La radio como puente para construir la paz en Colombia

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En medio de la pandemia y el posconflicto, las emisoras públicas colombianas se disponen a afrontar un nuevo desafío: abrir nuevas Emisoras de Paz en seis regiones del país para este 2021, establecidas por el Acuerdo firmado en La Habana.

La radio ha resistido las diversas “sentencias de muerte” que le han decretado las redes sociales, Youtube, Podcast, Clubhouse y demás. Pero, por el contrario, son estos adelantos tecnológicos los que se han servido de la experiencia de más de 100 años de la radio para explorar nuevos caminos de comunicación.

Previo a la conmemoración del Día Mundial de la Radio, celebrado el 13 de febrero, establecido por una resolución de la Asamblea General de la ONU en 2012, Colombia sigue siendo fiel a la radio en tiempos de pandemia, tras un proceso de paz y en medio de un posconflicto, cuando a través de las ondas hertzianas se pretende mejorar la conexión con las regiones antes olvidadas o no escuchadas.

La historia de la radio pública colombiana ahora es sostenida por la labor de periodistas del Sistema de Medios Públicos del país (RTVC o Radio Televisión Nacional de Colombia) como Jesús Díaz, en Chaparral, Tolima, y Geovanny Mejía Cantor, en Convención, Norte de Santander; en dos de las cinco Emisoras de Paz que funcionan tras el acuerdo de paz entre el Gobierno y la guerrilla de las FARC firmado en Cuba (2016).

Uno de los puntos de dicho acuerdo estipuló que se establecerían 20 emisoras en diversos territorios que serían coordinadas por la radio pública. Para la subgerente de radio de RTVC, Dora Brausin, en diálogo con la Agencia Anadolu, estas estaciones se idearon para municipios antes marcados por la violencia, pero que ahora son territorios cubiertos por los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET) que fueron definidos en el Acuerdo.

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Emisoras para la paz

Con un costo de $877.435.874 millones, la emisora 103.5 de Chaparral, al sur del Tolima, inició emisiones en julio de 2019. Díaz es uno de los periodistas de esta emblemática estación, insigne no solo por haber sido la primera tras el acuerdo de La Habana, sino también porque está ubicada en parte de la región donde se originó el conflicto armado.

“Yo llegue acá porque cuando estaba ejerciendo el uso de las armas, o el derecho a la rebelión, hacía parte de una de las emisoras de las FARC en la clandestinidad. Tenía poquita experiencia con la radio, pero me gustaba demasiado. Hacíamos programas culturales, educativos, nos fuimos formando empíricamente en ese proceso”, recuerda Díaz, de 35 años, en conversación con la Agencia Anadolu.

El comunicador dice que no solo trabaja por hacer cumplir los acuerdos, sino “también como parte de la reincorporación”.

“Me presenté a una convocatoria de Radio Nacional de Colombia y quedé”, dice. Y cuenta que pese a que mantiene un bajo perfil respecto a su pasado en la insurgencia, no tiene inconveniente en hablar del tema.

En Chaparral “se habla de las víctimas, de la memoria histórica, cómo podemos reconciliarnos, cómo podemos construir tejido social. Los invitados son claves; tenemos tanto el Presidente de la República para abajo, que nos expliquen cómo va la implementación. También tenemos la voz y la opinión de la gente que está aquí en la zona, por ejemplo, digamos gente que ha sido líder, presidente de juntas de acción comunal, que ha sido víctima de la violencia, se ha expresado aquí en nuestros programas. Es en vivo, no es pregrabado, y eso ha dado la facilidad que la gente se exprese y decir lo que piensa”.

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Nuevas emisoras regionales

Dora Brasuin afirma que estas Emisoras de Paz funcionan bajo los mismos estándares de las “emisoras descentralizadas, con los principios y características de la radio pública, pero con acento especial en los avances de la implementación del Acuerdo de Paz”. La entidad pública está próxima a completar 11 emisoras este semestre, con la puesta en marcha de seis más: en Algeciras ( Huila); Puerto Leguízamo (Putumayo), Bojayá (Chocó), Florida (Valle del Cauca), Arauquita (Arauca) y El Tambo (Cauca).

Las otras que están en funcionamiento se encuentran ubicadas en Ituango, Antioquia; Fonseca, Guajira; San Jacinto, Bolívar, y una de las que entró en agosto del año pasado –junto a San Jacinto y Fonseca- fue la de Convención, donde Mejía Cantor, de 55 años, lidera un equipo de cinco personas. El bogotano pasó de laborar por 24 años en medios de comunicación tanto en la capital como en Ocaña para aventurarse en la nueva experiencia radial en un municipio que no sobrepasa los 15 mil habitantes.

“Aquí había mucha expectativa en la zona del Catatumbo con ese proceso de paz y se venía hablando que uno de los aspectos del proceso era la activación de emisoras. Hay que decirlo: aquí no se esperaba que eso se fuera a cumplir. Pero de todas maneras a mí sí me generó la expectativa durante el proceso en La Habana, a ver qué iba a pasar con esos medios de comunicación. Cuando supe que uno de los municipios escogidos iba a ser Convención y que iba a ser con Radio Nacional de Colombia, me interesó aún más, (ya que era) con una empresa de mayor envergadura”, señala Mejía.

Para Brausin, “la radio pública nacional en Colombia se ha pensado en varios momentos. Primero cuando lo público se pensaba desde la ciudad para el resto del país, luego desde ciudades capitales y después del acuerdo de paz, las emisoras en municipios”.

Al contrario de lo que podría pensarse en un país que estuvo o está polarizado, la directiva de RTVC afirma que las emisoras “han sido bien recibidas por las audiencias, por las instituciones locales, que hoy ven que a través de esas emisoras el país tiene una ventana para que lean esos territorios de manera distinta, los reescenifique y los empodere”.

Las historias que benefician a la comunidad

La programación de las emisoras debe tener el componente informativo, de ruralidad, música, información de servicio y diálogo de diversas organizaciones sociales, según lo establecido por RTVC. Los entrevistados coinciden en que las emisoras de esas regiones permiten que las personas cuenten “sus historias, sus saberes, sus visiones, sus expresiones artísticas”. “Automáticamente estas Emisoras de Paz tendrán contenidos que impliquen un mejor vivir”, detalla Brausin.

Para Díaz, al principio fue un desafío enfrentar esta labor de difusión de paz. Fue un cambio radical pasar de las montañas a una emisora local, “acostumbrado a mirar otra clase de aparatos, otra clase de antenas, de transmisores”. Ahora está en comunicación permanente con la gente. “Desde que no estemos haciendo programas descentralizados en Chaparral, nos mantenemos enlazados con las 57 estaciones de Radio Nacional de Colombia”, afirma.

Tanto Chaparral como Convención han sido municipios afectados por el conflicto. El primero como parte de la zona donde nacieron las FARC, mientras que Convención continúa siendo una zona estratégica para diversos grupos ilegales, disidencias, ELN, paramilitares.

Díaz afirma que los habitantes “se han apoyado mucho en esta emisora pública para darse a conocer, para que la gente entienda que el sur del Tolima no es un territorio de violencia, que está apostando a la paz”.

Mejía, por su parte, afirma que el hecho de que la Radio Nacional haya llegado a la zona del Catatumbo les ha dado otra perspectiva; se ha generado confianza. “No hemos tenido ningún tipo de inconveniente. Hay que decirlo, que en la región por más convulsionada que es, por más persistencia del conflicto, los medios de comunicación aquí somos muy respetados por los actores armados. Podemos dar la noticia de todo lo que está sucediendo y no ha habido ningún tipo de situación compleja”. Y ahora, con programas como Encuentros de Paz, el mensaje de reconciliación ha llegado.

La gente “quiere que vayamos a sus veredas, a sus municipios. Somos amigos de todo el mundo… Ha sido muy buena la articulación con las comunidades por eso”, asegura el bogotano.

Díaz aspira a buscar formas de narrar historias en las que haya mucho respeto hacia las víctimas y su dolor. “Tampoco necesitamos señalar a nadie, aquí siempre se trata de tener un espacio de participación colectiva… Todo de acuerdo a un lenguaje acorde a un nuevo país”. En sus programas dice haber tenido a personas que hablan sobre “las FARC tal cosa, que me asesinaron no sé a quién, uno como que se toca el corazón y dice qué se estaba haciendo (en la guerrilla) y uno escucha esos testimonios y comienza a revolucionar y a cambiar ese chip, y realmente uno entiende, inclusive uno entendió desde que dejó las armas que la única salida es la paz”.

La próxima parada de la radio

A juicio de Díaz, las emisoras ayudan a sanar heridas para que el país evolucione “con igualdad de oportunidades, libertad de expresión y sobre todo cero violencia”.

Por el lado de Mejía, su grupo de trabajo busca que los espacios informativos beneficien a la comunidad. Con las Emisoras de Paz, asegura, cambió el concepto que las personas tenían de la radio, “pues antes era música y noticias de alto impacto. Ahora la ven como un aporte que se le está haciendo a la región”.

El sistema de Emisoras de Paz continúa evolucionado, inclusive bajo circunstancias como la pandemia, lo que ha generado ideas como ‘Profe en tu casa’, un programa pedagógico para los niños “que se quedaron sin ir a estudiar, se quedaron en la casa, porque es una zona rural, somos campesinos, y se dedican a hacer otras cosas y olvidan el estudio”, afirma Mejía.

La radio pública colombiana evoluciona no solo con las nuevas emisoras; también con el hecho de que están trabajando para que puedan ser escuchadas en cualquier parte del mundo a través de la aplicación Colombia al Aire; o la aplicación EME, un espacio para artistas emergentes donde los creadores musicales en las regiones podrán mostrar sus producciones, conocer qué pasa con ellas y tener retroalimentación.

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