La noche en que la Modelo fue una caldera

Dos presidiarios que sobrevivieron a la tragedia en la cárcel de Barranquilla rememoran los hechos, al parecer originados por una pelea entre internos. Investigación está en etapa de juicio.

Roquelina Zapata perdió a Jhoannys, uno de sus cinco hijos, en el incendio de la cárcel Modelo de Barranquilla. / Fotos: Jesús Fragozo

Roquelina Zapata (50 años) encendió la radio a las 4 de la mañana. Y mientras iba a la cocina a hacer el desayuno oyó que 10 reclusos de la cárcel Modelo habían muerto. La morena de ojos cafés y nariz chata se quedó paralizada por unos segundos. Y luego, como si apenas comprendiera todo, se alistó y salió como alma que lleva el diablo al centro de reclusión. Quería saber si su hijo Jhoannys Zapata Carrillo (22) era una de las víctimas. Cuando llegó había cientos de familias de otros presos. Escuchó atenta la lista de los nombres de los reos con vida, pero allí no estaba el de su hijo. Jhoannys murió incinerado.

El pasillo 7 del pabellón B de la Modelo se incendió el 27 de enero del año pasado, luego de que se formara una pelea. Unos 10 reclusos murieron esa noche calcinados y otros siete por las quemaduras. Era una especie de caldera. Más de 20 reos resultaron heridos.

Una prueba de ADN sirvió para que Zapata confirmara que su hijo estaba entre los muertos. A Jhoannys lo velaron en la sala de su casa en el barrio Siete de Abril de Barranquilla, cerca del lugar en donde la Policía lo capturó en 2012 por portar un chopo. Nunca se le hizo un juicio. Murió sin haber sido condenado. Roquelina se mudó con su esposo y sus dos hijos menores a una casita de tablas de madera en el barrio La Inmaculada del municipio de Baranoa (Atlántico), después de que pasaran dos meses de la tragedia. “Me alejé porque me dolía estar en la casa en donde nació y se crió mi hijo”, dice la mujer.

La cárcel Modelo tiene capacidad para 454 reclusos. Por aquel entonces había 1.150 reos, es decir, la cifra de hacinamiento llegaba a más del 120%. Pero al mes de diciembre se había reducido a 794 presos (75% de hacinados), según el defensor regional del Pueblo, Milton Gómez.

Cuando comenzó el incendio, Jesús Francisco Ávila (23) dormía junto con tres compañeros en una celda del pasillo 7 del pabellón B. Dos de ellos murieron calcinados y uno resultó herido con quemaduras de segundo y tercer grado. Él se quemó parte de las orejas. Se golpeó la mano derecha y salió hacia donde estaba una reja. “Allí habíamos más de 40 personas atrapadas. Gritábamos mientras se prendían unas celdas de madera. Los guardias no encontraban las llaves y se burlaban de nosotros. Pasó mucho tiempo”.

Pacho, como también lo llaman, quedó tendido en el suelo tras golpearse la cabeza. “Cuando desperté estaba en el puesto de salud de la Modelo. No me hicieron exámenes, ni tampoco me dieron medicamentos”. Ávila recuperó su libertad en agosto del año pasado. La Policía lo capturó en julio de 2012 por hurto y porte ilegal de armas de fuego. Ahora conduce un taxi por el que paga una tarifa de $50.000 diarios.

Dos reclusos, Jeison Yesid Reyes de la Hoz y Bryan Méndez Cantillo, son señalados como presuntos responsables del incendio en un proceso que está en la etapa de juicio. Para el 14 y el 19 de enero estaban previstas las audiencias “que han resultado fallidas por motivos ajenos a la Fiscalía”, según anunció el órgano de control.

Willy David Villa Amador (35) es otro recluso que también estuvo esa noche. A él lo llaman La Machi. Tiene los ojos hundidos, las cejas depiladas y perdió en 2012 casi todos los dientes en un accidente de tránsito. Ese día se escondió en el baño, mojó una colchoneta que usó como manto y ahí estuvo dos horas, tiempo que duró el incendio. Él, o más bien ella —como prefiere que la llamen—, estaba viendo televisión cuando “oyó un estruendo”.

La Machi duerme en el pasillo 2 del pabellón B, al lado de unos 60 hombres. Uno encima del otro. Pero Villa, que ingresó en febrero de 2013, todavía es sindicado. Unos 500 presos de la Modelo (más del 50%) están en la misma condición, como lo estuvo Jhoannys Zapata, según el defensor del Pueblo.

“Esto ocurre porque el 75% de las audiencias no se hace. El Inpec no puede trasladarlos por el tema de transporte. No hay suficientes guardias. De 40 remisiones, se remiten apenas nueve. Esa es una de las causas del hacinamiento”, agregó Gómez.

A Villa lo capturaron por tener unas bolsas de marihuana. Se fumaba un porro y consumía ‘patra’ en una casa de un sector conocido como La Hora Cero del municipio de Malambo (Atlántico) durante un allanamiento. Ahí compraba $2.000 de hierba.

“Después del incendio se hicieron unos trabajos en la red hidrosanitaria, se instalaron unas baterías ‘antivandalismo’, se arreglaron las cubiertas del pabellón B y se le hizo mantenimiento a la red eléctrica”, asegura el director regional del Inpec, el coronel (r) Carlos Julio Pineda. Las adecuaciones, sin embargo, siguen siendo pocas.

“Cuando salí al pasillo creí que había más de 30 muertos”, afirma Villa. Él, Ávila y Zapata recuerdan esa noche cada vez que cierran los ojos, aunque la mamá de Jhoannys se haya mudado, aunque Pacho esté libre y aunque La Machi resultara ilesa. No se quemó una hebra de pelo.

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