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hace 6 mins

Otaré, de remanso de paz a la zozobra del conflicto

Este corregimiento, comprensión del municipio de Ocaña, Norte de Santander, se caracterizó por ser un lugar alejado de las confrontaciones armadas. Pero desde hace un tiempo el temor por hostigamientos llegó a sus habitantes.

Estación de Policía y colegio de Otaré. / Geovanny Mejía Cantor

Otaré siempre se caracterizó por ser un terruño de paz para sus habitantes y visitantes. Pero el 14 de febrero la tranquilidad fue quebrantada por el sonido de los disparos que acabaron con la vida de un policía y dejaron a un civil herido. Ese fue el primer duro campanazo para esta comunidad que desde ese día ha sido testigo de una serie de hostilidades. La estación de policía ha sido el blanco de hostigamientos generando temor sobre todo en sus vecinos más cercanos, la comunidad educativa del colegio Edmundo Velásquez. 

En los últimos 15 días el cuartel ha sido atacado en tres oportunidades. El hecho más reciente se presentó la noche del jueves 4 de agosto cuando, con artefactos explosivos improvisados y ráfagas de fusil, los uniformados fueron atacados desde la parte montañosa. En ninguna de estas acciones se han presentado personas afectadas salvo el temor que ha penetrado en los habitantes del centro poblado. Pero lo que más preocupa es la cercanía del fortín policial con la antigua casona donde funciona el colegio. Los separa tan solo una calle.

Aun cuando los atentados no se han registrado en horas de clase, tanto docentes como alumnos permanecen atemorizados pues creen que en cualquier momento se puede presentar una arremetida de la guerrilla. José María Lanziano Madariaga, rector del colegio, advierte que están pasando por una situación difícil y hace el llamado a todos los grupos armados a que no se metan con la población civil. “Pedirles que nos dejen tranquilos, que queremos desarrollar el proceso educativo en paz y tranquilidad”, dice. Además de los ataques con tatucos y disparos a la estacón policial, se viene presentando otro hecho que intranquiliza a los otarenses: las áreas minadas.

El sábado 6 de agosto explotó un artefacto explosivo que había sido sembrado en un terreno cercano. La onda expansiva rompió vidrios de dos aulas cuyas esquirlas volaron por los salones. Yinet Marcela Suárez Pérez, personera de la institución educativa, dice que para los jóvenes es muy difícil ir al colegio. “Sobre todo para los que vivimos en el pueblo ya que nos encontramos al lado de la estación de policía, los estudiantes del sector rural no vienen a clase por el temor de que suceda un acto terrorista”, cuenta. La alumna además pidió “encarecidamente la reubicación del colegio ya que corremos peligro físico”. Y es que las instalaciones son tan pequeñas que la calle del centro poblado es el sitio de formación. Esta es una de las razones por las cuales esa comunidad educativa está pidiendo un nuevo colegio mejor ubicado.

Pero si los estudiantes le están haciendo el quite a la asistencia al colegio ante el temor generado por el conflicto, este también ha hecho mella en la fe de los fieles católicos, que prefieren elevar sus oraciones desde sus casas por el miedo a desplazarse hasta la iglesia. “Temor si hay; la presencia en la eucaristía sobre todo en las noches ha disminuido, la gente del campo muy poco viene y le pedimos al Señor que esta situación se calme”, dice el sacerdote Enrique Ríos, párroco de Otaré.  Muchos de los asiduos visitantes e hijos de ese corregimiento que acudían a la celebración de la Semana Santa también han sido víctimas de los efectos de las hostilidades. “Aun cuando se celebró con la gente del corregimiento el cambio fue evidente ante la cantidad de gente que prefirió no venir por los temores” agregó el cura Ríos.

Así como el rector de la institución educativa da recomendaciones de seguridad a sus alumnos, desde el pulpito también las sugerencias del sacerdote hacen parte de la homilía de la eucaristía dominical para que la gente tenga cuidado.  Hay un pedido de toda una comunidad que espera que la tranquilidad retorne a Otaré, un corregimiento de 700 habitantes que clama a través del padre Ríos “Que Dios nos proteja, y a los que están generando esta situación que revisen sus conductas para lograr lo que tanto anhelamos, alcanzar la paz”. 

 

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