Joropo sin límites

Dieciséis jóvenes con síndrome de Down bailarán al ritmo llanero en la fiesta anual de la región Caribe. El baile les ha ayudado a mejorar los niveles de convivencia, tolerancia y coordinación motriz.

A través de la danza, los jóvenes con síndrome de Down han mejorado su capacidad de memoria operativa. / Cortesía ‘Periódico del Meta’

El tradicional Carnaval de Barranquilla, que empezará el próximo 17 de enero con la lectura del bando, tendrá este año 16 invitados especiales, en todo el sentido de la palabra. Se trata de ocho parejas de joropo que estarán en la Gran Parada de Tradición y de Comparsas demostrando sus habilidades con coreografías y pasos del tradicional baile llanero que durante meses han preparado.

Son jóvenes entre los 14 y 23 años que padecen síndrome de Down y que hacen parte de un proyecto de inclusión social adelantado por la Corporación Danza Arte y Tradición (Danzat) de Villavicencio desde hace trece años y que se convirtió en una terapia con la cual algunos de los muchachos han presentado mejorías de convivencia y motricidad.

Aunque es claro que la música es utilizada desde hace varios años por la ciencia médica con el propósito de desarrollar estímulos que fomenten la creatividad y la disposición al cambio en los pacientes, es la primera vez que se utiliza el joropo como tratamiento terapéutico y como tal ya presenta resultados efectivos.

“En estos casos, la metodología de enseñanza prácticamente se crea desde cero, pero los muchachos a las pocas semanas aprenden la coordinación de movimientos, gracias al zapateo característico de esta danza. Además, los niveles de convivencia y tolerancia mejoran entre los integrantes del grupo por las relaciones entre parejas que se desarrollan”, explicó la psicóloga Claudia Acosta Martín, quien ha seguido de cerca el proceso de enseñanza de los jóvenes llaneros.

Diego Fernando Rojas, director de Danzat, recuerda que para poder trabajar con esta población fue necesario desarrollar un nuevo lenguaje con números y letras que les permitiera memorizar las instrucciones que identifican los pasos y las figuras del joropo. Así, a la posición básica de este baile se le asignó el número uno; la posición del botalón se identifica con el dos; al zapateo, que es un movimiento rápido y fuerte que realiza el hombre, se le asignó el tres; el cuatro es el pasamanos, el cinco es codos, y así sucesivamente con todos los pasos.

Al plantear el proyecto, Rojas pensó que sería fácil la enseñanza a este grupo poblacional, pero pronto se dio cuenta de que era más difícil de lo que imaginaba, y asegura que terminó aprendiendo más de ellos que lo que pudo enseñarles.

“Para los desplazamientos, los instructores los identificaron con letras. La A significa que los bailadores se deben poner en dos filas; la B, en dos líneas, y la letra C, que se deben ubicar en círculo. Así, cada letra o número para identificar los diferentes pasos o movimientos de la danza llanera, como el valsiao, que es un movimiento lento, u otros como la cinturera, el escobillado, los giros, vueltas, ganchos, cruzadas y medialunas”, dice Rojas.

Aun así, afirma el coreógrafo, algunos pacientes con síndrome de Down suelen olvidar rápido, por eso, sin importar que se hayan hecho muchos ensayos, siempre vuelven a repasar los pasos antes de salir. Se ha demostrado que estos ejercicios estimulan su capacidad de memoria operativa, que es una en la que más déficit muestran quienes padecen la enfermedad.

“Ellos sienten que se les tiene en cuenta para algo tan importante como un espectáculo. Participar en una coreografía, ir a espectáculos y escuchar que los aplauden los hace sentir que pertenecen a esta sociedad que muchas veces los aísla. Por eso estas presentaciones en el Carnaval de Barranquilla serán tan importantes para ellos”, agrega Diego Rojas.

El grupo de bailadores especiales ya tienen experiencia ante grandes multitudes, toda vez que han participado del Joropódromo, uno de los eventos más importantes del Torneo Internacional del Joropo en Villavicencio, el cual reúne las más expertas academias de baile de los Llanos Orientales.

Según Liliana Amézquita Parrado, fonoaudióloga que lleva trabajando más de 15 años con población con discapacidad funcional, “estos procesos son fundamentales porque a partir de la experiencia individual y la inclusión permiten aprendizajes significativos que estimulan cada una de las áreas de motricidad, comunicativa, visual y cognitiva, mejorando su entorno familiar, escolar y social”.

Rojas y su grupo de coreógrafos han trabajado también en la enseñanza del joropo a personas con discapacidad visual y auditiva, quienes también harán parte de la delegación del Meta en el Carnaval de Barranquilla.