Travesía de un apátrida que vive en Colombia

Huellas sin identidad: cómo es nacer sin ser reconocido por un país

Según su pasaporte falso, Bekoo tiene 24 años. Nacido en Arabia Saudita, un país que no otorga nacionalidad por nacimiento, hace parte de los más de 10 millones de apátridas que hay en el mundo. En Colombia, hay cerca de 20 mil personas en riesgo de apatridia.

Según Acnur, en 2017 había más de 70.000 apátridas en Arabia Saudita. En Colombia, hay 20 mil personas en riesgo.Foto de referencia Getty

Nombre: Bekoo. Apellido: desconocido. Fecha de nacimiento: desconocida. Edad: desconocida. Bekoo mide 1,80, es de piel negra y contextura delgada. Solo tiene certeza de algo: que nació en Arabia Saudita.

Con 23 o 24 años que cree tener, Bekoo no hace parte del censo poblacional de su país ni tiene un documento de identidad que pruebe su existencia. Tampoco conoció a su familia. Debido a su condición de bidoon (“apátrida” en árabe), nunca ha pisado un hospital y su acceso a la educación ha sido casi nulo. Sin embargo, ha vivido en Arabia Saudí, Catar, Ecuador y, desde hace un año, en Colombia.

Según la Convención sobre el Estatuto de las Personas Apátridas (1954) de Naciones Unidas, una persona es considerada apátrida cuando ningún país la reconoce como nacional y, por lo tanto, no goza de sus derechos fundamentales.

En Colombia una persona sólo puede ser nacional por nacimiento (que uno de los padres sea colombiano y tenga domicilio en el país) o por adopción (el Gobierno otorga a los extranjeros la nacionalidad colombiana por adopción a través de Carta de Naturaleza o de Resolución de Inscripción).

Bekoo creció en Makkah (La Meca), una de las ciudades más importantes y religiosas de la península arábiga. Allí nació Mahoma, fundador del islam en el año 622 d. C. Durante sus primeros diez años creció con otros 25 niños en una casa de dos pisos con seis habitaciones, tres baños, un patio, una bodega y mucha suciedad. Lo recuerda como un hogar pequeño. Las puertas de cada cuarto eran muy cercanas entre sí.

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Él y los otros menores eran forzados a trabajar en semáforos, supermercados y calles para sobrevivir, pero el dinero que ganaban era recogido por hombres desconocidos que visitaban la residencia una vez a la semana. En un país tan apegado a sus normas y creencias, que prohíbe beber, fumar o hablar con mujeres que no sean miembros de la familia, esto era ilegal. “Siempre fui problemático, no estaba de acuerdo con lo que me tocaba hacer. Cuando tenía la oportunidad, gritaba la dirección de la casa para que alguien me ayudara y se dieran cuenta de lo que pasaba”, dijo. Pero esa ayuda nunca llegó. Por el contrario, su rebeldía le costó varios golpes, persecuciones y castigos. Los pocos policías que conoció fueron violentos con él y cómplices con los explotadores.

Además de sus amigos, Bekoo vivía con cinco mujeres (también apátridas) que se encargaban de cuidarlos. “Las mujeres malas eran más que las buenas”, recuerda. Halima era la excepción. Bekoo nació sin madre, pero ella fue lo más cercano que estuvo de una. A hurtadillas le daba comida cuando lo castigaban, era su defensora cuando querían agredirlo y quien lo sanaba cuando se enfermaba. Perdió su contacto en 2015, antes de abandonar el país por segunda vez.

La primera vez fue gracias al fútbol. A la ciudad de Riad, capital de Arabia, en donde vivió desde 2006 con una mujer que lo obligó a ejercer la prostitución (Bekoo evade la conversación), de vez en cuando llegaban militares que reclutaban muchachos para que jugaran en Catar (país vecino de Arabia Saudita). En el verano de 2010, Bekoo probó su suerte y fue elegido por los delegados. Solo había un problema: como apátrida, no podía salir de Arabia Saudita sin documentación.

Con un pasaporte falso de la República de Níger (país de África occidental) facilitado por los encargados del equipo de fútbol, Bekoo fue bautizado como Aboubacar Soumana Abdoulaye, nacido el 1° de enero de 1995. En 2012, con 17 años, llegó a Doha, capital de Catar, en donde pateó la pelota y corrió por sus canchas verdes hasta junio del año siguiente. “Esos fueron los mejores años de mi vida”, dice.

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La posibilidad de ser contratado como jugador y de tener una nacionalidad se esfumaron cuando el presidente del equipo fue arrestado por corrupción y por llevar jugadores de diferentes países sin documentación legal. Bekoo se vio obligado a regresar a Arabia, pues dice que en Doha la ley era más estricta. Si descubrían su pasaporte falso sería llevado a África o, en el peor de los casos, sería asesinado.

De vuelta en Riad fue repartidor de correspondencia para la compañía FedEx por otros dos años, hasta que su pasaporte expiró. El dinero que ganaba fue suficiente para permitirse tener un apartamento y un auto propios, pero en enero de 2015, cuando en las calles se escuchó la proclama: “¡El rey Abdullah ha muerto!”, todo cambió.

Salmán bin Abdulaziz, el medio hermano del difunto rey, tomó su lugar. Sin embargo, al sufrir de alzhéimer no puede ejercer su cargo con plenitud, por lo que a su hijo, Mohamed bin Salmán, “el príncipe moderno”, se le conoce también como “el poder detrás de su padre”.

Bekoo asegura que, con la muerte de Abdullah, la política y las leyes del país cambiaron. Por una “limpieza social de extranjeros”, decidió huir a Ecuador. Por medio de gestores de trámites que les pagaron a funcionarios gubernamentales para que saliera del país árabe sin necesidad de presentar documentos de identificación, el 5 de julio de 2015 Bekoo caminó sin ser percibido por los pasillos del aeropuerto internacional King Khalid y tomó un vuelo de 28 horas hasta Quito.

Su estancia allí duró solo dos años, pues Bekoo demandó a un hombre por estafa y tuvo que abandonar el país. Llegó a Colombia por carretera el 28 de enero de 2018. Aquí conoció la opción de ser refugiado, que es cuando un país protege a una persona que es perseguida. Bekoo vive en Medellín, en donde espera una respuesta de la Cancillería a su solicitud. Dice que su próximo destino, en caso de no encontrar ayuda, es Canadá.

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2019-09-24T11:31:59-05:00

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Daniela Vargas / [email protected]

Nacional

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