La nueva cara de las Piedras del Tunjo

Grafitis y manchones fueron removidos por restauradores que recuperaron 41 conjuntos pictográficos. Aún faltan 21. Autoridades locales piden continuidad para el proyecto.

El parque tiene una extensión de 27 hectáreas y en su interior hay 61 conjuntos de arte rupestre. / Cristian Garavito

A tan sólo una hora y media de Bogotá, en el municipio de Facatativá, se encuentra uno de los más grandes legados que los colombianos tienen de su pasado indígena: el Parque Arqueológico Piedras del Tunjo, un lugar lleno de arte rupestre, es decir, de imágenes que han sido grabadas o pintadas sobre superficies rocosas por la comunidad muisca, además de pictogramas y restos de instrumentos de los más antiguos pobladores de la sabana cundiboyacense, como los cazadores recolectores. Es un espacio majestuoso de 27 hectáreas que muchos aún no han visitado. Rocas gigantes con formas de ranas, cuevas en las que se realizaban los rituales indígenas, pictografías de manos, sapos y espirales son los atractivos de este lugar que alberga 12.000 años de historia.

Pero este paisaje no era así hace dos años. El parque arqueológico, donde hoy está plasmada la manera de pensar de los pueblos precolombinos y sus relaciones sociales, renació de las cenizas. Su administrador, Mauricio Roa, cuenta que a aunque fue declarado parque en 1946, apenas hace poco las autoridades y la comunidad se preocuparon por su conservación. Por supuesto, la tardía preocupación llevó a que este lugar sagrado sufriera todo tipo de atropellos y alteraciones: grafitis, quemas de las enormes piedras por los paseos de olla que hacían los habitantes, contaminación y hasta la imprudencia de arqueólogos extranjeros, que decidieron marcar las piedras muy cerca de los pictogramas, son algunos de los abusos cometidos por los ciudadanos. “Esto fue consecuencia de la ignorancia. La gente no tenía idea de que era arte rupestre, entonces pintaban encima de él o no les importaba su parque”, dice Roa.

Sin embargo, gracias a una acción popular interpuesta por la comunidad en 2008, la Corporación Autónoma Regional (CAR) se vio obligada a cercar el parque, ponerle senderos y vallas informativas y restaurar las piedras que tienen arte rupestre. Esta orden le costó a la CAR alrededor de $1.400 millones, monto con el que se le pagó también a un grupo de restauradores de la Universidad Nacional que durante 20 meses borraron los dibujos y grafitis que estaban sobre las pictografías.

María Paula Álvarez, la coordinadora del proyecto, manifiesta que este ha sido el más grande trabajo de conservación de arte rupestre que se ha realizado hasta ahora en el país. De los 61 conjuntos de pictografías, ya están restauradas 41, que equivalen a 1.000 metros cuadrados de superficie. “No les agregamos nada a las piezas, porque de eso se trata la conservación. Se busca trabajar con la mínima intervención. Utilizamos solventes y una técnica llamada microabrasímetro, es decir, un chorro de arena controlado que permite quitar las machas que no pudieron removerse con solventes. Esto nos permitió encontrar, incluso, más pictografías. Además se logró recuperar el color y algunos trazos que estaban ocultos”, añade la restauradora.

En esta tarea, que implicaba también hacer una revisión minuciosa de la documentación de estos hallazgos, trabajaron 16 personas, entre las que se encontraban ocho restauradores, un artista plástico y siete asistentes de conservación.

El cambio ha sido del cielo a la tierra. En dos años, el parque tiene una mejor cara y, lo más importante, cuenta con el respaldo de la comunidad para su cuidado. Sin embargo, aún faltan muchas acciones, sobre todo de las autoridades, pues con el presupuesto anual no se pueden hacer todos los cambios que el municipio quisiera. Aún se ve basura en el piso, faltan algunas vallas y cercas para proteger el arte rupestre, pero sobre todo se necesita quitar todos los dibujos que hicieron algunos ciudadanos sobre estas milenarias rocas de hasta ocho metros de alto. Piedras del Tunjo es un parque autosostenible y su presupuesto es lo que se recauda en la entrada, que cuesta $3.500 para adultos y $1.500 para niños. “Por eso también queremos promocionar más este lugar. Queremos invitar a los habitantes de la capital y los municipios de la Sabana a que nos visiten más a menudo, pues este es un paseo por la historia. Es un recuento de nuestras culturas prehispánicas, sus creencias, sus ritos, sus ofrendas. Aquí se puede apreciar la evidencia de que este territorio fue ocupado desde hace 12.000 años. Y con su entrada no sólo conocen su pasado, sino que también ayudan a recuperarlo”, agrega el administrador.

En cuanto a la continuación de la recuperación de las Piedras del Tunjo, Orlando Buitrago, alcalde de Facatativá, dice que desde ya se está hablando con la CAR para que destine $700 millones más, indispensables para terminar este primer proceso. Buitrago es consciente de que faltan más proyectos para impulsar este centro turístico, como el tan nombrado museo arqueológico, que hasta ahora está en ideas, en gran parte porque no existe una iniciativa de los verdaderos dueños del predio: la Nación, específicamente el Ministerio de Cultura. “El Gobierno ha definido otras prioridades y entre ellas no están las inversiones de nuestro parque por ahora. Sin embargo, estamos retomando los diálogos para que nos den la ciudadanía de este lugar y empecemos a ejecutar los planes que tenemos en mente, que seguro mejorarán nuestro patrimonio”, expresa Buitrago.

Hoy, el grupo que trabaja para que este parque arqueológico mejore cada día espera que el próximo alcalde de la ciudad y el Gobierno sigan con el proceso de conservación, pues aún faltan 21 piezas por reparar, además de reforzar las campañas de sensibilización para que la comunidad se apropie de su parque y los colombianos vengan a visitar este espacio que, como dice su restauradora, “volvió a ser sagrado”.

 

 

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