“Mi hijo presintió su muerte”

Héctor Henao recuerda la última conversación de su hijo con su mamá, en la cual le decía que él se moriría primero, como si presintiera lo que estaba por ocurrir.

Héctor Henao perdió a su hijo en la avalancha ocurrida hace ocho días en Salgar, Antioquia. Luis Benavides

En la parte alta del corregimiento La Margarita se conserva en pie la casa de don Héctor Henao, una típica finca de ventanas rojas. Junto con otra pequeña casa ubicada al frente, a unos 100 metros, son las únicas que no fueron borradas por la avalancha que arrasó con Salgar, Antioquia.

Don Héctor mira desde la distancia su casa y recuerda con inmensa tristeza lo ocurrido en la madrugada del 18 de mayo. “El domingo estábamos en la casa con mi hijo, Lubián Danilo, mi nuera Tatiana y mi nieta Luciana. No recuerdo qué estábamos hablando, pero en un momento mi hijo le dijo a la mamá: ‘Yo me voy a morir primero’. Seguimos la conversación sin imaginar lo que iba a pasar”.

Ese día llegó una visita a su casa y se quedó a dormir. Para ellos tenían prevista una vivienda que se encontraba en la parte de abajo de la finca. Lubián les dijo a sus papás que él se iba para allá con su esposa y su hija para que quienes llegaron de paseo se quedaran más cómodos en la casa, y así lo hicieron.

“Nos acostamos y en la madrugada se vino esa avalancha tan horrible”, relata Héctor. El sonido de la furia de la quebrada era aterrador. Cuando sintieron el estruendo salió a la puerta y pudo ver que la quebrada estaba a pocos metros de su casa, el cauce se había salido más de 100 metros, dice. Miró hacia abajo y se dio cuenta de que la casa donde dormía su hijo con su familia ya no estaba. “A mí me dio mucha impresión ver eso. La quebrada furiosa se había llevado todo, todo, pero yo tenía la esperanza de que ellos hubieran salido”.

Con la luz del día pudo ver mejor la magnitud de la tragedia. Buscó a su hijo, su nuera y su nieta, pero nada, las esperanzas de que estuvieran vivos se apagaron. “Yo perdí media vida, esto es muy doloroso”.

Lubián Danilo tenía 21 años, su esposa 16 y su bebé apenas dos meses de vida. “No era para este mundo, no alcanzó a vivir nada esa criatura”, dice con vos entrecortada este campesino de 53 años.

Héctor tiene otras dos hijas que viven en Medellín. Para su hijo Lubián estaba pagando una casita para que viviera en el pueblo con la familia. Hasta ahora sólo han podido rescatar su cuerpo. El de su esposa y su bebé aún están desaparecidos.

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