En Medellín, hasta la basura florece

El antiguo basurero municipal es hoy un jardín de 30.000 metros cuadrados, gracias al trabajo conjunto de la comunidad y la Alcaldía.

La siembra de plantas es una de las formas que utiliza la comunidad para la recuperación del cerro de Moravia. / Luis Benavides

Durante 35 años, el morro de Moravia fue el botadero de basura de Medellín. Después de su sellamiento en 1983, miles de personas se asentaron allí, la mayoría desplazadas de otras regiones del país. Los lixiviados y los miles de toneladas de basura eran una bomba de tiempo para los habitantes, que con frecuencia sufrían el incendio de sus ranchos de madera debido a los gases. La Alcaldía de Medellín dio inicio a un plan de reasentamiento de las 2.138 familias, la mayoría de las cuales ya fueron reubicadas en otros sectores de la ciudad. Sin embargo, se debía iniciar un proceso de recuperación del morro para entregarlo a la ciudad como un espacio verde y libre de contaminación. Es así como nace el proyecto “Moravia florece para la vida”.

 Un cambio impensable

 Hasta hace cerca de 10 años era impensable que la montaña de basura que se observaba desde el metro, al pasar por la estación terminal al nororiente de la ciudad, se transformara en un cerro multicolor y lleno de vida. Genis Soleno es madre cabeza de familia y tiene a su cargo cuatro hijos; gracias al proyecto labora aquí desde noviembre. Ella pertenece a una de las 255 familias que aún quedan por reubicar. “Estaba desempleada y me salió trabajo aquí. Es muy duro porque estar aguantando sol es difícil, pero se ven los resultados”.

Nora Gutiérrez también vive en Moravia, desde hace nueve años. Hace cinco meses se integró al proyecto y ha visto la transformación del lugar. “El barrio era muy violento, ahora uno puede salir tranquilo. Me siento privilegiada de vivir aquí”.

Ellas hacen parte del grupo de 47 personas, 35 de ellas mujeres, que trabajan en la siembra de 50.000 plantas de 47 especies ornamentales que han cambiado la imagen degradante de basura por miles de matas de colores que invitan a recorrer el lugar. “Empezamos la recuperación ambiental en septiembre de 2013. Hemos logrado intervenir 30.000 metros cuadrados en cuatro parcelas donde estamos recuperando los suelos a través de plantas y microorganismos”, explica María M. Duque, coordinadora de campo del proyecto.

Una de las fortalezas del proyecto es el empoderamiento de la comunidad. Todos los que trabajan aquí son habitantes del barrio, por lo tanto sienten más orgullo y amor por su labor.

En 20 días estará listo el vivero donde comercializarán orquídeas, bromelias y bifloras. “Este es un proceso único en el mundo: transformar un basurero a cielo abierto en lo que vemos. Estamos desarrollando investigación de algunas especies para ayudar a la descontaminación, tenemos tres plantas para el tratamiento de lixiviados y es un trabajo que debe continuar”, aseguró Julio Castro, gerente de Moravia.

Como obra complementaria se construye el Corredor del Arte y la Memoria, compuesto por 300 metros lineales en los que los habitantes plasmarán historias del barrio, uno de los más densamente poblados de la ciudad. Se espera que en 15 años el cerro esté recuperado, libre de sustancias peligrosas para los seres humanos. La iniciativa fue presentada en el marco del Foro Urbano Mundial como un ejemplo de recuperación de espacios para el disfrute de las comunidades.

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