“No hay que generar pánico”

Esa extensión de tierra plana circundada por dos altísimas cordilleras, el paisaje típico del Valle del Cauca, tiene la doble condición de belleza y peligro.

El proyecto para recuperar el jarillón del río Cauca requiere la reubicación de los pobladores de los asentamientos donde vivieron por más de 20 años. / Fabio Posada
Esa extensión de tierra plana circundada por dos altísimas cordilleras, el paisaje típico del Valle del Cauca, tiene la doble condición de belleza y peligro. Sus ríos cortos, cuyas aguas bajan raudas desde las cumbres empinadas, así como la enorme masa líquida del enorme caudal que le da su nombre al departamento mientras lo atraviesa lentamente, son los responsables, junto con los vendavales, de la mayoría de los desastres naturales que en los últimos diez años han dejado 151 muertos y 462.000 afectados, ubicando a la región como la octava con más riesgo en el país, según Planeación Nacional.
 
Alberto Ramos, coordinador de la Oficina de la Gestión del Riesgo del Valle, indicó que las zonas en riesgo “para el caso de crecientes súbitas son los asentamientos humanos ubicados sobre las cuencas de los ríos Desbaratado, Fraile, Guabas, Bolo, Nima, Tuluá, Sonso, Bugalagrande y Riofrío. Para el caso de deslaves y movimientos en masa están en jaque el sector de Loboguerrero, la vía Cabal Pombo, que comunica a Buenaventura con el centro del país, y los municipios de Sevilla, Trujillo y el Dovio, al norte de la región”.
 
Este año se han presentado ocho inundaciones en municipios como Ginebra, El Águila y Sevilla. Asimismo se presentaron 14 vendavales en Zarzal, Jamundí, Dagua, Riofrío y El Dovio. 
 
Aunque en Cali los sectores de mayor riesgo de ocurrencia de inundaciones y movimientos de masas de tierra son las zonas aledañas a los ríos Cali, Pance, Cañaveralejo, Meléndez, Aguacatal y Lili, que son propensos a crecientes rápidas, el Cauca genera inundaciones que se producen paulatinamente en períodos más lentos, pero que pueden poner en jaque la vida de más de un millón de caleños y la estabilidad de todo el oriente de esta urbe, como se puede leer en el Plan de Ordenamiento Territorial, aprobado el año pasado.
 
“Si el jarillón (dique), que protege a la ciudad de un desbordamiento del río Cauca, llega a colapsar, se inundarían 79 barrios y el 80% de Cali se quedaría sin suministro de agua potable”, señala el documento.
 
Pese al panorama a todas luces preocupante hay voces que piden no generar pánico. Rodrigo Zamorano, coordinador del Consejo para la Gestión del Riesgo de Desastres, advierte que “si bien Cali está amenazada por el clima y la naturaleza –y por la acción del hombre sobre ella– el riesgo lo tiene cualquier ciudad del mundo por el solo hecho de existir en una tierra en constante formación”.
 
El funcionario es enfático en afirmar que los ciudadanos tienen mucha responsabilidad en los desastres naturales por falta de conciencia ambiental y convivencia. Como ejemplo de su sentencia dice que “las empresas municipales de Cali retiran a diario más de 100 toneladas de escombros y residuos sólidos (han sacado sofás y armarios) de los canales y los sumideros. Si la gente no tirara basura en esas estructuras, la capacidad de conducción del agua no se reduciría y el registro de inundaciones seguramente disminuiría en la ciudad”.
 
Entre las medidas que las autoridades están tomando para evitar que una tragedia como la de Riosucio se repita en Cali o el Valle, la que más se destaca es la inversión de $1,6 billones en el reforzamiento del jarillón del río Cauca, que se construyó hace 55 años para evitar que el enorme caudal inundara la zona oriental de Cali, dando paso el surgimiento del popular Distrito de Aguablanca, donde hoy viven más de un millón de personas.