Un año de la tragedia aérea del Chapecoense

“No me quiero llamar un héroe”: bombero en la tragedia del Chapecoense

El bombero Andrés Congote, quien rescató a Jakson Follmann, Erwin Turimi, Ximena Suárez y Rafael Henzel, regresó a Cerro Gordo para contar cómo fueron esos difíciles momentos y cómo logró superar el golpe de esa experiencia.

El bombero Andrés Congote recuerda, un año después, la tragedia aérea del Chapecoense en el Cerro Gordo (Antioquia). / Luis Benavides - El Espectador

 

Mientras manejaba la misma camioneta roja con volco que lo transportó al entonces llamado Cerro Gordo aquella noche del 28 de noviembre de 2016, donde rescató con vida del accidente aéreo que enlutó al mundo del fútbol a Jakson Follmann (arquero suplente del Chapecoense), Erwin Turimi (técnico del avión), Ximena Suárez (auxiliar de vuelo) y Rafael Henzel (periodista deportivo), el bombero Andrés Congote iba reviviendo cada detalle de esa noche cuando con sus compañeros del Cuerpo de Bomberos de La Unión (Antioquia) ayudó sin saber siquiera que se trataba de un equipo de fútbol, sólo a las 4:00 a.m. se enteraron de quiénes eran. Un año después, volvió al ahora llamado Cerro Chapecoense con el equipo de El Espectador, no para recordar esa noche, sino para contar cómo superó esa experiencia traumática para la cual nadie está preparado.

No se inmuta al llegar al lugar del siniestro, su tono de voz no cambia y sus ojos se mantienen secos. Se conoce el terreno de memoria, recuerda cada detalle de aquella noche, por eso no duda al señalar dónde se encontraba cada parte de la aeronave ni titubea al contar los caminos que abrió con su machete para sacar los cuerpos. A pesar de estar acostumbrado a visitar este lugar tan traumático para él, confiesa que le costó mucho establecerse emocionalmente y regresar al cerro después de la tragedia.

“Aunque en principio no dejaba que la gente a mi alrededor se diera cuenta de cómo me había afectado el suceso, sí había un impacto interno, más personal. Muchas veces sentía algún olor y me recordaba al de esa noche, o escuchaba algún grito y ahí mismo me mantenía alerta. Tenía los sentidos muy despiertos, siempre estaba a la defensiva.

Pocos días después del accidente, veía a los compañeros del Cuerpo de Bomberos y todos estaban desahogándose con los psicólogos de la Cruz Roja, algunos hasta lloraban. No lograba encontrarle ese sentimiento a lo que había sucedido.

Cuando los sobrevivientes volvieron a Medellín con el equipo que iba a disputar el partido de la Recopa Sudamericana, subieron a un acto aquí en el cerro al que no quise venir porque era para recrear todo lo que pasó, y durante ese tiempo estaba un poco retraído ante el tema, algunas personas y organismos de socorro quisieron darse protagonismo y lo único que hicieron fue confundirlos. Ellos sólo querían saber la realidad de lo que sucedió.

Incluso me mandaron unas imágenes de Erwin en un programa de televisión, en el que entrevistaron al bombero que supuestamente lo había rescatado, obviamente no era ninguno de nosotros, ni siquiera era colombiano. Eso es una falta de respeto.

Aún así, tuve la oportunidad de hablar con Rafael Henzel en un restaurante y le pregunté si se acordaba que cuando yo llegué a rescatarlo él estaba hablando con André Luis, uno de los periodistas que estaban en el vuelo. Siempre había tenido la duda de saber qué hablaban en ese momento, porque la conversación era en portugués, así que le pregunté.

Hizo memoria y me contó que él le decía que tuviera calma, que ya los íbamos a rescatar, pero André le confesaba que ya sentía que se estaba muriendo. Rafael se dio cuenta de que en verdad fuimos nosotros quienes estuvimos allá, pero aun así ya la confusión se había creado.

No había querido volver al cerro hasta que una noche estaba en la finca durmiendo y empecé a soñar con todo lo que sucedió. Ya me había pasado, pero esta vez fue determinante. Reviví algunas imágenes impactantes de distintos cuerpos que recuperamos y sobre todo lo que les decía a mis compañeros: ‘háganle muchachos con fuerza, no se dejen llevar por el estado de los cuerpos, todo esto nos lo va a agradecer la familia de ellos, a ellos los está esperando es la familia’. Al despertarme de ese sueño finalmente me desahogué, lloré durante horas por primera vez.

Al otro día madrugué y me vine al cerro solo en bicicleta, estuve aquí un buen tiempo, inclusive hice unas oraciones. Después de que me desahogué no volví a experimentar nada de eso, todo se fue volviendo más natural.

Si volviese a ocurrir un siniestro como este, Dios no quiera, tendría a mi favor la experiencia de esta última tragedia. Sé que es algo que me ayudaría mucho, aún así, no puedo decir que ya estoy preparado para cualquier accidente aéreo, todos son diferentes y uno nunca está suficientemente preparado para algo así, ni física ni psicológicamente. En estas situaciones, los recursos siempre van a ser escasos.

A pesar de esto, el Cuerpo de Bomberos de La Unión quedó muy bien parado, porque nosotros hicimos una labor con todo el corazón y profesionalismo. Además, todos los grupos de rescate de Antioquia, e inclusive algunos de Colombia, quedaron muy bien parados a nivel internacional por la respuesta tan eficaz que tuvimos, es un orgullo tremendo saber que en Colombia existimos personas con estas capacidades.

Nunca voy a olvidar este accidente, porque es un hecho lamentable que sucedió en el municipio donde crecí y donde presto una labor muy importante para la comunidad. Quiero cerrar este capítulo yendo a Chapecó a conocerlo como una persona normal, no como un bombero que ayudó en el rescate, porque no me quiero llamar un héroe, prefiero reconocerme como una persona que se alza a las alturas de la situación y sale en silencio”.

 

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