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hace 2 horas
Por: Columnista invitado EE

No censuramos a Matilda. Hablemos (sin mentiras) de lo que pasó con La Prohibida

Que no se confunda nadie. Que El Espectador haya tomado la decisión de dejar públicos nuevamente los videos de 'La Prohibida', no quiere decir que estemos aceptando que hubo censura, maltrato laboral y robo de seguidores, como ha dicho Matilda.

Si los videos están públicos de nuevo es porque Matilda González Gil, en comunicación enviada a la FLIP, se comprometió a no emprender acciones legales contra El Espectador. Los medios, incluido este, pasan por momentos económicos complejos y un proceso de estos generaría gastos monetarios y esfuerzos humanos que es preferible emplear para la consolidación del proyecto en video que nació en esta redacción y cuyo único objetivo es y será hablar de sexo, amor y derechos de la comunidad LGBTI. De toda. No de una parte. No de una persona. Ahora somos La Disidencia. 

Subirse a una tarima a gritar que el director de un medio de comunicación y un par de periodistas maltratan, censuran y roban seguidores puede resultar una escena atractiva y necesaria para exigir el respeto por los derechos de una comunidad que ha sido históricamente discriminada. Y está bien. Nadie debería perder oportunidad para reclamar. Eso no quiere decir que, para este caso, el reclamo esté justificado. Todo lo contrario. Los periodistas que trabajamos en el proyecto no tuvimos jamás la intención de maltratar, censurar o robar. Dichas acusaciones atentan contra nuestro buen nombre y eso podría tener implicaciones legales.

Es absurdo que Matilda insista en la idea de censura por parte de El Espectador. Esa acusación desconoce la filosofía histórica de un medio de comunicación que ha afrontado batallas en defensa de las comunidades históricamente discriminadas, entre ellas, comunidades afro, indígenas y LGBTI. La creación de 'La Prohibida' es muestra de ello. Dudo que un proyecto como estos, provocativo, transgresor y pedagógico, tenga cabida en otro medio de comunicación.

Lo anterior no quiere decir que esas poblaciones tengan que estar eternamente agradecidas con este diario o que no tengan que continuar exigiendo un periodismo que vele por el respeto de sus derechos; sin embargo, sí es un precedente que no se puede soslayar en esta polémica. No por nada, muchos identifican a El Espectador como el “medio más progay de Colombia”. No es que este diario se ufane de ser súper liberal. Es que sencillamente lo es. 

Tener una diferencia con Matilda no es equivalente, desde ningún punto de vista, a estar en contra de la comunidad LGBTI, una población activa, valiente, diversa y numerosa que seguirá teniendo su espacio en todas las plataformas de este medio.

Decidimos guardar silencio durante estos meses por una sola razón. No valía la pena entrar en una guerra tuitera sin sentido cuyas respuestas estuvieran motivadas por la rabia que generan la mentira y la manipulación. Eso ha hecho Matilda. Mentir y manipular estratégicamente lo que se dice y lo que no.

Además, porque era necesario tener tiempo para la reflexión. Tiempo para reconocer los errores. Tiempo para reconocer los aciertos. Tiempo para recordarnos el objetivo del proyecto. Pero eso, tiempo, es lo que no hay en Twitter. Una cloaca en el que el silencio se entiende como indiferencia. Como soberbia. Nada más lejos de la realidad. 

Gracias a ese tiempo de reflexión entendimos que cometimos errores. El principal, sin duda, fue no formalizar la colaboración de Matilda. Que las partes firmáramos un papel que dijera que no había un solo peso para el proyecto. Un papel que ratificara lo que hablamos desde el día uno. Un papel que se convirtiera en prueba y que nos hubiera evitado el escarnio público. Pagamos la novatada y a Matilda la nubló un personaje que, como ella misma reconoció en una publicación en redes sociales de noviembre de 2018, "creamos con Pilar Cuartas y Joseph Casañas. Es una trans y dos aliados que no son trans, atrapados en el cuerpo de una youtuber de El Espectador".

Exige Matilda, en un escrito que nos remite la FLIP, que reconozcamos que en 'La Prohibida' hizo las veces de "coautora, coproductora, codirectora audiovisual y guionista", unos cargos rimbombantes (salvo el de guionista) que nunca han existido en este proyecto. En los videos que de nuevo están públicos y que no han sido editados, queda claro en los créditos que Matilda participó en los guiones. Jamás hemos desconocido su valioso aporte en la construcción de estos.


Como si se tratara de un enfrentamiento callejero, Matilda invita a subirse al ring a diferentes personalidades. No a cualquiera. Es estratégica. Arroba a gentes con miles o millones de seguidores en Twitter y los lleva contra las cuerdas para que opinen. Para que se pronuncien. En ese escenario no tiene cómo perder. Si la respaldan, sus mentiras encuentran eco; si la controvierten, dirá que siempre será más fácil respetar al poder, y si no dicen nada porque no se han dado cuenta del ruido tuitero o porque simplemente no se les da la gana opinar y optan por la prudencia, entonces, hábilmente, dice que son cómplices de la "censura" del "maltrato". Es como si dijera "están conmigo o están contra mí". Eso no es activismo. Es egolatría. Es narcisismo.

Es la misma estrategia populista que utilizan algunos políticos que se autopromocionan como la voz del pueblo y con sus acciones convierten sus odios y frustraciones en empresas por las que tienen que luchar las masas. Y así despiertan odios infundados que se van radicalizando sin control.

Miente Matilda cuando dice que El Espectador le propuso presentar 'Sin Clóset' y que entonces se le ocurrió sugerir la creación de un formato tipo youtuber llamado ‘La Prohibida'. Es fácil darse cuenta de esta falacia. 'Sin Clóset' es un formato creado para contar crónicas de personas LGBTI (en video y en texto) que creó Pilar Cuartas. En YouTube el primer capítulo de ‘Sin Clóset’ se publicó el dos diciembre de 2017. El primer capítulo de ‘La Prohibida’ se publicó el 23 de mayo de 2018. Cinco meses después

‘Sin Clóset’ nunca necesitó ni necesitará de un presentador. Los protagonistas son las personas entrevistadas que generosamente cuentan partes de sus vidas con el objetivo de generar reflexiones.

Esta es la lista de reproducción de los videos de 'Sin Clóset'. 

 

Esta polémica en la que nos vimos involucrados ha servido para aprender a ponderar los intereses de un tipo de un "activismo" que resulta nocivo. Matilda eligió un camino discursivo malsano. Sugiere que los heterosexuales no deberíamos hablar y participar en proyectos con temas LGBTI.Discrepo de esa idea. Es obvio y necesario que la comunidad LGBTI debe participar de esos procesos, pero el interés por dichos temas no debe estar mediado por la orientación o la inclinación sexual. Todos podemos y tenemos el derecho a hacer algo para derribar los prejuicios, acabar con la discriminación y exigir el respeto por las comunidades. Propiciar una lucha en este sentido es absurdo y no contribuye en nada a la discusión y la solución de los asuntos estructurales de fondo.

Dice Matilda que El Espectador la buscó solo por ser trans y de esa forma cimentar una estrategia en busca de clics para aumentar las audiencias. Falso. Se le invitó al proyecto no solo por ser una mujer trans. Llegó a ‘La Prohibida’ por sus conocimientos en esta materia, su creatividad y porque es una mujer brillante. Es apenas obvio que un proyecto con estas características requería de la participación de personas de la comunidad LGBTI. Para el caso fue Matilda, pero pudo haber sido otra persona. 

Dice Matilda que en el desarrollo de construcción de los guiones con los que se hicieron los capítulos de ‘La Prohibida’, en los que trabajamos con Pilar Cuartas, ella y quien escribe estas líneas, se sintió censurada porque sus ideas eran discutidas. Patrañas. Cualquier periodista o colaborador de medios serio sabe y entiende que en el proceso de creación de historias, crónicas, reportajes o videos el equipo editorial acepta unas ideas, descarta otras, madura unas más. Eso es periodismo. No es censura. Esta queja lo único que revela es la dificultad de Matilda para trabajar en equipo. 

Dice Matilda, en una crítica que hace a La Disidencia, el proyecto en YouTube que nació luego del rollo con el canal ‘La Prohibida’, ​que “no se trata de traer a unos presentadores LGBTI para que unos guionistas heterosexuales les señalen qué decir como si fueran títeres".

Esta afirmación, además de falsa, es irrespetuosa con los presentadores de La Disidencia. Los tres presentadores del producto participan activamente en la realización del guion. No son nuestros títeres (como tampoco lo fue nunca Matilda), son nuestros aliados.

Todo esto ha despertado reflexiones pero sobre todo preguntas. Comparto una: ¿El activismo solo sirve si quien lo ejerce logra beneficios para sí mismo?

***

Mi nombre es Joseph Casañas, periodista de El Espectador y parte del equipo periodístico de ‘La Prohibida’, idea a la que me invitó a participar Pilar Cuartas.

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No censuramos a Matilda. Hablemos (sin mentiras) de lo que pasó con La Prohibida

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