En Maicao ya casi no hay qué comprar ni qué vender

Gobierno y comerciantes buscan salidas para reactivar la economía de la frontera.

Herminso Ruiz

Las expectativas que tenían los comerciantes de la frontera entre Colombia y Venezuela, en la zona de la Guajira, con la reapertura del paso entre Maicao y Paraguachón, se convirtieron frustración en los últimos días.

Aunque la decisión de los gobiernos de los dos países cumplirá el próximo sábado los primeros quince días, lo que para ellos queda demostrado es que “esto ya no es como antes”.

Por eso, la ciudad empezó a buscar diferentes alternativas de desarrollo económico.

El propio alcalde de Maicao, José Carlos Molina, anunció una rueda de negocios en la que participarían comerciantes locales y nacionales, “con la finalidad de estrechar relaciones y fortalecer la actividad comercial”.

Así mismo, la destinacion de 20.000 millones de pesos para el fondo de fomento que desde 1996 está creado para la reactivación de la economía fronteriza.
La frontera estaba cerrada desde el 8 de septiembre de 2015. El balance, según la Cámara de Comercio, no pudo ser peor.

Las ventas de conjunto disminuyeron en un 96%, y estuvieron dominadas por los subsectores de ropa, calzados y accesorios en un 29,2 % y productos de cacharrería en un 17,6%.  Las compras de viveres y abarrotes, que pesaban mucho dentro los balances, apenas representaron el 12,4 por ciento.

Las razones fueron halladas por  la misma entidad en una encuesta entre sus asociados: al lado del aumento del dólar, los comerciantes declararon que  el cierre de la frontera los estaba arruinando.

En un principio los propietarios de locales pensaron que la medida anunciada por el presidente Nicolás Maduro no afectarían al comercio formal, pero pronto supieron que estaban totalmente alejados de la realidad. Y lo que es peor, que el nuevo panorama ocasionaría más pobreza, desempleo y contrabando.

Durante ese tiempo, en efecto, la economía se valió de los contrabandistas que burlaron la vigilancia de las autoridades a través de las 90 trochas que funcionan a lo largo de 134 kilómetros de frontera, para traficar con gasolina, principalmente.

El municipio entró en un proceso decadente. Todos los sectores comerciales empezaron a sentir una crisis económica nunca antes vista.

Los productos de aseo que se conseguían, por ejemplo, eran los reciciclados por los nuevos actores que entraron al mercado, los fasificadores, que trataban así de suplir la creciente demanda nacional, que por supuesto decidió no volver a Maicao cuando descubrió el engaño.

El comerico fue más informal que de costumbre, y aumentaron la delincuencia y la prostitución.

La reapertura era, entonces, la decisión política más esperada. Pero la esperanza se fue desinflando con el pasar de los días.

Los casi 180 mil venezolanos que cruzaron la línea en los primeros díez días, lo hicieron, o bien para comprar medicina o bien para adquirir algunos viveres y abarrotes que en Venezuela no se consiguen.

Con los crespos hechos se quedaron los sectores de ropa, calzado, electrodomésticos, llantas, licores y cacharrería.

Héctor Maya, dueño de un supermercado de víveres, manifestó en efecto que sus ventas han mejorado en comparación de lo que vendía antes de la reapertura.
“Hay muchos venezolanos comprando productos al por mayor, lo que pasa es que muchas veces no tenemos la cantidad que ellos piden”, dijo.

El problema no solo es que del lado colombiano se agoten rapidamente las existencias; el asunto mayor es que del lado de Venezuela ya es muy poco lo que se puede traer.

Como además ha ingresado mucho Bolivar con el paso de los venezolanos, la tasa de cambio ha caído con relación el peso, según expresó Fabián Fuentes, quien comercia con divisas.

En síntesis Maicao se está quedando sin que vender y lo poco deja muy bajas ganancias.

Esa, al menos, es la conclusión de Bercelio Navarro, comerciante de la zona, que pidió una intervención del Estado para reactivar la economía maicaera.
“El gran comercio binacional lo desarrollan las grandes empresas, muy lejos de Maicao. Por aquí solo vemos pasar los camiones”, sentenció.

El alcalde Molina se sumó al pedido y dijo haber iniciado las gestiones para, por un lado, concretar en el menor tiempo posible la feria comercial y, por el otro, convencer a la Nación de que haga un aporte importante al fondo de frontera que arranca con los 20.000 millones de recursos propios del municipio.

“Que la crisis sea una oportunidad para pensar en grande”, sostuvo.

*Estudiante de la Universidad del Norte

 

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