"No estoy preparado para perdonar"

“Van 24 diciembres seguidos de desgarradora tristeza e impotencia. El 6 de diciembre de 1989, antes de las 8 de la mañana, un bombazo en la sede del DAS, en Bogotá, mató a mi madre Ana Clemira Morales, de apenas 48 años y quien 14 años antes se había vinculado a esa entidad.

En ese entonces yo tenía 26 años y debí asumir la crianza de mis dos hermanas menores: Sory Jazmín Morales y Sandra Patricia, de apenas 10 y 12 años, respectivamente. Este golpe fue tan duro para todos, que mi familia se desintegró. Ellas no querían saber nada de esta ciudad y años después, expulsadas por el dolor, se fueron a echar raíces en otras tierras.

Después de todo ese tiempo la herida sigue abierta y veo que el sacrificio de mi madre y de varios compañeros suyos de labores no sirvió para nada. De nosotros se acuerdan en cada aniversario, pero realmente siento que aún no se ha hecho justicia y aunque recibimos una indemnización porque yo demandé, el Estado en ningún momento se ha preocupado por reconocernos como víctimas y repararnos. Creo, realmente, que no les importamos.

Seis meses después de ese demencial ataque de Pablo Escobar ingresé al DAS, institución a la que prácticamente le debo todo. Por eso estoy muy agradecido y quiero decir que en esta entidad hay gente buena, como los 24 detectives asesinados en Medellín por orden de Escobar. Qué bueno que los homenajes también fueran para ellos y para todas las víctimas de la violencia en este país.

Lo que a mí más me conduele de esto es que aparte de destruir nuestra familia también destruyeron una institución como el DAS a través de tres fuentes: el narcotráfico, la narcopolítica y la narcoguerrilla. Por eso, creo que la sociedad no cree en la paz, porque la corrupción está enquistada en la política colombiana. Sin embargo, espero que las nuevas generaciones no vivan el terror que nosotros vivimos en los años 90 y que las víctimas reciban del Estado la ayuda que necesitan.

Con tanto dolor a cuestas, la verdad no estoy preparado para perdonar a Pablo Escobar y su familia, porque le hicieron mucho daño al país y a nuestra sociedad. Desde ese 6 de diciembre, como ser humano, me ha tocado evolucionar a marchas forzadas y sigo luchando por recuperarme. Me tocó ser padre y madre al mismo tiempo; mi plan de vida, que por entonces tenía proyectado, se derrumbó. El dolor psicológico y moral que aún llevo dentro de mí es tan grande, que hoy —a mis 51 años de edad— me impide pensar en eso y no sé si con el paso del tiempo mis labios puedan pronunciar la palabra perdón”.

* Hijo de Ana Clemira Morales, fallecida en el atentado contra el DAS, el 6 de diciembre de 1989.

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