“Manolete” murió como Joselito: texto de Guillermo Cano

El Espectador publica un fragmento de un texto del 29 de agosto de 1947 escrito por Guillermo Cano sobre Manolete. A quien consideraba el mejor torero de la época contemporánea.

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Archivo - El EspectadorFotografía de archivo de Manuel Rodríguez.
Hace año y medio – el martes 9 de abril de 1946- Manuel Rodríguez, <<Manolete>>, charló en el grill room del hotel Granada de Bogotá con un cronista de este diario. <<Manolete>> le habló al periodista de su deseo de retirarse de los ruedos. Y le dijo: 
<<Estoy cansado… estoy extenuado. Y lo que es peor, amargado de los públicos… Este año torearé en España muy poco… Luego volveré a América y después nada más… Me retiraré de la fiesta…- No quiero vivir entre la vida y la muerte para satisfacer a públicos que cada día exigen más y que cada tarde son más injustos conmigo…>> (Le puede interesar: 30 años Sin Guillermo Cano)
 
Así habló <<Manolete>>. Estaba decepcionado de la fiesta… Tal vez presumía en el fondo la enorme tragedia que le esperaba; entregar su vida en los ruedos, sin que una satisfacción de orden moral le llenara plenamente el corazón. Ganó, sí, dinero, cobró, sí, mucho, pero <<Manolete>> fue arrojado faltamente por los públicos –trágico paralelo con <<Joselito>> - a la muerte. Él lo presumía cuando el mismo 9 de abril dijo a nuestro cronista: 
 
<<La lucha con el público es otra clase de lucha… Es más temible si se quiere. Al toro se le puede dominar con un pedazo de tela o de seda. Al público solo con la sangre y con el corazón…>>
Y así fue <<Manolete>>, para dominar al público tuvo que entregar ayer en una plaza pequeña – Linares, capital de la provincia de Jaén, que cuenta con 49.500 habitantes- su corazón y su sangre. Hacía escasos tres meses en la plaza Monumental de Madrid había puesto su cuerpo a merced de la fiera, porque en los tendidos había descontentos que lo silbaban… La lucha de <<Manolete>> a través de ocho años de profesional del toreo no fue solamente contra el toro. Lo fue, y en grado mayor hasta encontrar la muerte, con los hombres. 
 
Lo que es <<Manolete>>
Este es un preámbulo que hemos hecho antes de ofrecer a nuestros lectores datos biográficos del que fuera en vida y el que ha de seguir siendo en la muerte por muchos años el mejor torero de la época contemporánea de la fiesta, datos que sirven para ofrecer con la mayor claridad posible la personalidad íntima de <<Manolete>>, su grande honradez, su extraordinaria casta, su magnífica grandeza. (Le puede interesar: Así era la vida de Luis Cano, tío de Guillermo Cano)
 
Manuel Rodríguez <<Manolete>>, nació en la ciudad de Córdoba, provincia de Andalucía, el 5 de julio de 1917, es decir contaba al morir con 30 años y unos pocos días. Estaba en la flor de la juventud. Hijo de doña Angustia Sánchez y de Manuel Rodríguez Sánchez –ya muerto-, fue por sangre un torero. Su padre fue torero, lo mismo que su abuelo y sus tíos. Al abandonar los estudios de bachillerato que iniciara a muy temprana edad para lanzarse a las plazas de toros, tomó el apodo de <<Manolete>>, siendo el tercero de su familia que lo usaba y el quinto que ostentaba en la historia de los toros ese apodo.  (Le puede interesar:  Gabriel Cano Villegas: untado de tinta
 
Persona ilustrada medianamente –escasos estudios de bachillerato-, <<Manolete>> poseyó una arrolladora personalidad y una extraordinaria simpatía. Sus primeras armas en los toros fueron destacadas taurinamente sin que en un principio  pudieran los aficionados o críticos descubrir la grandeza creadora del genio. Pasó inadvertidamente, lidiando una serie de novilladas en plazas de poca importancia sin atreverse nunca a llegar a la capital de España, hecho ya todo un torero. Hacía cinco años que <<Manolete>> actuaba en las plazas –vistió por primera vez el traje de torear en el  año de 1934- y acababa de terminar la Guerra Civil española. En el año de 1939 y en plaza de toros de Sevilla a la edad de 22 años, <<Manolete>> recibió la investidura de matador de toros de manos de <<Chicuelo>> con toros de don Clemente Tusara, actuando como testigo de la ceremonia <<Gitanillo de Triana II>>. 
 
Se realiza el prodigio 
 
Tres meses pasaron desde el día en que tomó la alternativa en Sevilla. <<Manolete>> realizó una temporada triunfal en la que se perfiló ya, aunque con rasgos un poco diluidos, la personalidad artística del que sería en un futuro no lejano el primer torero de la época. Se acercó <<Manolete>> a Madrid. Había cumplido su promesa de no actuar en la capital española hasta no sentirse cuajado y el 12 de octubre del mismo años de 1939 en plaza llena con toros de don Antonio Pérez Tabernero, recibió de manos de Marcial Lalanda, y actuando como testigo Juan Belmonte y Campón, la confirmación de la alternativa. Así es como don Juan Belmonte padre, como un rasgo de especial significado, rejoneó y toreó una de las reses de don Antonio Pérez Tabernero. 
Ese mismo día, el inolvidable 12 de octubre de 1939, <<Manolete>> surgió de entre el montón a la cumbre del toreo. Realizó en el toro de su alternativa la primera gran faena, que fue como un adelanto para los privilegiados de la que sería su toreo perfecto. Allá en la plaza de Madrid ese 12 de octubre, <<Manolete>> inició la reforma del toreo, al pararse en terrenos absurdos, y al aguantar y templar como nunca nadie lo había hecho. 
 
Surge la figura 
Fue esta su primera consagración como figura del toreo. Cada día de cada mes de los que siguieron a octubre era una hazaña más para el torero al que ya comenzaba a calificarse entre el público con los apodos de <<Monstruo>>, <<Califa>> y <<Séneca español>>. 
Toreó en ese año de 1939 dieciséis corridas como matador de toros. 
 
Las siguientes temporadas 
Sería largo y engorroso relatar la serie de triunfos logrados por <<Manolete>> a partir del día en que tomó la alternativa. Diremos que en 1940 toreó 50 corridas; que en 1941 el número de festejos se elevó a 55; que en 1942  subió a 72, siendo esta la temporada más grandiosa realizada por el <<monstruo>> en su vida gloriosa en los toros; en 1943 toreó 75 corridas y perdió un buen número a consecuencia de los percances de alguna importancia sufridos el 15 de agosto en el puerto de Santa María y el 11 de septiembre de Albacete. 
 <<Manolete>> guarda un recuerdo de esas  cornadas. Volviendo a la charla de nuestro periodista con <<Manolete>>, el 9 de abril de 1946, el <<monstruo>> dice: 
<<En el momento de recibir las cornadas no se siente dolor porque se le entumece a uno toda la parte afectada… Después no crea usted que es como un dolorcito de estómago… Es lo más terrible… La cornada la sigue uno sintiendo dos o tres semanas… Después se le olvida por completo… Toreando a gusto todo se olvida…>>.