Hacia la integración de la Colombia rural y la urbana

En 37 años el 75% de la población mundial vivirá en las ciudades.

Las ciudades se han volcado hacia el desarrollo de mecanismos sostenibles que garanticen calidad de vida en el futuro./ 123rf

Se estima que para 2050 el mundo habrá alcanzado los 9 mil millones de habitantes, 75% de los cuales vivirán en las ciudades. Ante estas cifras, edificios bioclimáticos, sistemas de transporte eléctricos, techos verdes y procesos de transformación de desechos buscan reducir los efectos del aumento de la población en las urbes del futuro.

En la última edición de la Exposición Internacional de la Construcción (IBA) en Hamburgo, por ejemplo, se inauguró la primera casa con fachada de algas que almacenan el calor y lo reutilizan para generar agua caliente. Bogotá, por su parte, ganó el premio mundial de Liderazgo Climático y Ciudad en la categoría de Transporte Urbano por sus sistemas de taxis eléctricos y Transmilenio, que ha reducido más de 350 mil toneladas de CO2 al año.

Junto con Melbourne, Copenhague, Ciudad de México, Múnich, Río de Janeiro, Nueva York, San Francisco, Singapur y Tokio, la capital colombiana se distinguió por el desarrollo de iniciativas sostenibles. Otras ciudades como Barranquilla, Manizales, Bucaramanga y Pereira, vinculadas al Plan de Acción de Ciudades Sostenibles del Banco Interamericano de Desarrollo, caminan por esta senda y cuentan con el apoyo de esta entidad para lograrlo.

Sin embargo, el campo también debe ser integrado a este concepto. Según Gustavo Wilches Chaux, abogado ambientalista, “lo urbano tiene que ser capaz de establecer relaciones de reciprocidad, de equidad y solidaridad con lo rural”. Pero al hacer un balance entre lo que la ciudad recibe del campo y lo que ésta le devuelve se evidencia una relación de parasitismo. Sólo una de las partes se beneficia y generalmente termina por ocasionar el deterioro y hasta la destrucción de la otra.

La tierra brinda los recursos, mientras que las ciudades generan para el campo contaminación, sacrificando suelos de vocación agrícola. Por lo tanto, estas últimas, advierte Wilches, sólo serán sostenibles cuando haya calidad de vida para la Colombia campesina y se logren armonizar sus dinámicas con las del territorio sobre el que están asentadas.

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