Los carteles de Sinaloa, los Zeta y Jalisco

Narcoajustes mexicanos en Colombia

En Medellín y Bogotá cada día es más notoria la presencia de los carteles de droga mexicanos, que hoy son los únicos con rutas directas a Estados Unidos. Un narco en la clandestinidad y dos autoridades que los persiguen explican cuál es el interés por afianzarse en Colombia.

Las autoridades colombianas volvieron a la época de los grandes decomisos, como en los años 90. / Archivo

“A un avión le caben 2.500 cajas, pero en un vuelo metimos 1.920. Si es un avión de 20 pasajeros, no arranco con menos de 1.500. Esto no es un negocio para pobres”, dice el Narco. Cuando habla de “cajas” se refiere a kilos de cocaína. “A los de México se les tiene que enviar pura. Allá la cortan, pero todos los cortes no son buenos. Los que mejor cortan son los colombianos”, agrega. Los embarques van para Nicaragua, Honduras o Guatemala, donde la gente del Mayo Zambada los recibe. Don Mayo es actualmente uno de los líderes del cartel de Sinaloa.

El Narco, que traquetea desde tiempos de Escobar, recalca que toda la droga que sale de Colombia, o al menos la que su organización envía, hace tránsito por Centroamérica. “Ahora mandamos mucho para África, y nos metemos a Europa, vía España y Portugal. Sin embargo, el mercado final sigue siendo Estados Unidos, llegando previamente a México. “El que diga que tiene forma de ponerla directamente en Estados Unidos, miente. Eso lo hacen los mexicanos. Ya no son los tiempos de Pablo Escobar. Ahora los que mandan son los mexicanos”.

Los comentarios del Narco, un encubierto personaje interrogado por El Espectador, coinciden con lo que afirman analistas del conflicto armado en Medellín. Desde 2012, los mexicanos llegaron para pelearse el negocio. Primero fueron los del cartel de Sinaloa. La guerra entre Maximiliano Bonilla, alias Valenciano, y Ericson Vargas, alias Sebastián, interrumpió el flujo de cocaína que llegaba a México. Entonces decidieron ubicarse en Colombia para restablecer el orden. A comienzos de 2013 su determinación fue fortalecer la fracción integrada por herederos de Sebastián, tales como Soto, Diego Chamizo o Tom Chatas.

En esa época ya en la región de Urabá las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC) venían trabajando con los carteles mexicanos. De hecho, permitieron su entrada a los territorios. La ayuda financiera del cartel de Sinaloa ha sido clave para fortalecerse. El Narco, que manda droga para el Mayo Zambada y que también fue hombre de confianza del extraditado Daniel Rendón, alias Don Mario, ahora trabaja con Otoniel, cabecilla de las AGC, y cuenta que las AGC trabaron en alianza con el ala heredera de Sebastián y los mexicanos se quedaron con algunas rutas del perdedor Valenciano. Ese fue su ingreso oficial a Medellín.

La Oficina ganó y ubicó su centro de operaciones en Bello. Pero luego se metieron las AGC y el cartel de Sinaloa. El 13 de julio de 2013, ante el incremento de la violencia en la ciudad, las AGC y La Oficina concertaron una reunión en el municipio de San Jerónimo, a las afueras de Medellín, para firmar el “pacto del fusil”. En concreto, una tregua para bajar homicidios entre criminales. Con el tiempo, los expertos evidenciaron el aumento de los mexicanos, no sólo del cartel de Sinaloa, sino de los Zeta. Este cartel, apoyado por exmilitares, entró como brazo armado del cartel del Golfo mexicano.

De manera reiterada, desde anteriores administraciones a la actual, la posición de la alcaldía de Medellín es insistir en que los mejicanos sólo están de paso. Incluso, en su momento el general Rodolfo Palomino, entonces director de la Policía, negó que estuvieran en las comunas de la ciudad. Pero fuentes de la Fiscalía y la Policía admiten que el cartel de Sinaloa sí tiene presencia activa. Incluso, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos ha insistido en que existen nexos entre los mafiosos de Sinaloa y La Oficina, aunque las autoridades de Colombia tengan opiniones divididas sobre esta perspectiva.

Luis Fernando Quijano, analista de la guerra urbana en Medellín, con muchos años desentrañando secretos de la mafia en Antioquia, lo advirtió y fue amenazado. Pero en septiembre de 2014, el entonces director de la Policía Antinarcóticos, general Ricardo Restrepo, lo reconoció: “Se ha detectado que hay carteles mexicanos en Colombia”. La revista mexicana Proceso aseguró que desde 2013 el Chapo Guzmán ordenó estrechar nexos con organizaciones en Medellín. En febrero de 2014, el secretario de Seguridad, Iván Darío Sánchez, emitió una alerta por la presencia del cartel de Sinaloa.

“Los Zetas se ubicaron después en las comunas 8 y 13 y en el corregimiento de San Cristóbal. Luego se les empezó a nombrar por el corregimiento de Altavista. Son como una suerte de mandos medios que han llegado para tratar con diversas organizaciones delincuenciales ligadas al narcotráfico. En cambio, los del cartel de Sinaloa son patrones, son duros y vienen a hacer o destrabar negocios grandes. No es cierto que tengan ejércitos en la ciudad, pero los patrocinan”, recalca un oficial antinarcóticos, que ni siquiera acepta que se mencione su rango, aunque señala que su misión es infiltrar a esos carteles y lo hace desde 2014.

En septiembre de 2016, durante la Operación Jinete, adelantada por la Policía colombiana y la DEA, fue arrestado en Medellín alias Silverio, de origen mexicano y pedido en extradición por Estados Unidos. En ese mismo operativo, en Cali fue capturado alias Jota y se descubrió que era otro enlace mexicano que enviaba cocaína desde buques que zarpaban desde Buenaventura, en el Pacífico, y Santa Marta, Cartagena y Barranquilla, en el Caribe. Jota figuraba como dueño de una empresa de exportación bananera. También fue capturado en Medellín Irineo Sánchez, enlace de los Zetas.

A inicios del año 2017, el fiscal Néstor Humberto Martínez reportó “102 investigaciones que vinculan a 103 ciudadanos mexicanos”. El Narco que habló con El Espectador tiene una explicación: “Los que la embarran son los de La Oficina. Yo trabajo con ellos, pero son muy bandidos y el que más se equivocó de todos fue Tom, hoy capturado. Por eso los señores de México sostienen que prefieren trabajar con la guerrilla y, la verdad, yo también, por una razón: esa gente es más seria”. A la pregunta de si actualmente traquetean con la guerrilla o el clan del Golfo, el personaje responde: “¡Acá todo el mundo traquetea! Hasta con senadores me he sentado”.

En la práctica, Tom Chatas, capo capturado hace poco en Medellín, fue quien abrió una ruta exitosa desde el Pacífico, y también fue quien le dio la entrada a otro cartel mexicano, el de Jalisco Nueva Generación, enemigo declarado del cartel de Sinaloa. Los mismos que hoy desangran a México con su guerra. Según el Narco, Tom no quedó contento con las perspectivas de entrega de alias Otoniel y tampoco le gustó cómo iba a quedar repartida la torta con alias Inglaterra. Por eso buscó a los de Nueva Generación, lo cual no cayó bien ni en la ciudad ni a los señores del Sinaloa. Aun así, con esos manes Tom se tiró para abajo, para Tumaco y Buenaventura”.

La versión podría carecer de peso de no ser porque el 1º de marzo de 2017 la Policía anunció que, en una operación de la Armada y la DEA conocida como Valkiria, cayeron doce integrantes de los carteles mexicanos de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación, que enviaban mensualmente ocho toneladas de cocaína a sus socios mexicanos desde las selvas de Nariño. Entre los capturados estuvieron Onofre Júnior Aguiño Arboleda (el Ciego) y Luis Andrés Jilón Romo, ambos enlaces de Ismael Zambada García, el Mayo, líder del Sinaloa, y Nemesio Oseguera Cervantes, el Mencho, líder de Jalisco Nueva Generación. Todos con laboratorios para cristalizar droga en Tumaco.

“Es la misma guerra que se quiere imponer en Medellín. Al parecer, fue Tom quien le echó dedo a Inglaterra, que era como un hijo para Otoniel. Pero fíjense que a la semana exacta cogieron a Tom. Se la cobraron. Esa es una pelea de patrones y es claro que los patrones siempre caen por un sapo. Eso es lo que se ve ahora en Medellín; guerra por traiciones, ahora con protagonismo mexicano”, insiste el Narco. Sin embargo, el oficial de la Policía Antinarcóticos expresa: “Los mexicanos no tienen ejército y no es fácil que los antiguos combos de Medellín se dejen mandar por extranjeros. Lo que hacen es equilibrar el tablero en favor de cada uno”.

Hoy, las AGC delinquen en el norte de Antioquia, sobre todo cerca de Ituango y sus municipios aledaños, lo mismo que en el Bajo Cauca y por los lados de San Pedro de Urabá. Incluso, se han detectado zonas donde ordenan a los campesinos que o siembran o se van. Se hace por un pedido de los mexicanos, que presionan para pescar en el río revuelto. Un miembro del CTI, quien también prefiere la reserva de su nombre, añade: “Esto es crimen transnacional, narcotráfico global. Los narcos arreglan generales en Venezuela, transan con clubes aéreos y aeropuertos de Centroamérica y, por supuesto, pagan su seguridad en Colombia o México”.

“Por eso es difícil que un vuelo se caiga. Hay mucha plata invertida, de señores colombianos y de mexicanos. La montada de un avión puede costar hasta US$3.500 por caja. Si es por lancha, el pago puede llegar a los US$2.000”, detalla el Narco, quien señala convencido que no cree que el negocio se acabe. “No es que los mexicanos ahora manden, pero lo que sí es cierto es que cada vez más hay que entenderse directamente con ellos”. El riesgo es alto, pero se gana mucho: “Por una caja, en época estable, pagan hasta US$13.000 en Nicaragua, Honduras, Costa Rica o Guatemala. Si se entrega directamente en México, hasta US$16.000, pero crecen los riesgos”.

En síntesis, aunque las autoridades sean cautas para dimensionarlo, es claro que los carteles mexicanos están cimentando su poder en Medellín. Recientemente, reveló el Narco, había unos cargamentos que, por cuestiones de orden público, llevaban meses atrasados. Dos jefes del cartel de Sinaloa, uno de ellos segundo del Mayo llegaron a Medellín a destrabar la situación. Sin embargo, “la guerra de allá se trasladó a Medellín”. La situación se puso tensa. El funcionario del CTI lo ratifica: “el rumor fue además que tres duros de México estuvieron escondidos en Medellín, también buscando otro pacto para bajar los homicidios y reemplazar a Tom”.

Cierto o no, ya es evidente para las autoridades que los carteles mexicanos hacen presencia en Colombia para eliminar intermediarios, que financian grupos armados, pero que todavía no tienen ejércitos privados. Al parecer, no les interesa comprar otra guerra, aunque está demostrado que influyen en los índices de seguridad de la ciudad. El fiscal seccional Raúl González recientemente afirmó: “Hay alerta por la presencia de mexicanos en actividades ilegales en el país, pero ya estamos a nivel nacional en alerta y, con investigaciones en curso, vamos a judicializarlos”. Por ahora, cuatro miembros del cartel de Sinaloa fueron capturados en enero en Bogotá.

Al margen de estas precisiones, la coca y la cocaína aumentan. En noviembre de 2017, durante la Operación Agamenón, se incautaron 13,4 toneladas de cocaína en cuatro fincas de Urabá. En octubre, 11 toneladas cayeron en Holanda. Iban camufladas en cajas de banano procedentes de Turbo. En septiembre se encontraron siete toneladas en una finca de Apartadó, a nombre de SAS Floridita. Todas empacadas con sellos de carteles mexicanos. Las evidencias demuestran que el país sigue siendo el principal exportador de cocaína, ahora con picante mexicano.

La novedad es que hoy estos mexicanos son los únicos capaces de “pasarle el perico por la nariz al Tío Sam”.

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