Pasiones heredadas

Historias de cuatro papás que le transmitieron el amor por sus oficios a sus hijos como legado para la vida. Recuerdos y anécdotas de las familias Calle, Benjumea, Baena y Cabas.

El entrañable lenguaje de la música

Es reconocido en Colombia por canciones como Mi bombón e internacionalmente por una amplía variedad de temas como Ana María, Fiesta de tambores y Tu boca. Además ha sido nominado a Mejor Interpretación Rock del Año, Mejor Nuevo Artista en los Premios Grammy Latino 2002 y Mejor Álbum Rock del Año, pero para el maestro Eduardo Cabas, Andrés aún sigue siendo su pequeño.

Como si el tiempo no hubiese pasado, todavía recuerda, de manera intacta, aquella mañana en la que lo vio zapateando el piano. “Tenía como cuatro años, y al verlo me dio la sensación, por la manera como lo estaba haciendo, que le gustaba el sonido. Al otro día nos sentamos y le ayudé a montar una pequeña canción de Mozart, fácil para niños, y la cogió rápidamente”.

El paso siguiente era motivarlo a que lo continuara haciendo, pero por iniciativa propia. Desde entonces no ha dejado de tocar piano.

Los estudios de jazz, música clásica, tamboras y percusión se convirtieron en el espacio ideal para compartir tiempo entre padre e hijo. “Ahora por las giras casi no pasamos tiempo juntos, pero siempre que viene a Colombia hablamos de la música, de las tendencias, de lo que está sonando, si son buenas ideas o son pasajeras, hoy hablamos como dos artistas”.

Haber nacido en un ambiente creativo —su hermano mayor es un ingeniero industrial que toca heavy metal y el menor pintor— hizo que este barranquillero de 38 años desarrollara una habilidad especial para el diseño y la innovación.

“Andrés podría ser un gran diseñador de modas, impone su manera de vestirse desde pequeño. De igual forma, es muy bueno para la decoración de interiores, él siempre mete la cucharada en todo lo que tiene que ver con los apartamentos, los colores, los muebles, eso le interesa muchísimo”.

En palabras del maestro, “Andrés es un genio creativo. Cuando he apreciado su música me gusta mucho que, primero, no haya tenido que tomar nada de lo mío, y, segundo, que tiene una tremenda facilidad para juntar los valores raizales con lo que está pasando en el día a día de la industria”.

Fuera de los viajes, los camerinos y los conciertos, Andrés Cabas disfruta compartir con su padre almuerzos en sitios donde preparen muy buena carne, ver películas y oír música, especialmente jazz.

La esencia de ser Calle

Lejos estaba de pensar Carlos Arturo Calle Baena que las vacaciones que pasaba cuando niño en un pequeño local de San Victorino, cuidando y arreglando corbatas, sería la escuela que lo prepararía con el mejor MBA para lo que en el futuro iba a ser su día a día.

El hoy médico, piloto y administrador de empresas es el hombre detrás de los planes de expansión de una de las marcas más reconocidas de Colombia: Arturo Calle. Y aunque ya suma 28 años en la empresa de su padre, aún recuerda, como si hubiese sido ayer, los motivos que lo llevaron a ocupar actualmente la gerencia general en un edificio en el norte de Bogotá.

“Esta pasión por los negocios la tengo desde siempre, gracias a que mi papá nos inculcó la dedicación al trabajo. Crecí viendo su amor por lo que hacía”.

En horarios laborales se refiere al jefe como ‘Don Arturo’. Fuera de las oficinas el trato es amoroso y amable, comparten la pasión por el deporte —él amante del golf y su padre, del ciclismo— y se identifican con la paciencia, la cual consideran que ha sido el secreto del éxito de la marca.

Dupla deportiva

Todo fue como ha sido su vida: veloz. Era como la premonición de una carrera. El 8 de octubre hubo un amago, con el que comenzó la maratón. “Ruth sentía los dolores y el doctor Palencia creía que estábamos exagerando. El parto estaba para el 16 de octubre pero al amanecer del 10 Ruth rompió fuente. Corrimos a la clínica y en minutos oí el lloriqueo”.

Así recuerda Eugenio Baena el día que llegó al mundo su “Nena”, como cariñosamente llama a Cecilia Baena, la Chechy. La alegría se mezclaba con la emoción de los logros deportivos colombianos. Happy Lora vivía en su casa cuando ostentaba el título mundial y un día dijo mientras la Chechy aún estaba en el vientre de su madre: “yo quiero bautizarla porque va a ser campeona como yo”. Y así fue, no solo se convirtió en su padrino, su predicción también se cumplió.

El famoso periodista deportivo, Eugenio Baena, paradójicamente, no acostumbraba narrar las competencias de la Chechy. Los nervios eran los culpables. Por eso minutos antes de que iniciaran los 500 metros ruta en el Mundial de Patinaje de Italia 2004, se despedía de sus oyentes. “Mi compañero de cabina, Rafael Villegas, me dio paso sin avisarme. No pude evitarlo, me emocioné y grité: “¡Ahí viene la nena!, ¡va a ganar!, ¡pasó de primera!, ¡señoras y señores ganó mi nena!”, recuerda.

Cecilia heredó su disciplina y constancia. “Y ahora en el periodismo le auguro grandes triunfos. Tiene talento y olfato. Ya quiero que comience a hacer cosas a mi lado”.

Crecer en las tablas

Encarnar a Michael Jackson fue una de las misiones teatrales más difíciles para Ernesto Benjumea. Bailar y cantar como el Rey del Pop le trajo más de un regaño de su padre, Carlos, quien dirigía el espectáculo en su restaurante-bar La Casa del Gordo. “El montaje estaba crudo y mi papá me exigió hasta el mínimo detalle”, recuerda.

Fue en ese sitio donde descubrió su vocación actoral tras retirarse de medicina. El primer papel que interpretó lo hizo sobre esas tablas compartidas con el Gordo. Era el espectáculo Yo Carlos, que duraba una hora y media.

Más allá de la actuación, una Navidad se quedó en los recuerdos de Ernesto. Era amante de los carros y ahorraba para comprar ejemplares en la Cacharrería de las Viejitas, hasta que un 24 de diciembre su padre le regaló una colección de 100 carritos. “A Ernesto le enseñé a caminar, nada más, asegura Carlos. Ellos tienen más sapiencia que yo cuando hablamos de nuestro trabajo”.

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