"Es mejor hacer que no hacer"

Toca meter la cabeza en las cosas que lo ameritan. Uno no se debe dejar amedrentar por la vida ni por sus condiciones, porque lo más rico es sentirla.

“Cuando se cumple algo, incluso sabiendo que hay peligro en el hecho mismo de actuar, se siente rico. Es mejor hacer que no hacer. Y mi papá hizo, hizo hasta donde pudo, hasta donde el narcotráfico lo dejó. Cuando uno cree que algo está mal va en contra de eso y a toda costa pelea para cambiarlo. Eso hicieron Guillermo Cano, varios de los sacrificados de El Espectador y mi papá, Héctor Giraldo. Ellos tenían su modo de vida, su formato de lucha, su manera de oponerse a lo que no consideraban correcto. Yo, que también trabajé en el periódico cuando estalló la bomba que destrozó las instalaciones de nuestro diario, sabía que todos estábamos metidos en el cuento de la pelea contra el narcotráfico, contra no dejarnos amilanar por el terror de aquellos que querían callarnos. Todos, absolutamente todos, estábamos asumiendo los retos que eso implicaba. Que fuéramos a barrer los vidrios rotos de El Espectador, ese hogar, demostraba que era nuestro mundo y había que dar la lucha por él. Al final, los que murieron terminaron por sacrificarse con sus ideales. Eso fue lo que pasó. Más que un bonito y ejemplar recuerdo no ocurrió nada más. No hubo, ni hay, un cambio significativo.

O bueno, sí, la droga está más cara. Digo, precisamente, porque es un fenómeno económico. Si hay alguien que la está vendiendo, pues es porque otro alguien la compra. Mientras haya mercado, habrá droga. Eso es una pelea que está perdida. Después de 20 o 30 años lo único que nos queda es una completa desfiguración de la realidad, de todo lo que pasó en esa época. La historia se volteó y ahora Pablo Escobar es un héroe. Sus hijos están aprovechando los hechos para comerciar con la curiosidad que despiertan sus crímenes. El año pasado estuve en el parque ese, la finca de Pablo Escobar, la Hacienda Nápoles. Me fui para allá con mis hijos de turismo y cuando entré me encontré un montón de vallas publicitarias de nuestros excelentísimos gobernantes, senadores y representantes con el hijo de Pablo Escobar como si nada hubiera pasado. El parque es una alegoría a Escobar, o sea, una completa desfachatez y una propaganda absoluta al capo. Como si aterrar y matar gente fuera un gran éxito.

Hoy, como hace décadas, se teje en torno al narcotráfico una ficción para que nos quedemos tranquilos. Es decir, la guerra abierta en la que nos disparamos y nos tiramos bombas se soluciona con una supuesta entrega de todos estos narcos a la justicia. Eso fue una película que conocimos, pero que era mentira. ¿Cómo se iban a entregar si su poder era mayor al del Estado? ¿Cómo? Este acto fue sólo una buena escena de teatro. Igual, su entrega no me iba a devolver la vida de mi papá. No iba a traer sus consejos de vuelta. Eso es lo que más extraño: sus consejos. Él era una persona supremamente pragmática, el poder llamar a las cosas por su nombre es una cualidad que no tienen muchas personas y él la había desarrollado. Cuando le ponía nombre a eso que no le gustaba, empezaba su lucha, su pelea para cambiar aquello que no compartía. Asumía sus deseos y riesgos en la vida. Era feliz haciéndolo y al final así se fue: comprometido con sus decisiones”.

 

* Hijo de Héctor Giraldo.