Héctor Osuna y Guillermo Cano: inseparables

Durante 57 años el caricaturista ha estado presente en las páginas de El Espectador.

Héctor Osuna y Guillermo Cano.Archivo - El Espectador
A finales de 1959, con el propósito de dar a conocer sus trazos como caricaturista, llegó a la sede de El Espectador en la avenida Jiménez un joven antioqueño que publicaba sus dibujos en el periódico El Siglo. Se presentó ante Guillermo Cano y Eduardo Zalamea, mostró sus trabajos y acordó enviar algunos para dar a conocer su ingenio. Se trataba de Héctor Osuna Gil, un joven de 21 años a quien lo que más lo sorprendió fue que Guillermo Cano le dijera que iba a consultar con su papá la propuesta. (Vea el especial 30 años sin Guillermo Cano)
 
Días después, Osuna comenzó a publicar ilustraciones, dibujos y caricaturas en El Espectador. Una de las primeras de ellas apareció en la edición del diario del 21 de noviembre de 1959, en homenaje al expresidente Alfonso López Pumarejo, fallecido en Londres (Inglaterra). Desde entonces, las caricaturas de Osuna se hicieron parte fundamental del periódico, y para Guillermo Cano, el trazo con humor del ingenioso autor de “Monerías”, fue infaltable. Hacia 1966, sus trabajos cambiaron de rotulo por “Rasgos y rasguños”. (Vea cómo era la redacción que recibió a Guillermo Cano)
 
Hasta hoy, los trabajos de Héctor Osuna incluyendo sus caricaturas, retratos al óleo o ilustraciones reflejan la vida del país a través de los últimos 15 gobiernos y 13 presidentes. Para Guillermo Cano fue un compañero de trabajo inseparable, y sus caricaturas dejaron huella de lo que ambos vivieron en los días del Frente Nacional, las horas de la transición hacia el gobierno de Alfonso López Michelsen, los días del estatuto de seguridad de Turbay Ayala, la prisa por la paz de Belisario Betancur y la horrible noche del narcotráfico que arremetió a El Espectador como uno de sus principales blancos. (Vea una entrevista con Héctor Osuna)
 

 

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