"No estoy en la búsqueda de tesoros": Fabio Echeverri

El empresario, exministro y miembro de la Comisión de Antigüedades Náufragas le explicó a El Espectador su papel frente a la nueva ley y respondió a las acusaciones de la firma SSA.

Inventario del galeón Las Mercedes, con monedas colombianas. / AFP
Inventario del galeón Las Mercedes, con monedas colombianas. / AFP

“Es bueno que haya esta ley. Jurídicamente, la claridad no sobra. Honradamente hablando a los que proponían dejar ese patrimonio en el mar, posiblemente eso es una belleza desde el punto de vista teórico, pero se sale de todo escenario practico. Esos bienes no los diseñaron para tenerlos hundidos, los llevaban para usarlos en España y los estaban usando aquí, sean estatuas o monedas. Ahora volverán a su estado normal. No entiendo por qué hay unas personas que argumenten que se deben quedar a cien o mil metros de profundidad donde sólo los pueden ver unos pocos privilegiados que pueden pagar un submarino. No. Eso es muy egoísta.

Que el Gobierno ponga todo en museos, como tenemos el Museo del Oro, y se lo mostramos a todo el mundo. Sobre el supuesto peligro de los cazatesoros, no tiene por qué haberlos, pues el Gobierno es el que saca la licitación y se la otorga al que cumpla las mejores condiciones. Al lado de los exploradores hay unos auditores, oficiales y buzos de la Armada que cuidan el trabajo. Yo no sé lo de los porcentajes, pero sí sé que el solo hecho de alquilar un barco de esos no vale menos de US$70.000 diarios. Debe haber habido saqueos, claro, si las cosas han estado tiradas. Allá van a seguir bajando y todos los días que pasen habrá mayores desarrollos tecnológicos para llevarse lo que les provoque. Por eso conjuntamente con el Ministerio, la Secretaría Jurídica de Palacio y los asesores se hizo la lectura de muchos borradores de leyes y hubo horas de discusiones, tardes analizando normas y demandas en el exterior. Allí había muy buenos abogados, como Carlos Gustavo Arrieta y Jaime Castro. Mi puesto en la comisión es de libre nombramiento y remoción y no me pagan un centavo. Lo que dice SSA es falso de toda falsedad. Ni fui autor ni intervine en la redacción. Punto. Es verdad que en los años 80 representé a la firma Columbus American Discovery Group porque soy abogado y consultor profesional.

Licitó y ganó para certificar si en la localización que ese señor Danilo Devis dice que está el galeón San José estaba o no. Los señores que vinieron certificaron que en esas coordenadas no está. Y mi trabajo se acabó. ¿Por eso voy a estar impedido? Ahora resulta que uno sólo puede tener cliente. ¿Dónde dice la ley que no debería haber estado? Yo ya tengo 80 años. Yo ya no soy un niño. Yo no tengo todo ese poder. Hoy no represento a nadie ni tengo algún interés. Si representara a alguien no estaría en esa comisión y hubiera dicho que no podía aceptar. Me interesó estar porque sé del tema y el presidente me pidió que estuviera ahí. No tengo idea de dónde está la gente de Columbus, yo no estoy en la búsqueda de tesoros. Eso no quiere decir que vaya a estar o no. Tengo la misma libertad que usted tiene”.

“No es un patrimonio de los peces”

El italiano Claudio Bonifacio es reconocido en todo el mundo como naufrólogo e historiador náutico. Ha rescatado embarcaciones en el Caribe y para gobiernos como el de Uruguay:
“Mi opinión sobre la nueva legislación de Colombia es positiva. En 1993 ocurrió lo mismo en Portugal, pero en 1995 el nuevo gobierno la tumbó (aconsejado por el ‘lobby’ de los galeones y los intereses ocultos que hay detrás con el cuento de la arqueología). La legislación en materia de bienes culturales de muchos países (particularmente España) afirma tajantemente que el patrimonio es un bien común ‘para el disfrute del pueblo’. Ahora, cabe preguntarse: si no se saca del mar, ¿cómo lo va a disfrutar el pueblo no viéndolo en museos o exposiciones? ¡Seguirá siendo patrimonio de los peces! Hubo que llegar a un compromiso entre recuperadores contratados (no ‘cazatesoros’) y cultura. La madera de las antiguas embarcaciones desaparecerá en cuestión de siglos. ¡El metal contenido dentro no!

No olvidemos el uso social que se les puede aplicar a estas recuperaciones, tal y como ocurrió en Uruguay en 1993, donde con el dinero recabado del tesoro recuperado por Rubén Collado se construyó una escuela y se compró material para la Armada.

Para naufragios en aguas tropicales, como las colombianas, ¿se ha detenido alguien a pensar que, en el caso de un galeón de 600 toneladas (normalmente una capitana o almiranta de final del siglo XVI) quedarán, hablando en término de peso, unas 100-150 toneladas, representadas en cañones, anclas, etc., y que puede contener 250-300 toneladas de metales preciosos? O sea, que hay más tesoros que restos realmente arqueológicos”.

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