Lana en lugar de minas

Un grupo de 250 artesanos retomaron el tejido de lana en el municipio. En los últimos 10 años han recibido cerca de $1.000 millones por parte de una fundación. Sin embargo, desde 1992 no se importan ovejas para el lugar.

Un artesano exhibe su lana en la plaza central de Cucunubá, a 88 kilómetros de Bogotá. / Cortesía Fundación Compartir

A 88 kilómetros de Bogotá, en el nororiente del departamento, se asienta Cucunubá, un municipio en donde se percibe la tensión entre la minería ilegal y un paisaje rural que se resiste a desaparecer. Han pasado 20 años desde que un grupo de 250 artesanos empezó a buscar materiales para retomar el tejido de lana, una tradición que estaba prácticamente ausente.

Mientras tanto, durante la última década han ido apareciendo canteras para la explotación de carbón en las veredas Pueblo Viejo, Peñas, El Tablón, La Ramada, Aposentos y Hato de Rojas. Éstas se convirtieron en el escenario de extracción de 118 unidades de explotación minera. El resultado: 35.300 toneladas de carbón por mes. En el municipio dicen que esta actividad es necesaria para subsistir. Sin embargo, la alcaldía reconoce que la minería “ha provocado un considerable deterioro ambiental en prácticamente toda la zona rural del municipio” (en el que vive el 84% de la población).

William Contreras es un artesano del municipio: “Desde hace 30 años aprendí a tejer. Me enseñaron mis abuelos. Antes no había artesanos en las veredas y hoy ya hay en 18. La gente está empezando a tejer otra vez. No ha sido tan sencillo. Aquí no hay muchas ovejas y aparte de eso no había quién enseñara a tejer una ruana, un poncho”.

En 1993, la Fundación Compartir empezó un proceso con los artesanos de Cucunubá para fortalecer el tejido de la lana. Los 1.500 artesanos que durante 20 años han trabajado con ellos se dividieron: 750 mujeres aprendieron a trabajar con dos agujas y los hombres comenzaron a tejer: “En la familia campesina la mujer desempeña el rol de hilar la lana utilizando el huso manual, mientras que la labor de esquilado de la oveja y el oficio del telar está a cargo de los hombres. Los niños se encargan del cuidado del ganado lanar”, cuenta Jairo Enrique Pinzón, funcionario del Instituto Departamental de Cultura.

En los ochenta la Fundación Compartir solamente encontró tres familias que aún tejían en Cucunubá. Desde 2001 han invertido $100 millones anuales en el programa de tejido. Ahora bien, según el sistema Nacional de Información Cultural, “las labores de agricultura y cría en el municipio de animales son paralelas, pero sus esfuerzos se concentran en la producción textil, que los ha hecho cada vez más urbanos, convirtiendo la actividad textil en su principal y a veces única fuente de ingresos”.

Un dato de la Encuesta Nacional de Información Cultural coincide con la experiencia de William Contreras. De los 228 artesanos encuestados, “es mayor la proporción de personas mayores de 50 años dedicadas al oficio artesanal (40,78%), seguidas del 16,22% de personas que promedia sus edades entre los 40 y 50 años”, dice la encuesta, presentada en mayo de 2013. “Acá casi que son personas como yo, ya pasados los cuarenta, que se ponen a tejer” dice Contreras.

Por estos días hay más tela en el municipio. “El 19 de octubre los artesanos van a mostrar sus productos en el VI Festival de la lana. Hemos hecho 15 cursos de formación con la Universidad de los Andes. El costo mismo de la tierra impide que muchos campesinos se dediquen a los ovinos, pero la idea es encontrar un lugar en el mercado con eventos como este. El año pasado asistieron 1.000 personas”, cuenta Alba Lucía Gómez, directora de la Fundación Compartir.

En la alcaldía municipal perciben algunas dificultades en el campo de la lana. De acuerdo con un censo que realizaron este año, hay 4.000 ovejas en el municipio: “La ola invernal y los perros salvajes han desestimulado a muchos artesanos. Además, hay un debilitamiento genético de las ovejas, porque no se importan desde 1992”, dice Humberto Posada, secretario de Desarrollo Económico. William Contreras no tiene ovejas, “pues aquí la mayoría le compramos la lana a una señora en Ubaté, porque en la región casi no se consigue”.

Según Poveda, el 80% de la minería en el municipio es ilegal: “Las minas no tienen planes de manejo ambiental. Pero están atravesando una crisis porque venden la tonelada de carbón a $70 mil, cuando producirla cuesta $90 mil. Eso genera desempleo en el municipio. Con la lana es difícil, porque simplemente no hay buenas ovejas”.

 

 

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