La ira tras el volante mata

El programa periodístico ‘Séptimo Día’ revela hoy una investigación hecha en las calles de diferentes ciudades del país, en un intento por entender la patología que afecta a conductores y que casi siempre es sinónimo de violencia.

Esta semana cuatro personas murieron en este accidente, causado en Bogotá por locos al volante. / Cortesía Bomberos

Una camioneta busca entrar a la congestionada calle 100, en el norte de Bogotá. Es una 4x4 negra. Su conductor, que está distraído hablando por celular, se lanza a la selva ardiente que es esta vía a las 4 de tarde. Esquiva a un primer automóvil, pero en la maniobra termina golpeando la defensa y el stop delantero de otro.

El conductor de la camioneta se llama Michael y, después de que se percata de que acaba de chocar al automóvil, se detiene ya en la calle 100 con carrera 11. Isaac maneja el automóvil. Se baja, mira su carro chocado y sin mediar palabra le siembra un puñetazo en el pómulo izquierdo a Michael, que sorprendido intenta defenderse.

“Estaba hablando por teléfono, ¿cierto?”, les pregunta Isaac a los transeúntes, queriendo justificar su golpe. Agrega al ser preguntado sobre los motivos de su reacción: “Este señor arrolla a otra persona con su gran camioneta, y estaba hablando por celular”.

Varios expertos han buscado agrupar estos comportamientos bajo la categoría de intolerancia. Otros estudios de la Policía de Tránsito lo relacionan con el estrés. Al ser cuestionado del porqué de su puñetazo, Isaac atinó a decir: “Tuve un momento de ira”.

Los expertos en movilidad, psicólogos y exalcaldes que piensan que esto no es sólo por el tráfico, le dijeron al programa Séptimo Día, de Caracol Televisión, que el comportamiento de los colombianos tras el volante corresponde a una patología basada en el desborde emocional de la ira.

El martes 19 de agosto, Gerardo Herrera Díaz, un bumangués de 22 años, salió en su camión a transportar alimentos en Floridablanca, en Santander. Cuando iba de regreso a Bucaramanga, el conductor de un camión repartidor de gaseosas invadió su carril después de hacer un retorno.

“Si no freno en seco me mato. Les hice el reclamo, que si no me había visto, que por qué no hacía el pare, y ellos me dicen, entonces qué, va que se caga, cuál es el problema, el problema es suyo si usted no frena, usted es el que se mata, fue lo único que me dijeron”, asegura Gerardo.

El camión lo conducía Raúl Jurado y el copiloto era Diego Orlando Jurado, su hermano de 22 años. Ellos se bajaron y discutieron con Gerardo. “Yo sentí ira porque están agrediéndome a mí, están agrediendo mi integridad. Pudieron haberme hecho estrellar (...) Me pasó un corrientazo, me sentí como un frío por dentro. Y me agité mucho, claro, uno cuando está en un momento de rabia la sangre herve, empieza a sentir mucha adrenalina en el cuerpo”, asegura Gerardo.

Los tres se tranzaron en una discusión. Gerardo dice que decidió seguir su camino “para evitar problemas”. Pero 20 minutos después él se volvió a encontrar a sus rivales en una estación de servicio. “Me sacaron una navaja y me decían venga bailamos. Yo saqué un cuchillo de cocina que llevaba en la cintura”, cuenta el joven conductor.

Hubo una riña. Gerardo hirió con el cuchillo a Diego Orlando Jurado, quien fue llevado a un hospital donde minutos después murió por la puñalada. “He pensado que debí haberme dejado agredir, no sacar en ese momento el cuchillo, pudiera haber estado en una clínica, en otra situación —se arrepiente entre lágrimas Gerardo—, pero no en esta en la que me encuentro ahorita”.

Gerardo Herrera Díaz está hoy recluido en la cárcel Modelo de Bucaramanga acusado del homicidio de Diego Jurado. ¿Qué pasó en el cuerpo de este joven? ¿Por qué reaccionó de forma tan violenta? “Digamos que el lío de la rabia es que uno responde con rabia a la rabia”, afirma el exalcalde de Bogotá y excandidato presidencial Antanas Mockus.

El exalcalde, desde su Corporación Visionarios, lideró un estudio publicado este año, que arrojó que los conductores en el país salen a manejar con dos sentimientos que priman: ira y miedo. La Policía de Tránsito de Bogotá le dijo a este programa que si bien no puede medir cada pelea y cada herido por ira en la capital, “los niveles de intolerancia entre conductores son cada vez más altos”.

“A uno lo estrella alguien, entonces se baja uno como tranquilo, pero el que lo estrelló a uno empieza a insultarlo, es como buscar casar una pelea, es como subirse uno mismo las emociones para no reconocer lo que tiene que reconocer, que el error fue de él”, dice Mockus.

El gráfico que ofrece Mockus para explicar la ira es como si el cerebro fuese un canasto que todos los días se surte del mismo mercado: gritos, insultos, cerradas, caos, injusticias, falta de civismo. Es entre todos, peatones, motociclistas y conductores. El resultado es un explosivo magma que cada persona gesta en su mente. En algún momento el volcán interior va a explotar.

Si bien los trancones son el principal detonante de la ira —según Fedesarrollo Colombia, prácticamente duplicó su parque automotor y de motocicletas— y la estancada infraestructura vial de ciudades como Bogotá, el principal motor de este problema, es el individualismo y egoísmo en las calles.

“Yo no logro pensar cuando estoy al volante que la persona que está a mi lado no me cerró de malo, sino que se equivocó. De una reaccionó a la defensiva, casi que voy en un estado permanente de agresión en el tránsito y simplemente estoy esperando inconscientemente el detonante, ya sea un semáforo, un cierre, un hueco, cualquier cosa puede generar ese acto de violencia”, apunta Fernando Rojas, experto en movilidad.

Gerardo Herrera se arrepiente desde una cárcel no poder controlarla. Isaac, además de pagar un comparendo, piensa cómo defenderse de una demanda que Michael, el conductor de la camioneta que lo chocó, aseguró que le impondrá. Esos ejemplos le servirán para tomar todas las medidas para que su ira no se vuelva un problema al volante.


* Periodista de ‘Séptimo Día’.

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