Jaime Garzón, visto por sus hermanos

El 13 de agosto de 1999 el periodista y humorista fue asesinado por sicarios en hechos que aún no han sido esclarecidos. Sus familiares lo recuerdan con cariño pero el caso continúa en la impunidad.

Tal era el cariño que la gente le tenía a Jaime Garzón Forero, que el puente peatonal de la calle 122 con Autopista Norte colapsó el 14 de agosto de 1999 -un día después de su asesinato-. Cuando una multitud se agolpó para ver pasar el cortejo fúnebre, despedirlo como ameritaba y clamar justicia. El país estaba conmocionado.  (Vea: El asesinato de Jaime Garzón, el capítulo impune del bloque Capital de los 'paras')

Cinco impactos de bala, propinados por dos sicarios que se movilizaba en una moto, habían acabado con la vida de uno de los personajes más queridos por los colombianos. Su familia, que desde entonces ha luchado para impedir que el homicidio quede en la impunidad, nunca pude reponerse de la pérdida de Jaime.

Desde que fue asesinado, su madre, Daisy Forero, no volvió a salir de la casa. La muerte la sorprendió hace siete años confinada en aquella vivienda del barrio San Diego, recordando a 'El gordito', como lo llamaba cariñosamente. "En la casa era el que tenía más problemas con mi mamá, era difícil de controlar pero a la vez era un niño brillante", recuerda su hermano Alfredo.

Y es que ante la ausencia de una figura paterna -Félix María Garzón, su padre, había fallecido cuando Jaime tenía siete años- a Daisy Forero le tocó fungir de padre y madre a la vez. Fue ella, caracterizada por su humor agudo, quien incentivo en Jaime y sus dos hermanos (Marisol y Alfredo) el buen hábito de la lectura. Alfredo recuerda que su madre los ponía a leer noticias y columnas de opinión en el periódico El Espectador para que siempre estuvieran enterados de lo que pasaba en el país. "Creció en ese ambiente en el que la crítica es bien vista y eso produjo su forma de ser", asegura Alfredo.

También desde las épocas de la niñez Jaime Garzón comenzó a dar muestras de su inigualable ingenio. Su hermana Marisol rememora con nostalgia aquellos viajes a Honda, municipio tolimense de donde es oriunda la familia materna, que Jaime disfrutaba de principio a fin. "Me acuerdo que una vez Jaime echó murciélagos dentro de un costal dizque porque los estaba coleccionado, era muy inquieto".

Siendo muy joven, Jaime Garzón mostró interés por la política y la pedagogía. Recordado por sus comentarios directos y su participación en programas como 'Zoociedad' y 'Quac el noticero', donde representaba a personajes como 'Godofredo Cínico Caspa', 'Dioselina Tibaná', 'Néstor Elí, el celador del Edificio Colombia' y muchos más, que no eran más que perfiles comunes de la sociedad colombiana. "Hizo pedagogía con el humor", relata su hermana menor al afirmar que "mediante un don que Dios le dio, le abrió los ojos a los colombianos".

Y quizás esa es una de las facetas que menos conoce la opinión pública. Garzón estudió en una Escuela Normal y se preparó para ser maestro. Según cuenta Alfredo, le apasionaba enseñar, por lo que "se ingeniaba maneras divertidas para crear ambientes educativos seguros, porque le encantaban los niños".

Como educador, Jaime conoció historias de niños de escasos recursos y quiso hacer algo por ellos. Eso, junto con la educación que le impartió su mamá, fue la combinación ideal para acercarse al Seminario Menor cuando apenas terminaba el bachillerato y así convertirse en sacerdote. La iniciativa no duró mucho. A Jaime lo echaron del Seminario luego de que, haciéndose pasar por uno de los curas del lugar, ordenara a la cocinera servirle doble desayuno. La imitación de voces y sonidos, asegura Marisol, era uno de los grandes talentos que desde pequeño tuvo Jaime Garzón.

Con el paso de los años fue desarrollando otro tipo de cualidades. Siempre tuvo mucho éxito conquistando mujeres y era común que se hablara de sus supuestos romances con mujeres como Flora Martínez o Margarita Rosa de Francisco. Fue algo que a Alfredo siempre le causó curiosidad pues Jaime no era precisamente un galán: "Me imagino que a las mujeres les gustan los hombres divertidos, que las hagan reír y que tengan poder. Jaime tenía todo eso; el poder del humor, de la palabra y además era inteligente".

Ese humor desparpajado que tanto amaban las mujeres, molestaba en ocasiones a su hermana Marisol. Para ella a Jaime le faltaba seriedad. "Hablar con él era un camello, cuando hablábamos de algo serio o importante, como la salud de mi mamacita, siempre terminábamos riéndonos y nunca concretábamos algo. Yo era su público todo el tiempo pero también me preocupaba que no asumiera ciertas cosas".


*El día de la tragedia

Aquel 13 de agosto, mientras conducía en su Jeep Cherokee Gris hacia Radionet, la emisora donde trabajaba en ese momento, dos sicarios que se movilizaban en una motocicleta de alto cilindraje, con la placa cubierta, le dispararon a pocos metros de su destino. Sus propios colegas emitieron la noticia y las reacciones no se hicieron esperar.


Alfredo, quien para la época vivía en Nueva York, sintió que el mundo se le venía encima cuando se enteró de la noticia. "Recibí una llamada y me contaron que habían atentado contra Jaime. Lo primero que pregunté era que si estaba vivo. Viajé ese mismo día y cuando fui a la Plaza de Bolívar había una fila de dos horas para ver el féretro".

A Marisol le cuesta profundizar sobre esa trágica mañana. Lo único que asegura al respecto es que desde ese día la vida le cambió totalmente. Creó la emisora Banca del Parque Radio, en la que, a través de programas de tertulia, mantienen viva la memoria del humorista. También sacó un libro titulado 'Jaime Garzón, mi hermano del alma', hecho sin presupuesto y comercializado por ella misma, que contiene voces de amigos y familiares que compartieron con él durante años.

El crimen de Jaime Garzón, el pedagogo que enseñaba a niños y adultos, el periodista que trabajó en radio y televisión, el actor natural que se disfrazaba y cambiaba su voz para criticar la clase política del país, aún está en la impunidad.

Tanto para Alfredo como para Marisol, quince años no han sido fáciles. Lo extrañan y lo sienten con ellos pero piden justicia."Eso es lo que más nos duele a nosotros como familia, que prácticamente no ha pasado nada con el caso", señala ella.

 

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