'Es necesario modificar el sistema de admisiones de la U. Nacional'

Fabián Sanabria, director saliente del Instituto Colombiano de Antropología e Historia, habla sobre su gestión y su deseo de construir una propuesta alternativa para la universidad pública.

Aunque sus padres querían que estudiara derecho, en un acto de libertad y un poco de rebeldía Fabián Sanabria decidió recorrer el país conociendo las comunidades indígenas del país, junto a un monje capuccino, Álvaro Díaz Zorro, fundador de la ‘Juventud Franciscana’.
Ha escrito algunas novelas y se declara un defensor de lo público y la universidad pública. En entrevista con El Espectador Sanabria habló del periodo que concluye en su vida profesional y de los nuevos proyectos que tiene en la mira.


- ¿Qué fue lo más difícil de dirigir el Instituto Colombiano de Antropología e Historia durante estos tres años?

Lo más arduo ha tenido que ver con la generación de una conciencia entorno al patrimonio arquitectónico de la nación. Pero no una conciencia de nombre, sino más efectiva, tanto en la sociedad como en la ciudadanía. Y creo que en estos tres años de gestión se ha avanzado significativamente en ello.

- ¿Cuáles fueron los problemas que tuvo que sortear para fomentar la conciencia arqueológica y patrimonial?

Por ejemplo, los parques arqueológicos estaban prácticamente abandonados. No había una labor en términos de planes especiales de manejo y de gestión –que son cruciales- en San Agustín e Isnos, en Tierra Adentro (Cauca) y Teyuna-Ciudad Perdida. Fue así como tuvimos que formular una política integral que tuviera los cinco componentes mínimos y concretos en términos de conservación, investigación, de estudios medioambientales, de componente sociocultural e indudablemente y de infraestructura tiene que generarse programas de turismo cultural sostenible y sustentable.

Obviamente nos tocó organizar la casa, las bodegas, los museos, y hoy en día, por ejemplo, el mayor logro ha sido una inversión por lo menos superior a los $6.000 millones en el Parque Arqueológico de San Agustín e Isnos sumado a la celebración del centenario de las primeras investigaciones arqueológicas. Se generó una mayor conciencia patrimonial, no solamente en la región del Huila sino también en el resto del país.


- ¿Cuáles son las tareas primordiales para consolidar dicha conciencia?

Reconocer que el patrimonio es de todos, no es de una sola comunidad. Nadie es dueño del patrimonio cultural y arqueológico. En el mejor de los casos, somos administradores y podemos custodiarlo. La experiencia más significativa de dicha idea fue el respaldo que tuvo un gran simposio llamado ¿De Quién es el Patrimonio?, al que asistieron científicos del mundo entero para desvirtuar los argumentos de quienes se habían opuesto a una exposición que quisimos hacer en el Museo Nacional con una pequeña muestra de la estatuaria agustiniana. Consistía en mostrarle a la ciudadanía -que no tiene posibilidades de ir a San Agustín-, 20 piezas de las más de 400 que custodiamos en el Alto Magdalena, con todos los seguros y las garantías del caso. Cuando le entregamos el nuevo museo a San Agustín, los mismos que se opusieron a la exposición nos pidieron disculpas, porque quizás no entendieron nuestro verdadero propósito, que era justamente difundir su patrimonio, que es el patrimonio de todos.

- Algunos críticos han señalado la importante labor que usted ha iniciado invitando al país a reconocidos académicos inscritos a las principales academias de las ciencias sociales y humanas del mundo. ¿Por qué se debe seguir fomentando un diálogo con las demás academias y pensadores sobre nuestros problemas nacionales?

Porque cada vez, debemos ser más contemporáneos. Y ser contemporáneo implica reconocer las tinieblas de nuestro tiempo y surfear en ellas hasta apreciar sus sombras y entender que las sombras nos muestran la luz. Ser contemporáneo pasa por reconocer lo arqueológico, lo primigenio y evidentemente es saber que hay unas fuentes donde la humanidad todavía puede beber. Esas fuentes tienen que ver con los vestigios arqueológicos.
El debate que hemos iniciado y la difusión que hemos emprendido deben continuar en el país, que en pro del posconflicto se aproxima a querer vislumbrar escenarios de salida de la violencia. Por supuesto la mejor manera de encontrar esos escenarios de salida a la violencia es fijándonos en el patrimonio para construir no un pasado distinto sino un futuro mejor.

- ¿Cuál fue la iniciativa que desde el ICAHN se generó para un eventual escenario de posconflicto?

Hemos querido impulsar una iniciativa que ya le hemos entregado al Presidente para que los parques arqueológicos de Colombia se conviertan en estaciones culturales de posconflicto. Y en la medida en que esto sea posible, la academia, -no sólo la local sino también la mundial, porque hay que salirse de la torre de marfil ya que hay que fomentar un gran diálogo con la sociedad y la ciudadanía- nos va a ayudar mucho en términos de cooperación internacional, para que entre todos soñemos y construyamos un país distinto.

- ¿El estado debería destinar mucho más presupuesto para la cultura y el patrimonio?

Indudablemente el presupuesto es exiguo y es pequeño, pero tenemos el reto también de generar recursos propios, y seguir atrayendo la cooperación internacional. Creo que con la ley de Patrimonio Cultural Sumergido que se aprobó, se reglamentó y se declaró constitucional por la Corte. Eso va a permitir que a futuro haya nuevos recursos para el Mincultura, y para el ICANH y exista toda esa exploración e investigación para proteger el patrimonio que se encuentra en nuestros mares. Recuerde que años atrás hubo cuatro intentos para aprobar esta ley. Creo que es también uno de los grandes logros de esta administración, -un trabajo mancomunado con el doctor Ernesto Montenegro subdirector científico, quien queda encargado del ICAHN- por supuesto con el apoyo de Mariana Garcés Córdoba, ministra de cultura que siempre nos apoyó. La dirección fue una gran escuela de aprendizaje y Mariana Garcés es una mujer verraca literalmente, a quien admiro y creo que ha hecho una gran gestión en ese ministerio. Después de esta escuela me siento preparado para asumir otros retos que indudablemente tienen que ver con la academia y con la universidad que es mi casa.

- ¿Entonces se va a lanzar como candidato a la rectoría de la Universidad Nacional?

No solamente es una gran tentación, sino un proyecto que he venido estructurando desde hace varios años. Siempre estuve cerca de mis profesores, rectores de mi colegio y de mi escuela. Tuve la oportunidad de estar muy cerca a Guillermo Páramo y Antanas Mockus, que son mis maestros. En la Sorbona tuve la fortuna de estar muy cerca a Marc Auge y otros que fueron los presidentes de esta gran institución. Conozco a fondo la Universidad Nacional, he escrito sobre ella, entonces evidentemente no temo participar de un debate que tiene que ser de cara al país, para la elección de la próxima administración de la Universidad Nacional. Esta institución que va a cumplir 150 años de haber sido fundada, y 80 de la ‘Ciudad Blanca’, que fue el sueño del presidente Alfonso López Pumarejo.

Este año van a llegar nuevos recursos para la universidad pública, que son recursos sagrados. También es necesario modificar el sistema de admisiones de la Universidad Nacional, participar del programa ‘ser pilo paga’, porque ser pilo sí paga en la UN. Además la institución tiene que recuperar el rol que jugó en el pasado y que tiene que ser protagonista en el posconflicto colombiano.


- ¿Cómo ha pensado desarrollar su propuesta?


Algunos exrectores y exvicerrectores me apoyan. Sumado a profesores que representan una nueva generación que indudablemente quiere construir conmigo- y lo estamos haciendo- una propuesta por una Universidad Nacional contemporánea. Vamos a ver en qué medida justamente llega a la comunidad universitaria y a las comunidades académicas. Si esto es posible, consideraré la posibilidad, en los próximos días, de inscribir una candidatura a la rectoría de la universidad, ya habiendo renunciado a la dirección del ICAHN, debo señalar que soy profesor de la Universidad Nacional y regreso a mi Alma Mater.

- ¿Qué tanto ha estado relacionada su vida con la academia y la universidad pública?

Mi vida se la debo a la academia y soy un defensor de lo público, y de la educación pública. Por eso quiero decirle al país que ‘ser pilo sí paga’ en la Universidad Pública, que debe ser de la mejor calidad y debe permitir que los mejores, entre los menos favorecidos superen todas las etapas de una carrera académica para servirle al país, que incidan en las políticas públicas y en los destinos del sector público y de lo privado.
 

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