“Hoy hubiera sido comandante del Ejército”: hijo del general Alfredo Bocanegra

Estuvo en las Fuerzas Especiales, fue Comandante de la única brigada militar de la zona de distensión, profesor, director de la Escuela Militar, entre otros. Murió en 2011 cuando cayó el helicóptero en el que se trasladaba para monitorear un bombardeo.

Santiago Bocanegra junto a las condecoraciones de su papá Alfredo Bocanegra, general del Ejército./ Luis Ángel
Santiago Bocanegra junto a las condecoraciones de su papá Alfredo Bocanegra, general del Ejército./ Luis Ángel

Vine a saber quién era realmente mi papá el día del entierro. Fueron 1.500 asistentes. Desde el presidente y los generales, hasta sus soldados. Creo que su gestión en el Ejército fue impecable y por eso llegaron todas esas personas que sólo me contaban anécdotas memorables y muy bonitas.

Mi papá, Alfredo Bocanegra, general del Ejército, murió en 2011 después de que el helicóptero en el que viajaba se precipitara en la vereda Río Negro, en Norte de Santander. Iba con un piloto, un teniente y un escolta a monitorear unos bombardeos.

Era un tipo muy fresco. Uno piensa en un militar y se imagina a alguien de derecha y estricto. Pero él no era así, por lo menos no en la casa, aunque tenía el espíritu militar y no se daba el lujo de opinar de política, por ejemplo. Le gustaba velar por la integridad de los colombianos y defender el territorio. Era muy sabio, leía mucho. Le encantaba lo que hacía y por eso iba a monitorear bombardeos cuando ese ya no era su trabajo. Pudo haber enviado a alguien más, pero siempre estaba metido en todo.

Sabía que el conflicto en Colombia no iba a acabar con la eliminación del enemigo. Hoy creo que hubiera estado de acuerdo con el proceso de paz. Hoy, estoy seguro, hubiera sido Comandante del Ejército. La gente que lo conocía aseguraba que era el más indicado para ese cargo.

Ingresó a la Escuela Militar a los 15 años. En esa época tenía la mala costumbre de chupar dedo, hasta que lo obligaron a dejarlo. Siempre ocupó los primeros puestos en la escuela. Estuvo en el grupo de los ocho que fueron llamados a general, de los 300 que se graduaron. Pero fue el segundo en morir con el uniforme de general. Tenía un perfil muy completo. Por un lado, estaba siempre en zonas de combate y, por el otro, era profesor y estratega.

Cuando salió de la Escuela Militar se fue a Cúcuta, a Pereira —donde conoció a mi mamá—, a Manizales y luego a Bogotá. Nacimos en Pereira entre 1989 y 1991. Desde el 91 hasta el 99 no estuvo con nosotros sino en las Fuerzas Especiales, luego hizo el curso de lanceros, el de paracaídas y fue instructor. Estuvo en la Móvil 1, en la Móvil 2. Recorrió Guaviare, Meta, Vichada. En la presidencia de Pastrana fue el comandante del Barrancón, en el Guaviare. Era la única brigada militar que había en la zona de distensión.

También fue profesor de estrategia de la Escuela de Guerra y director de la Escuela Militar. Estuvo como agregado militar ante la OEA, en Washington. Fue un año espectacular porque, como pocas veces, tuvo mucho tiempo con nosotros.

Regresamos y lo nombraron zar antidrogas. Lideró la erradicación de cultivos de coca en el gobierno de Álvaro Uribe, en La Macarena. En 2008 lo ascendieron a general de la República y lo mandaron como Comandante de la Quinta Brigada en Bucaramanga. Su gestión fue corta, pero tuvo alto impacto, tanto que cuando muere, sus soldados le hicieron una estatua y el alcalde decretó seis días de luto en la ciudad.

Él nos contaba algunas de sus historias a mi hermano y a mí, pero pedía que le escondiéramos todo a mi mamá. Una vez le tocó aterrizar el helicóptero de emergencia y estaba rodeado de guerrilla. Nos dijo que ese día se alistó para la muerte: se puso el casco, cargó el fusil y preparó a su tropa mientras pedía apoyo. Tuvo muchos accidentes: fue herido en la pierna y en los dos brazos. En un salto de paracaídas se lastimó muchas vértebras y estuvo sostenido con cables durante un largo tiempo. Era un hombre con muchos logros y reconocimientos: Orden del Mérito Militar Antonio Nariño, Orden del Mérito Militar José María Córdova y varias medallas por Público.

Recuerdo que cuando llegaba de permiso nos metíamos a ver tres películas seguidas porque sabíamos que dentro de una semana se acababa el tiempo con papá. Eran 90 días de servicio y 10 de permiso. Mi mamá es una dura porque le tocó criarnos y fuimos jóvenes complicados.

Las cosas tampoco cambiaron mucho después de que murió. Lo diferente es que nos unimos más con mamá. Él era el catalizador y como no está, pues debemos enfrentar las situaciones con ella directamente. Ya no hay alguien que abogue por nosotros. Ahora pienso que se perdió de mi graduación de la universidad, del nacimiento de mi hija y tampoco se enteró que mi hermano cambió de carrera y estudia para ser piloto.

Extraño sus abrazos y poderle decir que lo amo. No haberle presentado a mi hija ni mostrarle en lo que me he convertido, un emprendedor. Quisiera conocer su opinión sobre lo que pasa en Colombia, estoy seguro que me dejaría boquiabierto, no existía un papá más sensato e inteligente. Nunca le pregunté cómo quería morir, pero sus amigos dicen que lo hizo con su uniforme y con honor. Yo creo que murió en su ley y por lo que le gustaba hacer.