La modelo María Jiménez Pacífico habla de las dos veces que fue violada

La modelo colombiana de talla grande más reconocida en Europa se suma a la campaña #MeToo. Pese a que entiende que el miedo es un factor generalizado en las víctimas, invita a denunciar. "No tengan miedo, no están solas".

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Autor: Joseph Casañas 

María Jiménez Pacífico tararea una canción.  ‘The Show Must Go On’ (el show debe continuar). Lo que canta Freddie Mercury en el estribillo de ese tema, se le convirtió en una suerte de mantra que se repite todos los días. El show debe continuar. No hay de otra. No son pocas las veces que la muerte ha tocado su puerta. Con ganas, o sin ellas, la ha evitado.

 

De ella se sabe, entre otras cosas, que es la modelo colombiana de talla grande más reconocida en el mundo, que marcas como Zara, Dorothy Perins y Lindex, han confiado en ella para lucir sus prendas, y que de niña, fue víctima de un matoneo tan punzante que llegó a pensar en el suicidio; a los 8 años se tomó unas pastas de cualquier cosa para ponerle fin a su existencia. Pero ese no era el momento, el show tenía que continuar.

María, como lo hizo la periodista Claudia Morales en una valiente columna que publicó en El Espectador el pasado viernes 19 de enero, decidió hacerle una mueca al silencio para contar un drama. Su drama. “Voy a contar que fui violada. Espero que este testimonio sirva para que las mujeres que han sido víctimas de este flagelo entiendan que lo que pasó no es su culpa. La sociedad, hipócrita y pacata, nos hace sentir culpables. Por eso callamos mientras los violadores siguen por ahí”, dice Pacífico en diálogo con El Espectador.

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Desde los 15 años María Pacífico vive en Islandia. En ese país, de unos 334.252 habitantes, logró zafarse del bullying que le hicieron en su niñez por ser gorda. Allí, en esa isla del noreste de Europa se encontró con el modelaje, el arte y la actuación, pero también, con dos episodios que marcaron su vida para siempre. Fue violada dos veces. A los 15 y a los 22 años.

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De esta forma, la mujer nacida en Plato (Magdalena), se suma a la campaña #Metoo, la protesta digital de mujeres y hombres alrededor del mundo con la que se denuncian abusos que durante años permanecieron en silencio.

“A los 15 años un amigo de la adolescencia me invitó a una fiesta en su casa. Nos tomamos unos tragos y luego se ofreció a llevarme de regreso a mi casa. Dizque para cuidarme. Íbamos caminando y, de un momento a otro, me tiró a un jardín y abusó de mí”.

Justo cuando estaba empezando a confiar más en sí misma, cuando estaba olvidando que en Colombia tuvo una infancia turbia por el solo hecho de ser diferente a las otras niñas y cuando empezaba a creer en aquello que llaman amor, le pasa esto. De nuevo aparecieron las ganas de quitarse la vida. Se aisló de todo. De todos y guardó silencio. Ese fue el mecanismo de defensa más efectivo que encontró.

“Creí erróneamente que había sido mi culpa. Me cuestioné por haber tomado, por vestirme de la forma en la que me vestía, de hablar como hablaba. Hoy entiendo, y ojalá que las mujeres que han sido violentadas de esta forma entiendan que la responsabilidad en una violación no es de ellas, quiero ser muy reiterativa con ese mensaje”, dice mientras clava su mirada en los ojos del periodista al que le cuenta su historia.

No se derrumba. Todo lo contrario. Mientras esculca en sus recuerdos, su voz se pone más fuerte. Da golpecitos sobre la mesa de madera sobre la que apoya sus brazos, se remanga la blusa, y, con delicadeza, se quita el pelo que le cae en los ojos para, de nuevo, fijar la mirada en el periodista y contar el otro episodio del que fue víctima. Pasó el 3 de febrero de 2012, la fecha la tiene tan clara como la fecha de su cumpleaños.

Es día de fiesta Reikiavik, capital de Islandia, los jóvenes salen a tomar, a bailar, a divertirse. Al grupo de amigos que está con María, la rumba no los convence por eso, pasan de un bar a otro en busca del mejor ambiente. Por fin lo encuentran. Los sorbos de María son cortos, medidos. No le gusta tomar.

“Bastaron dos sorbos de algo que tomé para perder la fuerza y la conciencia. Al despertar veo a una persona que nunca había visto en mi vida, no podía mover mi cuerpo, alguien puso una droga en mi vaso. Ese hombre me estaba violando. Me desperté y me desmayé varias veces, pero siempre que abría los ojos esta persona estaba encima de mí”.

María entre cierra los ojos, frunce el ceño, encoge el cuello; recuerda y narra con detalle lo que padeció aquella mañana.

“Me violaron una colchoneta que estaba en el centro de esa habitación. Había como 6 preservativos en el piso, ropa por todos lados, era un desastre ese lugar. Este hombre se había quedado dormido a mi lado, desnudo y con el computador al lado. Nunca lo había visto. Aproveché que tenía su página de Facebook abierta y me agregué desde allí. Le rogué para que me llevaran a mi casa. Le dije que si no me llevaba le avisaba a la policía. Estaba dopada, confundida.

Cuando me estaba llevando entendí que este hombre había sacado ventaja de mi condición. Definitivamente Le echó algo en mi bebida para lograr su objetivo”, dice María.

“Mi padrastro, que estaba saliendo de la casa, se dio cuenta cómo este tipo, apenas lo vio, aceleró a fondo su carro y se fue. Eso se le hizo extraño. Aparte, vio el estado en el que yo llegué. Entro al baño cierro la puerta y me pongo a llorar. Seguía confundida. Pensaba que era mi culpa. Estaba insegura, en blanco”.

María no podía creer que le estuviera sucediendo de nuevo. Sin embargo, esta vez decidió que el silencio no era una opción. Contó todo. Su padrastro la llevó al hospital. Allí, después de unos exámenes de los que prefiere no hablar mucho, se confirma que fue violada.

“Fue algo muy fuerte. Estaba en el limbo. La policía fue al apartamento de esta persona y encontraron todas las pruebas. Yo denuncié. Él iba para la cárcel, pero se salva porque tuvo un accidente de carro en el que pierde la memoria, al tipo lo dejan libre porque se convirtió en una persona con discapacidad”.

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Los fantasmas de la muerte la vuelven a rondar. Pero algo, alguien, tal vez Dios, le dijo al oído en las noches eternas en las que lloraba sin parar que no era el momento. ¿Por qué? Fácil. El show tenía que continuar.

Han pasado 5 años desde entonces y mientras cuenta su drama, en ningún momento se muestra débil. Su rostro, el mismo que embrujó a Arnold Björnsson, un reconocido fotógrafo de Islandia que le abrió la puerta al mundo de las modelos plus size, se muestra adusto, serio, imperturbable. Dice que el arte salvó su vida. Como una forma de entender que el show tenía que continuar, María ingresó a la Academia de actuación de Reikiavik.

Uno de sus trabajos la muestra desnuda sobre 100 kilos de pescado muerto. Nadie supo, hasta hoy, que esa era su catarsis.

“El pescado, que es un símbolo muy representativo de la religión, es sinónimo de pureza. Al estar acostada sobre muchos pescados muertos, era mi forma de decirle al mundo que alguien mató con mi pureza, con mi inocencia”.

Maria Deild4 2 Tæk203 Rofið Sakleysi (Inocencia Interrumpida) comp from Maria Jimenez Pacifico on Vimeo.

Mientras sigue en la pasarela, desde este espacio, pide permiso para expresar una reflexión final. 

"Tristemente la sociedad se acostumbró a señalar a la gente. Si eres gorda te señalan, si eres mujer te señalan, si eres gay te señalan. La gente en Colombia vive del qué dirán. Mi gran consejo es: No vivan del qué dirán porque se vuelven esclavos, no serán libres y no podrán disfrutar su existencia".

A las mujeres que han sido víctimas de acoso o violación les pide que "no tengan miedo, que no están solas y que no son culpables.Una mujer en esatasituación espera mucho apoyo, mucho respaldo. Es muy difícil que no le crean a uno, eso es terrible".

Lo dice con fuerza y convencida de cada uno de sus actos porque al final entiende y entendió, que el show debe continuar. 

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