No más “Crónica Roja”

El 19 de junio de 1967 Guillermo Cano Isaza escribió este texto.

Salvo detalles de procedimiento y redacción, no tuvieron mayor dificultad los directores de los diarios colombianos —reunidos en Barranquilla por gentil invitación de los periodistas de dicha capital— para llegar a un acuerdo completo y satisfactorio sobre el tratamiento que debería darse en adelante a todas las noticias relacionadas con los delitos y sus autores. Se había venido formando desde hace algún tiempo una conciencia nacional, sobre todo en los sectores intelectuales, sobre la inconveniencia de seguir publicando detalles y enfocando esas noticas de una manera que resulta inútil desde el punto de vista puramente periodístico, y que solo busca apelar a los peores trasfondos de la conciencia humana para producir en ella un choque morboso y atraer así el interés banal de ciertos núcleos humanos. (Vea el especial 30 años sin Guillermo Cano)
 
Y ahora, con la Declaración de Barranquilla, se protocoliza el final de esa clase de explotación errónea de la criminalidad, para retornar todos a una presentación escueta de las noticias respectivas, que preserve el derecho de los ciudadanos a estar adecuadamente informados sobre aquellas cosas que pueden interesarles, pero cuide también de que no se ofrezcan pormenores reñidos con el buen gusto o con los superiores intereses de la comunidad. (Vea qué pasaba en Colombia 100 días antes de que asesinaran a Guillermo Cano)
 
El Espectador viene practicando esta depuración de sus páginas judiciales desde hace mucho tiempo. Con legítimo orgullo podemos afirmarnos enemigos del folletón sangriento, de la sugerencia malintencionada y del detalle innecesario; además, protocolizamos el recorte de esta clase de informaciones al mínimo indispensable hace ya varias semanas, a pesar de las opiniones contrarias —más o menos prolijas y documentadas— que no vacilaron en expresa las personas que creen ver en la llamada “crónica roja” nada menos que un fiel registro del momento histórico que se vive. (Vea algunos textos sobre Guillermo Cano)
 
Pero nuestra satisfacción es realmente completa hoy, al comprobar que esas ideas y sistemas cuentan con pleno respaldo entre los mejores periodistas del país, y que se aplicarán en las páginas de los diarios más serios, que estuvieron representados en la trascendental reunión de Barranquilla y que conforman prácticamente la totalidad del auténtico periodismo colombiano. (Vea las luchas y pasiones de Guillermo Cano)
 
No sobra señalar el hecho de que la determinación de reducir la información judicial a un nivel compatible con el normal ejercicio de la profesión periodística, es acuerdo logrado por libre voluntad de cada uno de los interesados, a título de “espontánea y soberana cooperación de orden social” que en ningún caso puede interferir con la plenitud de la libertad de prensa en Colombia. Y tampoco es posible ignorar que este gesto de responsabilidad y prudencia puede quedar frustrado en sus propósitos finales, si al mismo tiempo no se realiza, como lo señala el documento firmado en la capital del Atlántico, una campaña de prevención y eficiente corrección del crimen por parte de las autoridades competentes, y un movimiento de moderación en otros medios de difusión noticiosa, como la radio, el cine y la televisión.
 
El solo hecho de que se informe sobre los delitos, aun cuando en veces se agreguen detalles que pudieran tomarse como “acicate para la comisión del crimen o motivo de escándalo sobre este”, no es causa única de incremento de la delincuencia en el país. Existen, por desventura, otros factores mucho más poderosos, entre los cuales se haya por supuesto el de la impunidad. La decisión de los periodistas no puede bastar, ella sola, para combatir las hazañas del hampa criolla y evitar el surgimiento de nuevos motivos de inquietud en ese aspecto.
 
Pero sí estamos seguros de que esta contribución a un empeño patriótico de la mayor trascendencia, puede provocar el gran movimiento nacional en idéntica dirección que estamos necesitando. Con esta convicción hemos adherido a un documento singularmente importante en la actualidad nacional, y cuyas ideas se ajustan plenamente al derrotero nunca desmentido de El Espectador.