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hace 2 horas

Permacultura, tendencia que gana terreno en Villavicencio

La Pacha, una pequeña finca en la vía a Caños Negros, es el primer ejemplo de esta práctica, cuyo objetivo es el reciclaje, los cultivos orgánicos y los baños secos.

La finca de Fernando e Isabel es una granja experimental para promover las buenas prácticas agrícolas, entre otras. /Periódico del Meta

La Pacha es una pequeña finca de dos hectáreas en la vía a Caños Negros que no tiene nada en particular vista desde la carretera. Solo cuando los visitantes, muchos venidos de otras regiones del país, entran a explorarla, se dan cuenta que están ingresando a una especie de ‘dimensión desconocida’, pero biológicamente sostenible.

Este es el único centro de permacultura que existe en Villavicencio; una especie de granja experimental donde todo, absolutamente todo, se recicla y cumple un ciclo cerrado en donde muere, para volver a crecer, se usa y vuelve a morir.

La permacultura es un concepto nuevo en Colombia que tiene que ver con “la aplicación de éticas y principios de diseño universales en planeación, desarrollo, mantenimiento, organización y la preservación de hábitat apto de sostenerse en el futuro”, la organización Tierra Mor.

En otras palabras es pasar de la teoría a la práctica, ser coherente y dejar de lado tanta retórica en torno al medio ambiente, para empezar a vivir una vida que nos complemente no solo con la naturaleza sino con los elementos que rodean la cotidianidad.

“Esto es pensar en calidad de vida hacia el futuro. Ahorita pensar en orgánico es difícil pues se necesita tiempo, paciencia, y es lo que muchos no tienen. Pero en eso consiste en empezar a hacerlo. La maestra es la naturaleza y dejar que ella funcione”, dice Fernando Rodríguez, un bogotano que cuando enfermó su madre se vino con ella a vivir a Villavicencio, pues el clima le beneficiaba.

Dice que la permacultura es algo que se ha hecho toda la vida y que los pueblos ancestrales lo practicaron y vivieron en armonía siempre con la naturaleza. Lo más complicado, afirma Rodríguez, es desaprender lo que la modernidad ha enseñado para que dependamos de ella.

“El planeta nos está necesitando, está haciendo un llamado de auxilio. La idea es poder atenderlo. Aunque creo que esto es un cáncer lento que lo va consumiendo, si lo seguimos contaminando y depredando”, sostiene el practicante de la permacultura, quien asegura tener un poco de frustración cuando lleva el mensaje a las universidades y no siente interés entre algunos jóvenes.

Lo que hacen

En La Pacha, además de hacer talleres de permacultura con los visitantes, tienen una variedad de cultivo orgánico que potencializa el Sol para motivar el crecimiento. Una de las huertas consta de varias capas de materia orgánica y seca, tierra abonada y troncos de madera. Estos últimos conforman una de las primeras capas, su descomposición es una fuente constante de nutrientes, además de actuar como una esponja que retiene agua. Las siguientes capas son materia verde, tierra mezclada con bocashi, aserrín o viruta para dar aireación y minerales.

En otra parte de la finca se construyen baños secos, los cuales tienen la particularidad no solo de no usar agua sino reciclar el estiércol para la fabricación de humus, pues cuando se fermentan y deshidratan producen dicho producto final utilizable y valioso para el suelo y que no causa daños al medioambiente. Increíblemente no genera malos olores.

Fernando y su compañera, Isabel García, construyen ahora un rancho para atender su panadería a base de cob. El cob es un material de construcción que en La Pacha se fabrica a base de estiércol, paja y barro común de tierra. Similar al adobe, necesita es calcular las proporciones para tener una edificación antisísmica y climatizada.

“A la gente le da miedo cambiar, atreverse a cuestionarse. El miedo a la transformación es una de las limitantes que tenemos”, puntualiza Isabel García.

El oasis de La Cosmopolitana

Aunque no practica la filosofía de la permacultura, la reserva natural La Cosmopolitana, en Restrepo, es otro ejemplo de los esfuerzos que se hacen para conservar la naturaleza.
En un espacio de 13,8 hectáreas se convirtió en un centro agroecológico donde ha recibido visitas de universidades alemanas, japonesas y colombianas. Curiosamente, son los llaneros los que menos conocen este oasis de vida.

“Todo funciona mediante un Sistema Agroforestal Sostenido. Aquí no se desperdicia nada y todo vuelve a la naturaleza tarde o temprano. Creemos que las semillas no deben ser modificadas, por eso hacemos trueque de nuestras semillas con los campesinos de la región”, dice Wilder Morales, uno de los guías de la reserva.

El cerebro de La Cosmopolitana es Roberto Rodríguez, un ingeniero agrónomo quien también afirma que debió desprender su profesión para darse cuenta que muchas de las respuestas estaban en la naturaleza.

“Mi sueños es poder ver cómo se multiplica esta experiencia en otras partes del Meta. Hemos capacitado a 5.000 campesinos de la región en métodos y técnicas de agricultura limpia y ver que ya lo ponen en práctica es muy satisfactorio”, afirma.

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