Jay Rodríguez, el hijo pródigo de la Arenosa

El saxofonista, multivientista y compositor volvió de visita a Barranquilla tras muchos años de éxitos en EE.UU.

Tenía tres años, la edad que tiene ahora su hijo, cuando salió del barrio El Carmen de Barranquilla a la ciudad de Nueva York. Volver significa ahora el redescubrimiento de una cantidad de información encriptada en la memoria, que empieza a salir al contacto con la tierra y con la gente. El grito de las vendedoras de cocadas en las calles, el color del sonido de una flauta de millo e incluso los ritmos, que a pesar de sonar como una melodía muy antigua y casi olvidada en la memoria empiezan a tener nombres: la cumbia, el mapalé, la gaita, todos escondidos en el inconsciente y que hasta lo asombran a él mismo al descubrirlos dentro. Jay Rodríguez decidió viajar a su ciudad de origen para homenajear a su padre, recientemente fallecido, y saldar una vieja deuda con sus raíces.

De manera desprevenida, el saxofonista, multivientista y compositor va haciendo un rápido recorrido por las historias de su carrera musical, en las que iban saliendo nombres de grandes artistas a quienes ha acompañado, como Gil Evans, pianista, compositor y arreglista que trabajó intensamente con Miles Davis, con quien Jay también compartió varias veces en jam sessions; Prince, Tito Puente, Eddie Palmieri, Chucho Valdés, Ray Barreto, James Brown, Henry Fiol y otra lista igual de sorprendente y casi interminable, que testifica que su talento no es para nada gratuito y que su concepto de la música es abierto y abarcador.

Empezó tocando clarinete bajo la instrucción del maestro Tito D’Rivera, padre del famoso Paquito D’Rivera, cuando tenía apenas 10 años, y aunque lo hacía llorar muchas veces, le enseñó, cuenta Jay, lecciones invaluables para su carrera. “Y si no iba a las clases, a pesar de que me las daba gratis, él me buscaba en mi casa, porque él ya tenía 79 años y quería darme eso. Él vio un talento en mí; vio más cosas en mí que yo”. De ahí logró el nivel para ir a su primer jam session en Harlem e involucrarse después con la escena salsera underground de Nueva York.

Cuando tenía 20 años y después de haber respirado el mismo aire que Miles en un momento de gran madurez de su carrera, el joven Jay, fascinado por el jazz, se une a un grupo de funk que incluía también a un Dj y juntos crean el Groove Collective, un grupo que tiene hoy gran renombre en la música estadounidense y con el que ha recibido varias nominaciones al Grammy como mejor solista, mejor álbum de jazz contemporáneo y mejor sencillo, entre 2000 y 2007.

Jay ha descubierto otras pasiones, como la de componer música para cine y para cuarteto de cuerdas. Aprovecha las clases que dicta en un conservatorio de Dinamarca para adentrarse en esta música y, curiosamente, para ‘envenenar’ la manera de tocarla. Ese adormecimiento que sufren los intérpretes de lo que es la música tradicional europea le ha servido para replantear su relación con las raíces colombianas. Como anécdota importante, cuenta que en Dinamarca, por esas casualidades de la vida, conoció al grupo Systema Solar. Sentado en primera fila y poseído por una alegría desbordante, dice haberse sentido “más barranquillero que nunca”. Y la experiencia fue otro detonante para su regreso. Escuchando la gaita, los tambores, toda la percusión, además de una batería y un bajo, ha pensado en la posibilidad de un “Bitches Brew” —ese disco de Miles Davis que partió en dos la historia de la música experimental— con ese formato que comparte ahora con el grupo de Nacho Nieto, baterista y compositor barranquillero.

Anoche ofreció un concierto en la Biblioteca Piloto del Caribe, en el que desató, entre otras cosas, su gran talento para la improvisación. Divorciado de las fiestas oficiales del jazz en Barranquilla, Jay Rodríguez ofrece un encuentro más íntimo, que hace historia y marca al público asistente, tanto como al propio Jay, quien, finalmente, empieza a llenar las piezas faltantes de su propia historia y de su herencia musical. El saxofonista estuvo invitado hace dos años al festival Jazz al Parque de Bogotá y había venido en el 98 a tocar junto a Chucho Valdés en el Barranquijazz, adonde lamentablemente nunca fue invitado con un proyecto propio.

El honor que le da Jay a su tierra al contar su historia, a pesar de no haber tenido, aparentemente, más nada que ver que haberlo concebido, puede ahora devolvérselo dándole nuevos sonidos a quien lo ha escuchado casi todo y de quien podríamos decir ha sido nuestro referente análogo a Miles Daviss, en cuanto a recorrido, diversidad de géneros y proyectos, entre nuestros músicos colombianos.

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