Medellín le apuesta a la animación

Veintitrés artistas trabajan en un proyecto pionero: el primer estudio de animación para cine y televisión de Colombia.

En un espacio amplio e iluminado de una biblioteca de Medellín, comunicada directamente con Canadá, un grupo de 23 artistas, con pulso de carpintero, le dan vida a los movimientos del plomero Manny, el dibujo animado de Disney Channel, y a Las aventuras de Chuck y sus amigos de Hub Channel.

Es el único estudio de animación para cine y televisión de Colombia y son los únicos animadores del país que hoy están realizando y exportando producciones como estas. Lo asegura Javier López, vicepresidente de desarrollo de negocios de Pipeline Studios Inc. (PSI), empresa canadiense de dibujos animados.

López dice que el proyecto es el resultado de una idea que surgió a principios de 2009, cuando Francisco Santos, entonces vicepresidente de Colombia, asistió a un encuentro de empresarios organizado por Proexport en Toronto para traer inversionistas al país.

Allí, voceros de PSI, compañía conformada por varios colombianos, expusieron la idea de expandir su mercado a Latinoamérica. Argumentaron que habían pensado comenzar operaciones en México, por que este país, junto con Brasil, son los únicos de la región que tienen este tipo de industria. Santos, dice Javier, les propuso desarrollar el proyecto en Colombia.

A principios de 2010, representantes de PSI llegaron al país. Al no encontrar ni la industria ni el mercado ni el personal, le propusieron al Gobierno comenzar con una capacitación, para luego ellos comprometerse a traer trabajo.

Pensaron crear el estudio en Bogotá. Pero al visitar Medellín encontraron allí la Ruta N, un centro de innovación que promueve negocios basados en el conocimiento.

Con estas condiciones surgió un proyecto de cooperación entre PSI, la Alcaldía de Medellín y el Instituto Tecnológico Pascual Bravo, para crear un estudio —con una inversión de $500 millones—, que tiene conexión con los de PSI en Canadá.

Luego, junto a Ruta N, hicieron una convocatoria para atraer a las personas que venían haciendo animaciones. No eran muchos. Aparecieron 25 y, de estos, 15 pasaron la prueba.

Entre ellos está Julián Baquero, un cordobés que estuvo un año en Brasil estudiando animación; el bogotano Camilo Escárraga, que se trasladó a Medellín detrás del sueño de toda su vida, y el paisa Esteban Ramírez, diseñador gráfico que asegura que no dejaría esta oportunidad laboral así le hagan una oferta económica tres veces mejor.

Cuando apenas comenzaban a capacitarse, PSI recibió una oferta de Hasbro Toys, una productora de juguetes. Javier no la desaprovechó. Junto a su equipo comenzó a trabajar con los aprendices, quienes ya tenían experiencia como autodidactas.

El reto era enorme. Había que acercarse al estándar de producción y calidad de los mejores animadores, que a la semana producen 40 o 50 segundos de animación de alta calidad. Es decir, lo que se demora Manny en descolgar el teléfono, hablar con un cliente, poner el lápiz sobre su oreja, acomodar sus herramientas y salir a la calle.

Los aprendices, quienes no necesariamente deben ser profesionales sino talentosos, debían trabajar con cuidado de cirujano para que los ojos de Manny se movieran en el momento justo o para que la sombra que refleja la gorra en su rostro fuera la adecuada.

En ese momento, apenas podían producir una escena de 10 segundos a la semana, y no de la mejor calidad. Sin embargo, profesores de la talla de Stephen Barnes, un animador de Toy Story, nivelaron al grupo al punto que hoy, dice Javier, están cerca de lo que pueden hacer los animadores canadienses.

El grupo crece. El viernes 26 de agosto, después de tres meses de capacitación, otras 25 personas recibieron un certificado y ya hacen parte de un reducido grupo de colombianos altamente capacitados en animación 2D y 3D, dice López.

Aunque esta industria nació por lo alto en Medellín, el empresario agrega que el propósito es que el país entre como jugador a una industria del entretenimiento (animación y videojuego) que deja al año, según un estudio de Digital Vector para Proexport en septiembre de 2010, US$272 mil millones al año.

Si el negocio naciente en Medellín se consolida, más colombianos como el bogotano Escárraga se quedarán sin aire al ver por primera vez su trabajo y su nombre y los de sus compañeros en los créditos de una producción que ven millones de televidentes en varios países del mundo.

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