"No tengo nada que ver con Saludcoop"

Según Ernesto Samper “la vicepresidencia de Germán Vargas no le conviene ni a él ni a Santos”.

El expresidente Ernesto Samper dice que no tiene cuotas burocráticas en el gobierno del presidente Juan Manuel Santos. / Archivo - El Espectador

Al terminar la semana pasada, el expresidente Ernesto Samper fue acusado de interceder a favor de los antiguos dueños de la EPS Saludcoop para que se les devolviera el control sobre la prestadora de salud que tomó la Superintendencia de Salud cuando se ordenó la intervención. El Espectador habló con él sobre esas acusaciones, así como de la actual coyuntura política del país.

¿A qué se dedica actualmente?

Este año estoy dedicado al posconflicto. Tengo una corporación, Vivamos Humanos, con la que estoy saliendo a las universidades en una metodología nueva que se llama “café país”, que es un diálogo participativo con los estudiantes para hablar exclusivamente de la paz y el posconflicto. Con ayuda internacional y con la Universidad Javeriana, estamos desarrollando unos proyectos pilotos sobre manejo del posconflicto en Viotá, que es una zona guerrillera, y en Granada, que era una zona paramilitar. Estoy trabajando en el lanzamiento de un instituto sobre derechos humanos, cuya primera tarea será meterse en el tema del posconflicto en Colombia. Digamos que eso ocupa el 70% de mi tiempo; lo demás son actividades poco rentables pero que me producen mucha felicidad.

Se lo pregunto porque la semana pasada fue acusado de estar haciendo ‘lobby’ para defender a los antiguos dueños de Saludcoop. ¿Lo ha estado haciendo?

Sí. Mire, no tengo nada que ver con Saludcoop, no estoy afiliado ni tengo ningún amigo allí; tampoco conozco al señor Palacino. El análisis que hago es que si, independientemente del problema, la EPS ha seguido atendiendo a 7 millones de personas, ¿hay que liquidarla? ¿Y a dónde pasamos de la noche a la mañana a millones de usuarios? ¿Dónde los dejamos?

¿Por qué se metió en ese asunto?

Porque me preocupa el tema de la salud y porque creo que es una aberración que no se considere la posibilidad de no liquidar. Palacino está por fuera y Saludcoop es una cooperativa de la cual son propietarias otras cooperativas; no son unos capitalistas que son dueños. Esas cooperativas han venido atendiendo y lo han hecho eficientemente. ¿No se podrá buscar un esquema para que sigan haciendo lo mismo sin Palacino y sin caer en el extremo de la contralora de declarar todos esos activos de Saludcoop como activos de la Nación cuando son realmente activos de los usuarios?

¿Usted no ha sido ni contratista de Saludcoop ni de sus empresas?

Nada que ver, pero sí creo que ha sido inconveniente la satanización del sistema de salud en la que nos metió el exministro Diego Palacio. ¿Por qué no sacamos las EPS que están funcionando bien? Hay que acabar con esta polarización mediática que divide el mundo en blancos y negros. Bastó con que yo dijera que se podía salvar a Saludcoop para que inmediatamente los que están en los otros extremos cayeran como buitres a decir que estoy representando intereses particulares. No tengo ningún interés distinto a que veo que Saludcoop se podría salvar buscando un nuevo esquema.

Ya que menciona a la contralora, ella ha insistido en la relación del fiscal general con Saludcoop. ¿Qué tan cercano es usted a Eduardo Montealegre?

Ideológicamente me siento muy cercano, comparto sus teorías sobre los manejos que deben darse en justicia, paz y verdad. Es una de las personas que tienen más claros los esquemas que se deben aplicar para la justicia transicional.

Además de esas afinidades ideológicas, ¿tienen una relación cercana?

Sí, nos vemos en reuniones, no muchas porque es un hombre muy ocupado, pero sí tenemos afinidades y las compartimos, por supuesto.

Hablando de política...
Ustedes los expresidentes son muy activos políticamente, y a usted en este gobierno se lo acusa particularmente de que está participando en todo. ¿Cuál es la relación real que tiene usted con el gobierno Santos?

Sin haber tenido una relación muy cercana con Santos en el pasado, estoy acompañando al Gobierno porque estoy de acuerdo con su línea fundamental, que son la paz y el manejo del posconflicto.

¿Por qué, entonces, se acusa a Santos de estar gobernando con usted?

Porque están llenos de mermelada en la cabeza, sólo piensan en eso. Sobre todo Pastrana, que está obsesionado con el tema.

Pero usted sí tiene mucha gente trabajando en este gobierno. ¿O no?

Sí, pero ninguno llegó porque yo haya pedido que lo nombraran. Personas como Amylkar Acosta, Alfonso Gómez Méndez, Diego Molano o la misma María Ángela Holguín, que son a quienes señalan de ser amigos míos, tuvieron participación en el proyecto de gobierno del Poder Popular, pero no son cuotas políticas, ni están ahí para administrar ninguna mermelada. Por lo menos no en mi favor.

Si no es en su favor, entonces déjeme preguntarle por su partido, el Liberal. ¿Cómo están sus relaciones con la casa Gaviria?

En lo personal, bien. Sin embargo tengo serias diferencias en cuanto al manejo del partido. Creo que ha faltado más debate ideológico, unas posiciones programáticas dentro de la teoría de la Unidad Nacional. No sabemos qué estamos representando ahí dentro. Creo que fue un error haber sacado del partido a los exministros, a los centros de pensamiento, a los afrodescendientes, es decir, el partido quedó estrictamente reducido a su bancada parlamentaria.

Usted dice que el expresidente Pastrana está obsesionado con la mermelada. Pero, de verdad, ¿ustedes no aceptan que el Partido Liberal está lleno de cuotas burocráticas?

Es que lo de la mermelada no se lo inventó Santos. En el pasado gobierno fue miel y en el otro fue arequipe. Es decir, siempre ha existido una relación burocrática de los partidos con el Gobierno. Esto tiene un fondo mayor y es el efecto del presidencialismo que está fallando. La verdadera reforma que hay que hacer es hacia una democracia semiparlamentaria en la cual las relaciones no sean burocráticas sino programáticas.

¿No le parece que hemos llegado a niveles burdos en las transacciones burocráticas, especialmente en su partido?

Ni siquiera le llevo la contabilidad a los liberales que están en el Gobierno por cuenta de esa relación perversa. Pero seguramente. Lo que quiero señalar es que no es un fenómeno nuevo, y mucho menos para que Uribe y Pastrana vengan ahora a rasgarse las vestiduras por algo que hicimos todos los gobiernos, que fue tratar de manejar los apoyos en el Congreso sobre la base de que hubiera personas representativas. El problema está en que no eran personas del partido sino representativas de los parlamentarios. Ahí es donde está la prevención frente al tema.

Ya sé que dice que esto es normal, pero ¿no piensa que Santos se dejó cooptar por los congresistas y sus peticiones?

No creo que más de lo que hicieron otros gobiernos. Quizás aquí hay un fenómeno de degradación de la política, es evidente, yo no voy a decir que en mi época la política era mejor de lo que es hoy en día, pero sí es claro que en este momento son pocas las propuestas, o muéstreme una idea novedosa de las que están presentando los parlamentarios que haya calado en la opinión. A pesar de todo, pienso que el próximo Congreso va a ser muy interesante por la presencia de Uribe frente a la de Robledo, Serpa y Navarro, que seguramente llegará. De alguna manera va a darle una altura al debate político que espero ayude a reivindicar un poco el papel del Congreso.

Entonces, el debate político lo van a dar los mismos de siempre. ¿Por qué no gente nueva con propuestas verdaderamente novedosas?

Sin descartar que el tema de la edad puede ser un pasivo, tampoco hay que caer en el juvenilismo. No se puede pensar que porque una persona es joven, necesariamente representa ideas nuevas o representa un proyecto distinto. Estoy sorprendido de que los temas que se van a manejar en las elecciones son temas sobre los que hace tres años no se hablaba; en ese tiempo estábamos hablando de qué narcotraficante salió de la cárcel, a qué otro congresista metieron por parapolítica a La Picota. Eran temas judiciales, pero en el país hay un nuevo lenguaje. La agenda política está hablando de víctimas, tierras, acuerdos de paz y posconflicto. Si el debate presidencial se da sobre eso, habremos avanzado mucho.

¿Qué opina de que Germán Vargas Lleras sea el candidato vicepresidencial de Juan M. Santos?

No me gusta, ni para él, ni para Santos. Así tenga una ventaja coyuntural desde el punto de vista electoral, va a neutralizar a Vargas y de alguna manera le va a poner un contrapeso político dentro del gobierno a Santos. El vicepresidente debe ser una persona que tenga la capacidad de reemplazar al presidente en cualquier momento y sin ningún tipo de separación de lo que debe ser el proyecto político. El vicepresidente debe ser una persona que cuando uno se enferma o se va del país pueda pasar la noche tranquilo.

¿Por qué Santos no podría pasar la noche tranquilo si Vargas llega a ser su vicepresidente?

Porque la figura del vicepresidente es obsoleta y mucho más en un sistema presidencialista. El vicepresidente es como un designado a ser presidente, pero esa designación lo convierte necesariamente en un factor de inestabilidad política. La ventaja que tendría Germán Vargas es que sería el primero en avalar una terminación de la figura.

Carlos Fernando Galán dijo la semana pasada que en esta elección se estaban escogiendo dos presidentes. ¿Cree que es así?

Es la confirmación de lo que digo: son dos presidentes gobernando.

Es decir, ¿si Germán Vargas fuera el vicepresidente de Santos no lo dejaría gobernar, o cuál sería el conflicto?

Ahí no hay salida buena.

¿Por qué?

Porque o el vicepresidente se calla, y entonces pasa agachado y se desaparece, o comienza a fijar posiciones frente al presidente, y en ese momento entran en contradicción.

¿Coincide usted con quienes dicen que es un absurdo que Vargas sea la fórmula vicepresidencial de Santos, ya que no comulga con el proceso de paz?

Pues en ese caso, Germán Vargas tendría que callar sus opiniones sobre lo que para él debe ser ese proceso de paz, porque ese es el eje de la política del Gobierno. Seguramente lo hará, y puede desperfilarse a lo largo de su vicepresidencia. Es que no le sirve a ninguno de los dos.

¿Cree que ya está definida la vicepresidencia de Germán Vargas?

No tengo idea. Germán Vargas va a ser presidente de este país, sin duda, pero una vicepresidencia no le convendría.

¿Por qué está tan seguro de que Vargas va a ser presidente de este país?

Porque aunque la gente piense que no, sí hay una especie de fila que se respeta. La gente se posiciona en un lugar, demuestra que tiene unas capacidades, consolida una trayectoria y eso se ve. Yo esperé diez años, pero finalmente me llegó el turno.

Al lado de Vargas también hay mucha gente haciendo la fila...
Y seguramente podrán hacer la fila adelante o detrás. No digo que seguramente no vayan a serlo ellos; digo que Germán seguramente va a ser presidente.

¿Cree que Santos sí va a ser reelegido?

En política lo único cierto es lo que ya pasó, pero en las actuales circunstancias, pienso que sí. No sólo porque creo que tiene méritos para ser reelegido, así no se sepan debido a los graves problemas de comunicación que tiene el Gobierno.

¿Qué es lo positivo de este gobierno que no se comunica bien?

Las cifras macroeconómicas son incontrovertibles, la política social ha sido importante, pero lo más importante que ha hecho Santos es que reinstitucionalizó a este país. Con los ocho años de Uribe en Colombia implosionó toda la institucionalidad, y de alguna manera el país recuperó su sendero institucional en estos años.