Ocaña, desabastecida por cuenta del paro camionero

Considerada la despensa del Catatumbo, esta localidad de Norte de Santander está parcialmente paralizada por falta de combustibles.

La gasolina, el combustible que dinamiza la economía, ya tiene a los habitantes de Ocaña a puertas de una emergencia. “No hay” es la frase que acompaña a las estaciones de servicio donde el combustible ya escasea debido al paro camionero. Los altos precios de la poca que queda han afectado a la población ocañera, que ya se ha visto en la necesidad de hacer largas filas para poder obtener al menos un galón. Hernán Tarazona, vendedor en una estación de servicio, considera que todos están afectados “pues ya llevamos varios días sin combustible”.

Mientras que las estaciones no cuentan con el combustible para la venta, sus administradores palean la situación económica con los parqueaderos, recuperando un poco del dinero que están perdiendo. Entre tanto, los pimpineros -quienes se dedican a la venta informal de gasolina- se las arreglan para conseguir el ahora preciado líquido que no deja de llegar clandestinamente como ha sido tradicional.

Pescando en río revuelto, lo poco que consiguen lo venden a precios elevados, afectando el bolsillo de los ocañeros. Alcira Acosta Franco, quien se dedica a la venta informal, asegura que “son pocos los gasolineros que venimos trabajando y ahora cobramos el galón a diez mil pesos, antes estaba a seis”. Tras el cierre de frontera, el pimpineo se había venido a menos, no obstante ahora que el paro camionero se ha agudizado, “vendemos un tonel diario”.

Entre los más afectados por la escasez de gasolina están los conductores de vehículo de servicio público y moto -principal medio de transporte en Ocaña- quienes se han visto en la necesidad de dejar guardados sus automotores. Laborar normalmente se ha convertido en una odisea en medio de tanta crisis. Incluso, conductores informales manifiestan su preocupación por la problemática que están afrontando.

Jorge Elías Mena Medina, quien se dedica al mototaxismo, asegura que “se ha encarecido mucho la gasolina, por el galón piden diez mil pesos”. Esto los lleva a cobrar entre $2.500 y tres mil por una carrera que usualmente cuesta mil. Hasta se llegan a quejar por la calidad de la gasolina pues se dice que en los sitios de venta informal están ofreciendo “pategrillo”, que no es más que una gasolina fabricada artesanalmente con crudo extraído del oleoducto que atraviesa el Catatumbo a través de válvulas ilegales y que usualmente es utilizado para procesar droga. John Sepúlveda, conductor de buseta, es otro de los afectados pero por la falta de ACPM el cual también está escaso.

Pero si en Ocaña por el sector que se nutre de la gasolina está lloviendo, el comercial pasa por el mismo aguacero. Almacenes, ferreterías, panaderías y hasta la construcción están viviendo los efectos del paro camionero. La situación crítica se evidencia en los estantes vacíos dentro de los establecimientos comerciales donde ya no se encuentran los alimentos básicos de la canasta familiar y víveres en general.

Anaminta García Rincón, administradora de un supermercado, dice que “los comerciantes nos hemos reunido para buscar una empresa transportadora que nos traiga los víveres, pero ha sido imposible, de seguir así nos toca cerrar puertas porque ya no tenemos nada que ofrecer”.

En las veterinarias y agropecuarias el panorama que se está viviendo es similar. Implementos y alimentos necesarios para el mantenimiento de granjas y animales de corral se han escaseado porque no hay quien transporte el suministro hacia los establecimientos comerciales del municipio. Los montones de purina y alimento para animales que casi tocaban el techo, hoy se ven reducidos a unos cuantos.

“Los clientes también se han visto afectados porque no están alimentando bien a sus cerdos y aves de corral. Las pérdidas en la calidad de vida de los animales no se recupera y del bolsillo tampoco”, dice el administrador de una tienda de productos agropecuarios.

De otra parte, las ventas que hace unos días crecían como levadura, hoy, debido al paro camionero, han disminuido considerablemente. Las panaderías ya no tienen materia prima para la fabricación de sus productos y así mismo se están quedando sin qué ofrecerle  a sus clientes.

Tatiana López, administradora de una panadería, reflexiona y dice: “Tenemos la materia prima retrasada en llegar, sino hay materia prima, no hay elaboración del producto, sino hay elaboración del producto no hay generación de empleo y si no hay generación de empleo ¿dónde queda la familia?”.

Pero así como sin harina no hay pan; sin cemento, sin hierro y demás materiales de vital importancia para levantar una obra, no hay construcción. Así se han quedado las diferentes constructoras del municipio, frenando las labores de sus trabajadores trayendo consigo atrasos en la culminación de los contratos con las consiguientes pérdidas financieras. 

Álvaro Arévalo, gerente de una empresa constructora, explica que “no hay suministro de materiales para las obras, ya no tenemos cemento ni hierro. El paro camionero afecta los cronogramas de obra, el desempeño y a los trabajadores de las obras”. Esto lo ratifica  José Eliécer Castillo, ayudante técnico de construcción.  “Nos afecta en el sentido que se paran las obras, no tenemos en qué trabajar y los ingresos se frenan también”.

De esta manera se demuestra cómo la crisis que ha generado el paro camionero, no es sólo cuestión de los transportadores, sino de toda la comunidad ocañera, desde el usuario de transporte, amas de casa que ya no consiguen alimentos ni insumos para el hogar, hasta los dueños de pequeños y grandes establecimientos comerciales que se están quedando sin qué ofrecer. El paro no sólo ha traído pérdidas económicas para los comerciantes sino también ha aumentado el desempleo en el municipio. 

Con el paso de los días la situación se ha vuelve más crítica, tornándose por momentos agresiva con algunos desordenes públicos en el sector sur del municipio entre la Policía y conductores que por fortuna no han llegado a consecuencias lamentables.