Muerte Tóxica, banda venezolana de metal que llegó a Bogotá huyendo de su país

Vinieron con su música para huir de las dificultades de Venezuela y aprovechar las posibilidades de la capital colombiana. Su próximo destino será Argentina.

Revista Directo Bogotá

Es difícil vivir del metal en Latinoamérica. A decir verdad, casi imposible. Cada año salen decenas de bandas que tocan este género en nuestro continente, y los ejemplos de éxito comercial se pueden contar con los dedos de las manos.

Muerte Tóxica es una agrupación de metal originaria de Caracas. El proyecto nació con Johancy Serrano, vocalista, y Jhonattan Ruiz, baterista —ahora mánager de la banda—, en 2009, luego de que ambos se conocieran en una banda de rock llamada 9 Minutos. “Poco a poco nos fuimos dando cuenta de que nuestra influencia era más por el lado del metal y decidimos iniciar Muerte Tóxica con el bajista Yordan Hernández, al que arrastramos de nuestra anterior banda”, cuenta Johancy, un muchacho de pelo largo y piel morena llena de tatuajes. La formación se completó con el guitarrista Anderson Daza. Más tarde, se incorporó a la agrupación el guitarrista Jesús Contreras.

La banda tuvo su explosión en el 2011 desde entonces empezaron a proyectarse por lo alto.  Hicieron alrededor de 30 conciertos en Venezuela desde 2011 hasta este año, según cuenta Jhonattan, quien también ha venido a Colombia con el proyecto musical a pesar de que ya no es el baterista de la banda. Desde entonces, empezaron a mirar la posibilidad de venir a Colombia, en parte debido a la experiencia que acumuló Jhonattan al trabajar como roadie (personal de apoyo en las giras musicales). “Decidimos venir a Colombia porque básicamente es como un trampolín. A pesar de que haya situaciones similares a las que ocurren en Venezuela, aquí igual hay público”, dice Johancy.

El impulso de la represión

Claro que la crisis actual de Venezuela influyó bastante en la decisión de Muerte Tóxica porque los padres de Jhonattan se vinieron para Bogotá debido a las duras condiciones de vida en Caracas, y él se sumó al exilio. “Ha sido duro continuar con mi trabajo de roadie, pero poco a poco se me han ido abriendo las puertas”, dice Jhonattan, quien ha tenido la oportunidad de trabajar en algunos conciertos grandes, entre ellos uno de Fulanito, agrupación de merengue, en Cúcuta.

Y fue Jhonattan quien el pasado mes de abril convenció a la banda de venir a Colombia a “echarle bola” a su proyecto musical. Pero no todos pudieron viajar, y como Jesús Contreras tuvo que quedarse en Caracas, Juan Monsalve entró a ocupar su puesto como guitarrista. Jhonattan cedió su puesto de baterista a Leonardo Quiroz, también venezolano, y la formación de la banda se ha mantenido estable hasta hoy, aunque Yordan, el bajista, tuvo que regresar a Venezuela.

“Fue gracias a Omar Velasco Omaña de República del Rock en Cúcuta, que pudimos organizar un primer evento en esa ciudad donde nos recibieron muy bien”, dice Jhonattan.

Bienvenida la música pesada

Los integrantes de Muerte Tóxica no son los únicos músicos venezolanos que han venido a Bogotá a probar suerte. Según Jhonattan, hay muchos músicos venezolanos de todos los géneros en Bogotá. Pero en el ámbito de la música pesada, menciona dos bandas en particular, Deus Ex Machine y Verminius.

Sin embargo, los músicos en Bogotá ni en América Latina la tienen fácil. “Existe una situación complicada en toda Latinoamérica. Por el hecho de ser una banda reciente, no quieren pagar el trabajo; tampoco se tiene mucha noción de producir eventos. Hay algunos organizadores que han cumplido con lo que nos han prometido y eso nos ha sorprendido gratamente, pero no son todos”, dice Jhonattan. Esto los ha obligado a buscar otras fuentes de subsistencia. “Actualmente, para autogestionarnos, Leonardo, el baterista, y yo estamos trabajando en la sede de Cocheros de la calle 97, y Jhonattan en Rappi. Así es como nos vamos autogestionando porque en América Latina la gente está más acostumbrada a los ritmos latinos”.

Es claro que Muerte Tóxica no es la típica banda de metal. Su trabajo, entre el que encuentran dos videoclips en YouTube con más de 4.000 visitas cada uno, no se puede enmarcar en un subgénero exclusivo del metal, sino que recoge elementos del thrash, el groove y el metalcore. Incluso mencionan influencias del hard rock y del rock progresivo. Esto los ha llevado a clasificarse dentro de una denominación propia que ellos denominan toxic metal. Y ese estilo propio los ha llevado a encabezar eventos en varias ciudades del país como Manizales, Pereira, Duitama y Bogotá.

Aunque Jhonattan insiste en que la banda ha tratado de ser lo más apolítica posible, sí han incluido elementos de crítica y denuncia política sobre la situación de Venezuela en algunas de sus canciones. Esto se puede ver en Resistencia, una de sus canciones más conocidas, en donde critican duramente el régimen de Nicolás Maduro y la represión violenta que ha llevado a cabo; así mismo, busca dar un mensaje de esperanza a las personas que siguen luchando por el país. La banda incluso se ha hecho amiga de algunos exiliados que actualmente viven en Bogotá.

Y aunque la banda agradece la acogida que han tenido en Bogotá, el plan de la agrupación es seguir viajando. “Nosotros luego queremos ir a Ecuador, eventualmente a Chile, pero deseamos establecernos en Argentina porque allá la movida está mucho más profesionalizada, hay más espacios para las bandas”, dice Johancy.  

A estos jóvenes venezolanos no parece asustarles las duras condiciones de los músicos de este género en Latinoamérica, ni les asustó tener que salir de su país para afrontar su sueño. “Yo fui el primero en decirle a esta banda que no nos íbamos a quedar encerrados en una sala de ensayo”, cuenta Jhonattan. “Si Slayer lo pudo hacer, ¿por qué nosotros no? Y Tom Araya, el vocalista, es chileno. No es imposible vivir de esto, y queremos hacerlo”.

*Este artículo fue publicado por la Revista Directo Bogotá, de la Pontificia Universidad Javeriana