Los métodos de la extrema derecha

Por sus obras los conoceréis. Como los de la Alemania de Weimar, así obran aquí los de la extrema derecha.

Esta comparación es necesaria. La república de Weimar, como se le llamó al régimen que existió en Alemania entre 1919 y 1933, sucumbió ante la subversión que desde dentro protagonizó la extrema derecha. Si no se le pone freno a los embates del uribismo contra la paz y las instituciones, algo similar podría ocurrir en Colombia.

Luego de la debacle militar alemana en el Frente Occidental, los partidos de centro-izquierda le pidieron al Káiser Guillermo II que abdicara. Establecieron la república, negociaron un armisticio con los Aliados, pero luego se vieron obligados a firmar un gravoso tratado de paz, el Tratado de Versalles. El recién instalado gobierno socialdemócrata se vio inmediamente atacado por la derecha tradicionalista, aristrocrática y militarista. Esa derecha hizo de la mentira y la obstrucción sus principales medios de lucha. Años después le dio su bendición a un líder carismático con una plataforma populista llamado Adolf Hitler.

Durante el primer año de la República de Weimar se realizó en el Parlamento una investigación acerca de la derrota alemana. Hindeburg, quien había sido el comandante en jefe del ejército, fue llamado a declarar. Al principio, evadió la citación, mas luego compareció después de haber recibido un requerimiento formal. Hindenburg no admitió preguntas ni interpelaciones. Leyó una declaración como si todo el mundo tuviera que aceptar que lo dicho proviniese de la más firme e indiscutida autoridad. Su desprecio hacia el procedimiento democrático quedó patente en su negativa a contestar preguntas.

Tan grave como ese desprecio fue el hecho de que Hindenburg le dio credibilidad al mito de la “cuchillada por la espalda”: el embuste de que Alemania había ganado la guerra en el frente militar, pero la perdió por la traición que le hicieron los políticos en el frente civil. La verdad es que Ludendorff, el lugarteniente de Hindenburg, fue el primero en pedir un armisticio después de que su ofensiva de primavera no diera los resultados esperados. Hindenburg lo secundó y le pidió al Káiser la iniciación de negociaciones de paz. Cuando el Presidente Ebert le preguntó si Alemania, en caso de negarse a firmar el Tratado de Versalles, podía resistir a los Aliados, Hindeburg le comunicó que el ejército no estaba en condiciones de enfrentarlos.

La respuesta de Uribe y de sus seguidores al debate que promovió Cepeda parece un calco de los métodos de esa extrema derecha alemana. Ignoró a su contradictor – no le prestó mayor atención, y recurrió al procedimiento de contra-atacar para modificar los términos del debate con el fin de evadir cualquier responsabilidad por acción u omisión en los hechos a los cuales fue asociado. Su partido ha sido el propagador de los infundios más delirantes, los que sin embargo siguen siendo repetidos sin cuestionamiento por parte de sus seguidores: que Santos le va a entregar el país a las FARC, que su ideología es castro-chavista, etc, etc.

La paz la tenemos que hacer todos los colombianos con todos nuestros compatriotas. Pero la paz la tenemos que hacer con verdad, con justicia y con democracia, no con su negación, como parece ser el caso de los métodos del Centro Democrático.

 

 Docente de la Universidad Nacional  *