Líder social cartagenero protesta contra asesinatos de defensores de DD.HH.

Alí Majul se desnudó y permaneció más de una hora sentado en una cubeta llena de hielos. Según él, Colombia parece "congelada y anestesiada" frente a estos homicidios.

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El hielo quemó la piel de Alí Majul. Encalambró sus piernas, su espalda, sus dedos. Luego de llevar más de una hora sentado en una ponchera repleta de cubos de agua congelada, dejó de sentirlo todo. Según él, así está Colombia: tras años entumecida por el frío de la guerra, ya no le duele nada.

El joven cartagenero, cansado de la indiferencia, decidió usar su cuerpo para gritar. La sangre de más de 340 defensores de Derechos Humanos asesinados corre por el suelo del país desde la firma del Acuerdo de Paz entre el gobierno de Juan Manuel Santos y la antigua guerrilla Farc. Majul la siente tibia. Como líder social de La Heróica, se ve en ella.  

Hace tres semanas, en una fábrica abandonada del municipio de Turbaco, Bolívar, se sumergió en hielos, mientras una bandera colombiana lo ahorcaba y nombraba, una a una, las vidas perdidas. La gente, aterrada, se detuvo a mirar. “Pongo mi dolor como una respuesta a lo que vive el país, como una manifestación ante la vida, la tortura, la ira. Una que quema, pero que también recrea esa posición de dormirlo todo, como un anestésico. Estamos anestesiados”, manifiesta.

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Con este acto, Majul quiso dejar un mensaje: “Estas vidas, las vidas de nuestros líderes y lideresas, no pueden congelarse bajo ningún pretexto. Parece como si la vida bajo esa lógica se congelara y terminara reducida a la sistematicidad de un conteo. Estas vidas deben defenderse, cuidarse, protegerse. Por eso pongo el cuerpo, mi cuerpo, al desnudo. Por eso pongo al Estado a través de una bandera. Porque estamos resistiendo, desnudos, ante la muerte”.

Esta no es la primera vez que el cartagenero utiliza su propia piel para poner sobre la mesa el asesinato de líderes y lideresas sociales alrededor del país. A pesar de que justo esta semana el gobierno aseguró que este no es un asunto sistemático, la espalda de Majul está plagada de puntos. Desde febrero de este año, con cada nuevo anuncio de un defensor de Derechos Humanos víctima de homicidio, Alí se tatúa en su torso una mancha negra. Con la periodicidad con la que se registran estos hechos, según cifras de la fundación Somos Defensores, cada seis días aparece otro tatuaje más.

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A este acto lo llama “Memorias”. “Ya mi espalda está llena del dolor y el sufrimiento que deja la guerra. Acudo desgraciadamente al conteo lineal para registrar lo que está pasando en Colombia”, cuenta.

Majul hace parte del colectivo Contextos. Desde hace tres años, junto a sus compañeros, articula experiencias con líderes sociales de los sectores populares de Cartagena. Con la muerte de uno de ellos, José Luis García Berrío, de la comunidad Tres de Junio, el grupo decidió trasgredir con sus performance los espacios públicos para ponerle foco a este fenómeno.