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Hoy es el Día Internacional de los Pueblos Indígenas
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Identidades en vía de extinción

De los 102 pueblos reconocidos en Colombia, 68 mantienen su lengua nativa y 67 están en riesgo físico y cultural. La evangelización y el conflicto armado son algunos de los factores extralingüísticos que influyen en la vulnerabilidad de su idiosincrasia.

Según datos oficiales, el 4 % de la población colombiana es indígena. En la foto: niños de la comunidad wayuu.Óscar Pérez - El Espectador

Las comunidades indígenas han habitado en las zonas rurales de más difícil acceso en el país y han construido su identidad y cosmogonía a partir de los mismos territorios. Según cifras de la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC), los departamentos con mayor número de comunidades es La Guajira, con 4.599; Cauca, con 1.276; Nariño, con 919; Chocó, con 479, y Córdoba, con 391.

La mayoría de esas comunidades están en riesgo de exterminio a causa de factores como el conflicto armado, desplazamiento forzado, occidentalización y falta de garantías por parte del Gobierno para la conservación de su cultura. Un ejemplo de ello es que casi la mitad de los pueblos perdieron su lengua nativa —solo 68 la conservan— y la mayoría denuncia que desde niños son obligados a hablar español.

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En 2018 más de 31 líderes indígenas fueron asesinados por defender su territorio y los derechos de sus comunidades, 1.087 fueron confinados diariamente, 288 fueron desplazados cada mes y cada día amenazaban a un indígena, según la Organización de los Pueblos Indígenas de la Amazonia Colombiana (Opiac). A propósito del Día Internacional de los Pueblos Indígenas, El Espectador habló con tres de sus representantes, sobre los retos que las transformaciones culturales y sociales implican para las comunidades.

El primero es Luis Fuenmayor Epieyuu, comunicador indígena wayuu. El segundo es Gustavo Ulcué Campo, realizador audiovisual. El último es Robinson López, vocero de la Organización Nacional de los Pueblos Indígenas de la Amazonía Colombiana (Opiac).

Wayuu

Para los wayuus no existe una figura de adoración, ni tienen una ritualidad específica para alguna deidad. “Se podría considerar que nuestros dioses son los elementos que nos rodean. Algunos indígenas lo llaman la Pachamama (madre tierra), para nosotros es Mma (tierra), que más allá de ser un elemento, también es nuestra madre y quien provee el sustento diario”, explica Fuenmayor.

Las recolecciones, como la de los frutos silvestres, están en vía de extinción, pues son muy pocas las familias que las practican. Actualmente, desarrollan actividades como la agricultura y la ganadería. Sin embargo, “esto no se lo debemos a los españoles. Fue una lucha contra ellos para conservarlas. Nuestra comunidad las consiguió tras las negociaciones con piratas holandeses y cimarrones”, explica. El territorio de esta comunidad comprende toda la península de La Guajira hasta el lago de Maracaibo, sectores aledaños a la Sierra Nevada de Santa Marta y la Serranía de Perijá (Cabo de la Vela), denominada “Jepira”. Este último es un sitio sagrado que está asociado al recorrido final que hacen los espíritus hacia el fondo del mar y es denominado “la tierra de los guajiros muertos”.

En el censo de 2005, el DANE reportó 270.413 personas que se re conocieron como wayuus. El 48,88 % fueron hombres (132.180) y el 51,12 % mujeres (138.233). Esta cifra posicionó a la comunidad indígena como la de mayor cantidad de población del país, seguida por los nasas, zenús y emberas. Los wayuus representaban, en ese entonces, el 19,42 % de la población indígena de Colombia, según cifras del Ministerio del Interior.

Con el pasar de los años, el pueblo wayuu ha ido adoptando algunas de las costumbres occidentales como suyas como, por ejemplo, los cumpleaños y los novenarios por los muertos.

Costumbres como el matrimonio por acuerdo entre familias y el proceso de purificación de la mujer cuando esta se desarrolla no continuarán, pues violan sus derechos fundamentales. No obstante, las expresiones artísticas perdurarán porque no son estáticas, a medida que cada generación va naciendo le va agregando algo, “no muere sino que evoluciona”, finaliza.

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Nasa

La cuna del pueblo nasa, conocido hace 25 años como el pueblo paez —que era utilizado como un término despectivo—, se sitúa en el Cauca y se expande al Valle, Huila y Tolima. Sin embargo, por el conflicto armado, algunos resguardos han llegado al Putumayo, Caquetá y Casanare.

Su lengua nativa es la nasa (persona) yuwe (palabra). Según las leyendas, los espíritus llamaban al pueblo “nas nasa”, que significaba la armonía con la naturaleza, pero con el tiempo el término fue separado y no será devuelto hasta que estén en total equilibrio con el universo. Se caracterizan por el uso de capisayos, ruanas y mochilas, y su forma de vida se basa especialmente en la agricultura.

La forma de organización original de los nasas consistía en el ukawe’sx, que significa “gobierno y autoridad”, y su representante era el ne’jwe’sx o gobernador. En la parte espiritual estaban los the wala o médicos ancestrales, que hoy son conocidos como los kiwe thë. Sin embargo, con la llegada del catolicismo, ese orden fue alterado y ahora la mayoría de pueblos se organizan en cabildos que tienen un gobernador, alguacil, capitán y un comisario. Todas palabras occidentales.

“A diferencia de otros pueblos que utilizan el yagé como medio de conexión espiritual, nosotros tenemos muchas plantas medicinales. Entre ellas está la hoja de coca, que es la principal y la que nos da la palabra bonita, el yuwe uth. A medida que vamos mambeando, sentimos vibraciones en la piel, lo que llamamos ‘señas’, que son los mensajes de los espíritus”, explica Ulcué Campo, perteneciente al resguardo Canoas.

El pueblo indígena nasa fue uno de los fundadores en los procesos organizativos de los indígenas en Colombia. “La primera organización indígena que se creó fue el Consejo Regional Indígena del Norte del Cauca (CRIC), y a partir de allí estos líderes se fueron a otros territorios a ayudar a fundar más grupos como la ONIC”, agrega.

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Inga

De acuerdo con el censo de 2005, en Colombia había 15.450 indígenas ingas. El 62,4 % está ubicado en Putumayo, le sigue Nariño con 16,6 % y Cauca con 4,4 %. Son descendientes de los incas del Perú y su lengua nativa es el inga. La comunidad se caracteriza por ser comercial y turista.

En la actualidad, los principales problemas a los que se enfrentan los ingas están relacionados con minería ilegal, explotación de hidrocarburos, tala indiscriminada de árboles, conflicto armado, despojo territorial y asesinato a líderes sociales.

“Estas amenazas afectan la cultura, el buen vivir y los sistemas de conocimiento tradicional. Los pueblos indígenas tenemos una relación espiritual con el territorio y están acabando con nosotros”, por la explotación de hidrocarburos y minería ilegal. Además, hay bandas criminales al servicio del narcotráfico que operan y estafan en la región”, dijo López.

Han logrado sobrevivir al exterminio mediante la práctica ancestral y milenaria de la chagra, que es el sitio donde está el alimento y sustento. También, gracias al yagé, pues a través de él entran en conexión con los tres mundos: el de abajo que es el espiritual, el del centro que es el presente y el de arriba que es el cosmos.

“El yagé es el remedio que nos ha dejado Indi (Sol) para conectarnos con él. Por medio de una pinta (una visión), él nos muestra que la naturaleza es un sistema y que la cultura va ligada a ella. Al conectarnos tenemos claridad de todo lo que hay en el territorio y conocemos los problemas de los otros pueblos indígenas”, explica. El método de conocimiento está desarmonizándose debido a las distintas amenazas que los afligen. Sin embargo, hacen lo posible para prevenir que suceda. En el pueblo inga del Putumayo, en el municipio de Villa Garzón, hay una escuela que se llama Camino Grande, que a su vez acopla varios centros educativos. Pese a los problemas que tienen, se han mantenido gracias a sus costumbres, que son transmitidas de generación en generación por medio de la oralidad.

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Conservación y pérdida de la lengua

La pérdida de la lengua no solo implica su extinción, sino que supone un riesgo para los territorios, pues son los indígenas los que se han encargado de su cuidado durante décadas.

“Cuando se pierde una lengua se pierde una idiosincrasia y un conocimiento sobre el saber del mundo y la naturaleza, lo que llevaría a un uso inadecuado del territorio”, explica a El Espectador Johnatan Bonilla, investigador en lingüística del Instituto Caro y Cuervo.

Según Bonilla, desde la época de la Conquista española hasta la fecha se ha documentado la pérdida de casi 100 lenguas en Colombia. Debido a las situaciones de riesgo que enfrentan, como el desplazamiento forzado, los pueblos se han aislado a lugares de difícil acceso. Las zonas donde hay más lenguas indígenas son Vaupés y Amazonas, con aproximadamente 30.

Si hablamos de familias lingüísticas, la tukano es la más grande, con unas 23 lenguas. Sin embargo, hay otras que han ido desapareciendo como la caribe, que en la actualidad solo cuenta con dos: el karijona y el yukpa. De la familia chibcha persisten cuatro pueblos que se ubican en la Sierra Nevada de Santa Marta: los wuiwas, que hablan damana; los arhuacos, que hablan ikun; los koguis, que hablan koiquian; y los kankuamos, que perdieron su lengua y ahora hablan español. La desaparición de la lengua puede ser provocada por factores como la evangelización. El investigador explica que conceptos e ideologías cristianas y católicas fueron introducidos a la fuerza en las comunidades, causando una mezcla de culturas y la pérdida de las creencias originales.

Si hablamos de familias lingüísticas, la Tukano es la más grande, con unas 23 lenguas. Sin embargo, hay otras que han ido desapareciendo como la Caribe, que en la actualidad solo cuenta con dos: el karijona y el yukpa. De la familia Chibcha persisten cuatro pueblos que se ubican en la Sierra Nevada de Santa Marta: los wuiwas, que hablan damana; los arhuacos, que hablan icun; los coguis, que hablan coiquian; y los cancuamos, que perdieron su lengua y ahora hablan español. 

La desaparición de la lengua puede ser provocada por factores como la evangelización. El investigador explica que conceptos e ideologías cristianas y católicas fueron introducidos a la fuerza en las comunidades, causando una mezcla de culturas y la pérdida de las creencias originales. 

En 2010 apareció la Ley 1381, conocida como la Ley de Lenguas, que propone que cada cinco años el Gobierno haga un diagnóstico del estado y desarrollo de las lenguas nativas en Colombia. Esta se encarga de proteger y fortalecerlas, exige que si un indígena tiene algún problema judicial, podrá acceder a un intérprete para enfrentarse al caso. Asimismo, dicta que el Estado está en la obligación de traducir todos los materiales que se consideren pertinentes para los indígenas a sus lenguas originarias. “Esto es algo muy difícil porque, a diferencia de otros países, en Colombia no tenemos una lengua franca”, agrega.

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2019-08-08T16:51:19-05:00

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- Redacción Nacional

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