pública y la abría a otras personas y otros temas", explica la docente Castrillón.

 Rechazando la educación tradicional que imponían como método único de aprendizaje, la memorización y la repetición constante de fórmulas, Abad le enseñó a sus estudiantes la creatividad como camino hacia el conocimiento, proponiendo la universidad como un espacio para su construcción, cuestionando hasta entonces la ‘intocable’ medicina clásica.

“Uno ve ahora una academia no tan activa, no tan comprometida sino más bien discreta en su rol crítico y de apoyo a los movimientos de derechos humanos precisamente por eso, porque ya pasó una vez que quienes tomaban esas banderas eran fácilmente identificables y fácilmente acallados”, indica la historiadora egresada de la Universidad Nacional de Medellín.

De esta manera, Abad Gómez se convirtió en el rostro de la situación de muchos líderes sociales que en busca de un país mejor, más democrático y equitativo, han sido asesinados y amenazados y muchas de estas muertes están en total impunidad. Según una investigación publicada en agosto de este año por Nodo Antioquia y la Coordinación Colombia, Europa, Estados Unidos (CCEEU), a lo largo de los últimos siete años se han registrado 150 asesinatos de defensores, de los cuales el 86, 8 % están en completa impunidad.  

“Hay que buscar la manera de estar en conexión y más atentos con nuestros contextos, para ver de qué manera podemos responder  desde el trabajo de nuestras aulas. Yo no veo viable seguir formando profesionales que no vayan a  tener un impacto  real en la sociedad”, indica por último Castrillón.