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hace 3 horas

La herencia ambiental de los Nule

La doble calzada Bogotá-Girardot afectó a habitantes, por líos en plan de manejo ambiental. El sector del túnel de Boquerón y el río Sumapaz, con graves problemas.

La ambición del controvertido Grupo Nule no sólo causó estragos financieros, expedientes judiciales y funcionarios presos. El medio ambiente también sufrió el embate de una planificación estructural a medias y de los vacíos en los controles a los contratistas. Esto se refleja hoy en un tramo de la doble calzada de la vía Bogotá-Girardot, donde el mal manejo del plan ambiental terminó afectando a la comunidad. Así lo constató el Ministerio de Ambiente, en un extenso informe de 163 páginas al que tuvo acceso El Espectador.

Afectación a los ríos, problemas con taludes, falta de drenajes y la desaparición del agua cerca del sitio donde se construyó el túnel de Boquerón, son los líos ambientales que quedaron tras la construcción de la doble calzada. Los líos arrancaron con el inicio de la obra, cuando la concesión para la vía estuvo en manos de los Nule.

La vía, de 128 kilómetros, está dividida en 11 tramos desde Soacha (Cundinamarca) hasta el puente San Rafael en Flandes (Tolima). El problema se concentra en 40 kilómetros de los tramos 8, 9 y 10 de la vía y, especialmente, en el sector del túnel de Boquerón, el río Sumapaz y quebradas aledañas. Allí, según los habitantes del sector, por culpa de las obras desapareció el agua.

Las denuncias comenzaron en el año 2006, al igual que las advertencias del Ministerio de Ambiente a la concesión para encontrar soluciones. Por ejemplo, el 11 de octubre de 2007 se obligó a la concesión a responder por los efectos ambientales. A pesar de esto, según la comunidad, el problema sigue.

Según Mario Llanos, trabajador de las fincas de las Serranías del Sumapaz, la construcción del túnel generó sequía en la zona. “Los campesinos se han visto muy afectados por esta situación. No hay agua ni para regar las matas”. Así lo ratifica el reciente informe del Ministerio, actualizado el pasado 15 de septiembre. En el detallado documento se lee que, pese a que la obra ha avanzado y se han mejorado algunos aspectos ambientales en algunas zonas, aún existen graves problemas en el sector del río Sumapaz.

Tramos 8, 9 y 10

Son estos sectores el epicentro del conflicto ambiental en la vía Bogotá-Girardot. El irregular desvío de quebradas y la afectación del cauce del río Sumapaz han generado graves problemas para la comunidad, que desde el año 2009 viene presentando problemas con el suministro de agua. Una paradoja, toda vez que antes de esta megaconstrucción tenían el líquido vital asegurado.

El mayor inconveniente lo ha causado la construcción del túnel de Boquerón o Sumapaz, que ya está terminado y con sus sistemas de filtración de agua subterránea funcionando. Sin embargo, las quejas van y vienen. Las obras generaron la disminución del caudal de la quebrada La Turbina y el secamiento del nacimiento que la generaba.

“El problema comenzó con la construcción del túnel. A ellos (los constructores) les importó un carajo y le metieron dinamita a esa montaña. En unos meses, y por arte de magia, el agua desapareció. No se necesita ser ingeniero para saber que faltó un estudio técnico y ambiental serio. No se previó cómo encauzar el agua para no generar problemas en las fincas”, le dijo a este diario Gabriel Serrato Escobar, quien hace seis años asesora a la comunidad en el manejo de basuras.

“El agua de las montañas va por sus grietas y los campesinos estaban acostumbrados a manejar esas corrientes que venían por la superficie. Después de los trabajos el agua se profundizó y empezó a correr subterránea. La madre naturaleza pasó cuenta de cobro en la vereda Mosqueral, donde se vieron afectadas 20 viviendas y se agrietó la carretera. La gente de la concesión hizo unos arreglos, pero fue como curar un cáncer con aspirina. Hoy, hay un tramo de la carretera en el que hay un desnivel y esto ha generado choques entre varios carros”, añadió.

Debido a la falta de agua, el Ministerio de Ambiente ordenó a la concesión, hace más de tres años, suministrar permanentemente el líquido a la comunidad ubicada en la parte alta de la quebrada, mientras se adoptaban medidas definitivas. En 2009 el Ministerio de Ambiente encontró que estaban incumpliendo.

Casos como el de Gloria Trujillo de Hodapp, afectada por la sequía, son dicientes. Ella tuvo que construir un tanque de almacenamiento. En la reciente visita del Minambiente se encontró que la solución definitiva está lejos de concretarse. La concesión de los Nule dice estar llevando agua tres veces por semana al sector. Aún así el desastre ambiental parece seguir creciendo.

Habitantes afectados por la falta de agua dicen que esto del carrotanque no es cierto. “Acá no hay soluciones con el agua. Lo que pide la comunidad es que nos devuelvan el agua. Se necesita que la visita y el informe los hagan gente que no esté sesgada, para que vean realmente el problema”, reiteró Gabriel Serrato.

Ante la exigencia de una solución temporal, el concesionario indicó que le propondrá al Ministerio poder usar las aguas de infiltración del túnel, que son las mismas que recargaban la quebrada. La propuesta es analizada, lo que indica que se demorará la solución.

Desvío del río

Otro de los efectos de la falta de manejo ambiental, según se documentó, se dio con el desvío de quebradas y afectación del afluente del río Sumapaz. Por ejemplo, la quebrada Golondrinas, que fue encauzada y ahora fluye directamente a este afluente. “Encauzaron el agua a su acomodo. Hicieron unas cunetas inmensas y la gente no tiene acceso para aprovechar el líquido”.

Otro de los grandes líos en 2009 se generó con la construcción que adelantó la firma Carlos Collins (socia de la concesión) de una obra que no estaba autorizada y que provocó graves daños ambientales. Se trataba de un trabajo que inicialmente quisieron hacer ver como una obra para proteger la banca de la doble calzada ante las crecientes del río. No obstante, según planos del proyecto correspondía a una intersección que no estaba prevista en la licencia ambiental.

El trabajo obstruyó parte del flujo del río, con lo que cambió su dinámica. La velocidad del agua aumentó, al igual que su capacidad de arrastre de material sólido. La fuerza del afluente desestabilizó la ribera, afectó predios e incrementó el proceso erosivo en la isla Los Venados. La fuerza del agua quedó demostrada en la destrucción de unos gaviones (muros) que se habían construido para proteger las viviendas en peligro.

Por los problemas que generó esta modificación del río, la concesión está obligada a reparar este entuerto. La orden es hacerlo urgentemente, so pena de un proceso sancionatorio, según advirtió el Ministerio de Ambiente. La concesión señala tener listos los diseños de estas obras, pero aduce que está en la etapa de contratación de los trabajos. Gabriel Serrato, desde la otra orilla, opina lo contrario: “A todo esto le están metiendo política y dicen que van a recuperar las casas afectadas y a solucionar el problema del agua. Sin embargo, esas son mentiras. Allí nada están haciendo. Ecológicamente es el acabose”.

“Vuelve el invierno y seguro vendrán más problemas. Allí nada están haciendo para prevenir una tragedia mayor. Lamentablemente a los campesinos les endulzan el oído y con dos pesos los convencen. Los políticos sólo les dan contentillo. El problema va a empeorar y esto es un campanazo. Obviamente la gente poco sabe del asunto, porque a la concesión no le interesa el escándalo”, concluyó vehemente.

El lío ambiental parece ser el último capítulo del novelón de los Nule. Los campesinos reclaman y es hora de que el Ministerio de Ambiente busque soluciones definitivas para la comunidad.

Doble calzada Bogotá-Girardot tardará más de un año

La concesión que construye la doble calzada Bogotá-Girardot actualmente está conformada por Sumagás, Álvarez y Collins, Álex Char y Vergel y Castellanos. Los Nule estuvieron en el grupo hasta 2010. Ellos dieron sus acciones en garantía por un préstamo de la Unión Temporal Transvial.

La obra contempla un viaducto de 400 metros en inmediaciones del embalse del Muña; Variante Lupas (basurero de Fusagasugá) de 800 m; variante Boquerón de 800 m; túnel del Sumapaz (Boquerón) y la variante de Melgar.

El vencimiento del plazo para finalizar la construcción de la doble calzada Bogotá-Girardot se vence en un año y a la fecha falta casi el 26% de las obras. Los socios de la concesión anunciaron que para octubre del próximo año tendrán completa la obra, pero que llegarán al 90%. Líos con los predios en algunas zonas y el traumático proceso de intervención de las empresas de los polémicos empresarios Nule han afectado la construcción.

A finales de año se pondrán al servicio la variante de Melgar y el puente sobre el río Sumapaz. El puente metálico del Boquerón, que empatará la vía en dirección hacia Girardot en la Nariz del Diablo, lo entregarán en el primer trimestre del próximo año.