La crisis y la reinvención de la industria de la salsa en Cali

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Tras casi cinco meses de cierre, las pérdidas de los establecimientos nocturnos son de $305.000 millones. Más de 350 cerraron por la pandemia.

En la capital vallecaucana hay por lo menos 295 establecimientos nocturnos que durante décadas han concentrado su negocio en la experiencia de vivir uno de los grandes atractivos de la ciudad: la salsa. Toda una industria que no ha salido bien librada de los efectos económicos que deja en el país la pandemia del coronavirus.

Manuel Pineda, director de Asobares y ACOES (Asociación de Comerciantes y Empresarios de Cali), estima que el cierre para prevenir la propagación del COVID-19 le ha costado a la ciudad 53.000 empleos y pérdidas de más de $305.000 millones; solo han podido trabajar quienes venden licor para llevar y de esto solo obtienen el 11 % de los ingresos habituales. Los establecimientos nocturnos cerraron el 15 de marzo de manera voluntaria, pero, como indica Pineda, no se imaginaban que el aislamiento y la pandemia se iban a extender, y ya son casi cinco meses sin recibir dinero.

Lugares emblemáticos como La Topa Tolondra han manifestado que su situación es crítica. El dueño, Carlos Ospina, señala que ni los servicios públicos, ni los impuestos dan tregua, y que para sostenerse están impulsando la venta de souvenirs y libros de salsa. Aunque mantienen el cariño de la gente, no se compara con los ingresos que recibían antes. Incluso, pasaron a la virtualidad las clases de baile de ritmos afrolatinos, pero esto no fue viable. Al principio, muchas personas se conectaban, pero la asistencia disminuyó cuando empezaron a poner la cuenta de ahorros y la colaboración era intermitente.

Aun así, desde la industria de la salsa hay iniciativas virtuales que están dando frutos. En el evento “En Cali nos Llaman Baile”, del pasado 28 de junio, la Fundación Delirio batió un Récord Mundial Guinness s por el mayor número de videos subidos a Facebook de personas bailando la misma canción durante una hora, el primero de este formato logrado en América Latina. Su directora, Andrea Buenaventura, dice que les preocupaba la imagen de la ciudad en cuanto a la indisciplina social, por eso se propusieron demostrar que el lenguaje de Cali sigue siendo la danza, pero que se puede hacer desde casa. Buenaventura explica que tuvieron 100.000 personas conectadas, cerca de 5.000 bailaron en la fiesta virtual y al final 343 videos cumplieron las condiciones técnicas. Después de catorce años de presentaciones en vivo, pasar a la virtualidad fue un reto, pero, como ella lo menciona, “el arte, la cultura y el entretenimiento se inventan y reinventan cada día”. En abril empezaron a montar el plan virtual en alianza con GoLiving; el primer espectáculo fue el 18 de julio con más de 46.000 espectadores en 35 países, vendieron a $20.000 las entradas y ya se preparan para el siguiente, que será el 22 de agosto.

Otros locales tradicionales también están buscando en la virtualidad el salvavidas de sus negocios. Mauricio Díaz, dueño de Cimarrón Salsa Bar, logró llegar a un acuerdo con los dueños del local para pagar menos de la mitad del arriendo. Ha recurrido a sus ahorros y a la venta de gorras y camisetas. Además, en medio de la cuarentena, creó el programa virtual “10 en la Cima” para no perder el vínculo con sus clientes. Tres días a la semana, las personas eligen qué quieren escuchar, votando por un artista o temática. Se transmite por Facebook, YouTube y por medio de la aplicación Salsa Magistral.

La directora de Delirio recomienda al Gobierno consultar las necesidades específicas de este sector, que fue el primero en cerrar y puede ser el último en abrir. “Sentimos que el Gobierno nos dejó solos”, dice Mao Mojica, melómano, DJ y coordinador de Son Havana, en Cali, un sueño que murió en junio. Cuenta que el dueño, Julio Restrepo, tiene hace diez años un proyecto en Medellín que quiso llevar a Cali. Tras una gran inversión, el establecimiento se inauguró el 13 de diciembre, sin saber que el cierre del 13 de marzo sería definitivo. Se presentaban bandas en vivo y querían hacer un estudio de grabación de salsa y jazz.

Mojica afirma que, en abril, desde el Ministerio de Cultura, prometieron unos incentivos para gestores, creadores y artistas, pero aún no los han recibido. Respecto al tema, el secretario de Cultura, José Darwin Lenis, explica que efectivamente no se han entregado los $160.000 por tres meses, y que ya habló con la ministra, quien le informó que “iba a llamar a la Secretaría de Cultura del departamento” para gestionarlos.

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Mojica hace énfasis en que estos lugares son parte de la cultura, un sector del que vive la ciudad. En esto coincide Carlos Molina, director del Museo de la Salsa, el más antiguo del mundo, con 51 años de historia. Molina señala que su padre, quien lleva el mismo nombre, empezó a tomar fotografías desde 1968, con su lente retrató a las orquestas y puso las fotos en la pared. Antes era privado, pero se abrió al público hace cuatro años, cuando vieron en la salsa la posibilidad de recaudar fondos para una fundación. Además de la exposición, los sábados tenían rumbas temáticas y recibían ingresos por la venta de gaseosas, empanadas y cervezas.

También se han visto afectados económicamente, pronto abrirán porque son un museo certificado, mientras tanto Molina ha vendido souvenirs como pocillos, camisetas, gorras y tapabocas. Aunque es una empresa familiar y no tienen empleados, necesitan pagar servicios que “este mes llegaron por un millón y medio” y dinero para la fundación. Por eso el director le solicita al Gobierno más apoyo para este sector, pues para él no se puede olvidar que la salsa “ha transformado la imagen del país”.

Carlos Ospina, dueño de La Topa Tolondra, afirma que durante la pandemia solo han recibido dos mercados para los trabajadores. Asimismo, Manuel Pineda cuenta que la Asociación Porcina les donó seis toneladas de carne; la Gobernación del Valle, a través de la Industria de Licores, les dio 336 bonos de $75.000 para ayudas alimentarias, y la Alcaldía entregó 3.000 mercados. Aunque agradecen estas ayudas, manifiestan que no son suficientes.

Reconoce que la apertura no depende de la Alcaldía, pues esta ya ha presentado solicitudes ante el Ministerio del Interior para iniciar los pilotos. Desde la Secretaría proponen que el Gobierno lleve delegados a Cali para presentarle la situación por la que atraviesa el complejo cultural. Esperan que sea una intención colectiva con una mesa de trabajo integrada por la Gobernación, Alcaldía, la bancada vallecaucana y las organizaciones. Por diferentes medios los establecimientos buscan llamar la atención del Gobierno. El pasado viernes 31 de julio realizaron un recorrido desde el Parque del Ingenio, por todas las zonas gastronómicas y de entretenimiento, hasta la Plazoleta Jairo Varela. En sus carros sacaron las banderas rojas que han puesto en los negocios para solicitar al Gobierno una fecha para el inicio del piloto de reactivación de los establecimientos nocturnos.

Aunque Ospina reconoce que este no es un momento adecuado para abrir, solicita que se realicen mesas de concertación para hacer la reapertura cuando baje el pico. Mientras tanto, seguirá en la batalla, porque, como lo dice su lema: “Salsa y cultura hasta la sepultura”.

La salsa está a un paso de ser Patrimonio Cultural

El 9 de julio la Secretaría de Cultura de Cali hizo una sustentación, junto con diferentes actores de la salsa, ante el Consejo Nacional de Patrimonio Cultural (CNPC).

Ese día, este organismo que se encuentra adscrito al Ministerio de Cultura le dio el sí al Complejo Musical Dancístico de la Salsa Caleña para seguir con el proceso que le permitirá ser incluido en la lista de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación.

La Secretaría explicó que el siguiente paso es presentar un plan especial de salvaguardia ante el CNPC. Para el secretario José Darwin Lenis, este es un paso importante que implica el reconocimiento y la garantía de conservación de la memoria del significado de este complejo “para los bailarines, las orquestas, la gente del vestuario, quienes fabrican instrumentos, productores, melómanos y coleccionistas, bailadores y para todos los ciudadanos”.

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