Indignación en Santa Marta por asesinato de líder indígena

El pasado martes fue baleado Jacinto Sauna, hijo del gobernador de la etnia Kogui. El crimen se suma al de otros dos estudiantes universitarios.

La tragedia no deja de enlutar a los pueblos indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta. A la muerte de 11 wiwas tras la caída de un rayo y al deceso de seis arhuacos, que quedaron sepultados por un alud, se suma el asesinato de Jacinto Sauna, el hijo mayor del cabildo gobernador José de los Santos Sauna, líder de la etnia Kogui y destacado representante de su casta. Jacinto, de 21 años, fue baleado en su casa de Santa Marta el pasado martes, horas después de haber llegado de la vereda Santa Clara, donde arribó con su padre para hacer trabajo de campo. Su interés por la preservación de la naturaleza lo impulsó a estudiar ingeniería ambiental y sanitaria en la Universidad del Magdalena, en la que cursaba primer semestre. Siguiendo los pasos del gobernador, se había convertido en un líder de la comunidad.

Por eso, su muerte violenta es un golpe certero al corazón de los Kogui. El gobernador, con voz pausada, dice que el crimen lo ha silenciado: “Esto que pasó me cierra la visión, me aparta de mi objetivo. No tengo palabras para hablar con la comunidad; me han puesto una venda, porque me quitaron a un hijo, a un ser que hacía parte de nuestra herencia y del sistema que nos permite garantizar nuestra cultura”. Además, asegura que no tiene idea de quién pudo cometer el crimen, pero que le duele la inseguridad de Santa Marta, que hoy ocupa el lugar número 29 entre las ciudades más peligrosas del mundo. En igual sentido se pronunció la Universidad del Magdalena, que expresó su repudio y señaló que “Santa Marta atraviesa días difíciles y sin duda el respeto por la vida y los derechos humanos están seriamente vulnerados”.

Y es que, en los últimos días, otros dos estudiantes de esa universidad fueron asesinados, por lo que cientos de jóvenes se volcaron a las calles para exigir justicia. Según el abogado Édward Álvarez, experto en temas indígenas y de Derechos Humanos, “mucha gente calla lo que está pasando en la ciudad. Las bandas criminales tienen sometida a la población y las autoridades están de manos cruzadas. Existen disputas por el territorio y no hay quién alce la voz, porque al que diga algo lo matan”. En ese escenario, y para tratar de conjurar la impunidad, los Kogui permitieron que se le practicara la necropsia a Jacinto, un procedimiento que suele estar proscrito por ser ajeno a su cultura.

En un comunicado, los pueblos indígenas de la Sierra expresaron una “fuerte preocupación por la situación que vive la sociedad samaria, la cual rompe nuestras esperanzas. Cuestionamos la inseguridad en la que se encuentra sumida la ciudad, que hoy nos afecta con este cruel asesinato”. Y agregaron: “esperamos que este no quede impune, como los homicidios de los líderes Napoleón Torres, Ángel María Torres y Huges Chaparro, pues ya cursan 22 años sin que se hayan aclarado los hechos ni aplicado justicia”. Igualmente, la Unidad de Víctimas manifestó que “estos hechos de violencia tienen graves afectaciones” para los Kogui.

Mientras las autoridades avanzan en la investigación, el rector de la universidad citó a una sesión extraordinaria del Consejo Superior, a la par que el gobernador del Magdalena, Luis Miguel Cotes, convocó a un consejo extraordinario de seguridad. José de los Santos, por su parte, partió a la Sierra para enterrar a su hijo “en el lugar donde están sus ancestros”, en compañía de otros líderes. Según él, Jacinto “quería diseñar unas políticas públicas indígenas sobre medio ambiente y crecer como guardián de las montañas, la flora y la fauna. Yo voy a seguir en la lucha, defendiendo sus propuestas y las de mi pueblo”, puntualizó el padre de la víctima.  

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