Comunidad de Bojayá le da el último adiós a las víctimas de la masacre de 2002

hace 2 horas

Homicidios en zonas con sustitución de cultivos aumentaron en un 33%

De acuerdo con un informe de la Fundación Ideas para la Paz, la tasa de homicidios por cada cien mil habitantes pasó de 35,5 en 2016 a 39,5 en 2017, un alza del 11%, en los 183 municipios donde hay cultivos de coca.

Aunque no se puede negar que han sido varios los avances del programa de sustitución de cultivos ilícitos que implementó el Gobierno para contrarrestar el aumento de hectáreas con coca en el país y que comenzó en 36 municipios que presentan cifras críticas,  tampoco se puede dejar de lado el hecho de que, a un año de su implementación, siguen preocupando temas puntuales como la asistencia técnica y los proyectos de ciclo corto que aun llegan a las regiones y el deterioro de las condiciones de seguridad en  las zonas en las que el programa ha comenzado a andar.

Y precisamente sobre ese punto llama la atención el informe de la Fundación Ideas para la Paz, denominado ¿En qué va la sustitución de cultivos ilícitos? El balance de 2017 y lo que viene en 2018, que presenta una radiografía sobre los avances, pendientes e incertidumbres del proceso con el que el gobierno busca una reducción de 50.000 hectáreas a través de acuerdos con más de 127.000  familias cocaleras.

El tema no es menor. Sobre todo si se tiene en cuenta que el fracaso del proceso de sustitución no solo tiene costos económicos -por los recursos que ya se han invertido- sino también porque, de no funcionar, existe un altísimo riesgo de resiembra. A eso se suman los costos políticos: "La interrupción y el fracaso del programa podrían derivar en múltiples protestas sociales, capitalizadas por organizaciones  que  buscan  tener  la  vocería  de  los  cocaleros  (incluidas  las Farc).  Además,  la  militarización  de  las  zonas  y  una  estrategia  primordialmente  represiva  podrían  tener  efectos  contraproducentes,  fortaleciendo el nexo entre comunidades dependientes de esta economía ilegal y grupos criminales que participan en la cadena del narcotráfico. Lo que está en juego es el desarrollo de estas comunidades y territorios. Si  bien  2017  fue  el  año  de  la  planeación  y  la  concertación,  en  2018  se requiere avanzar en acciones concretas, en medio de las limitaciones presupuestales".

De ahí que exista una preocupación por las cifras que revelan el informe y que dejan ver el nivel del conflicto en las zonas con mayor densidad de cultivos ilícitos. Por ejemplo, mientras que la tasa nacional de homicidios tuvo un leve decrecimiento de 0,6 en 2017, pasando de 24,8 por 100.000 habitantes  a  24,2,  en  los  municipios  con  cultivos  de  coca  se  incrementó  cuatro  puntos  subiendo de  35,5  a  39,5. 

Con un agravante, en los 36 municipios en los que el gobierno inició el año pasado un plan de sustitución de cultivos ilícitos, que concentran el 52% de las 146.000 hectáreas de narcocultivos del país, los asesinatos conocieron un incremento de 33%, al pasar de 41,1 a 54,7.

De acuerdo con la Fundación Ideas para la Paz, la  mayoría  de  los  municipios  que  registraron  alzas  en  los  niveles  de  homicidios  fueron  aquellos en los que se registraron disputas de grupos armados al margen de la ley. "Como ha señalado la FIP, el desmonte paulatino de las Farc dejó muchos agentes sin ningún tipo de regulación, a lo que se suma la reorganización  de  diferentes  facciones  o  disidencias  y organizaciones criminales. Se destaca la confrontación protagonizada por el denominado Clan del Golfo  y  el  Eln  en  Chocó,  la  actitud  predatoria  del  Epl  en Tibú y abiertamente en contra de la sustitución, el flujo  de  recursos  que  carteles  internacionales  continúan inyectando a disidencias de las Farc, así como su progresiva expansión territorial en el Pacífico, su roriente  del  país  y  algunas  regiones  de  Antioquia,  y  la pretensión de facciones criminales locales de tener mayor participación en el narcotráfico".

Sin embargo, el alza en los niveles de homicidios no es la única consecuencia de los problemas de seguridad en los territorios, también preocupan las amenazas y ataques directos al proceso mismo de sustitución de cultivos. Como ejemplo, documenta la FIP, están los casos de los ataques del Epl en el Catatumbo, de las disidencias de las Farc en Guaviare y Caquetá, o los del Clan del Golfo en Tarazá. Eso sin contar los 21 asesinatos de integrantes de la Coordinadora Nacional  de  Cultivadores  de  Coca,  Amapola  y  Marihuana, Coccam.

Un complejo panorama al que habría que agregarle el hecho de que, según la FIP, la respuesta  del  Estado  se  ha  enfocado  en  incrementar el pie de fuerza  sin contar con un verdadero modelo  de  seguridad  rural  que  articule  las  capacidades de las Fuerzas Militares y la Policía y que atienda  las  problemáticas  y  necesidades  específicas  de  las  poblaciones. "El  Gobierno  creó  cuatro Centros Estratégicos de Operaciones que cubren los 11  departamentos  en  donde  se  concentra  el  91%  de los  cultivos  de  coca  del  país,  además  de  una  nueva  fuerza de tarea compuesta por cerca de 10.000 hombres  para  el  Pacífico  Nariñense.  Las  comunidades  y  organizaciones de la sociedad civil han manifestado que la militarización de los territorios no ha sido una solución  efectiva  para  su  seguridad,  ya  que  los  desplazamientos, amenazas y asesinatos continúan".

El problema adquiere otras dimensiones cuando se analiza el choque evidente que hay entra la política de sustitución y la de erradicación de cultivos que privilegia  la destrucción de cultivos y laboratorios y que ha ocasionado incluso choques con las comunidades. 

"La  masacre  de  sietes  campesinos  en  Tumaco  (Nariño)  en  octubre,  en  medio de una operación de erradicación forzada por parte de la policía antinarcóticos, puso en evidencia el  traslape  de  las  dos  estrategias  en  las  zonas  con cultivos  ilícitos,  así  como  sus  efectos  negativos.  La  
erradicación forzada en las zonas donde se firmaron acuerdos colectivos ha tenido como reacción la protesta social, con comunidades que impiden el ingreso  de  la  Fuerza  Pública,  argumentando  el  incumplimiento de lo pactado".

 

Hay subsidios pero no asistencia técnica

Otra de las falencias detectadas en el informe de la FIP es la ausencia de asistencia alimentaria inmediata, dirigida al auto-sostenimiento y el desarrollo de proyectos de ingreso rápido. Si bien es cierto que el  53%  de  las  familias  vinculadas  al  programa  de  sustitución  comenzó  a  recibir  el  pago  mensual de un millón de pesos por un año - con el compromiso de arrancar las  matas  de  coca  en  los  dos  primeros  meses- existe un reclamo constante de las comunidades que no han recibido la asistencia técnica.

"La brecha entre los primeros pagos y la llegada de la asistencia ha generado incertidumbre en las comunidades, que se encuentran a la espera de implementar los proyectos productivos. La lenta marcha de los distintos componentes del programa podría poner en riesgo el proceso de sustitución, con la deserción de las familias que tomaron la decisión de erradicar voluntariamente. Sin el desarrollo de proyectos, que dependen en buena medida de la capacidad del Estado de conectar estas zonas con los circuitos de comercialización,  la  sustitución  tendrá  un  impacto  marginal en términos de generación de ingresos y empleo", detalla el texto.

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-Redacción Nacional

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Homicidios en zonas con sustitución de cultivos aumentaron en un 33%

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