Patarroyo y su lucha contra la malaria

Este científico, creador de la primera vacuna sintética contra el paludismo, trabaja en la fórmula para combatir otras 517 enfermedades infecciosas.

El inmunólogo colombiano Manuel  Elkin Patarroyo. / Óscar Pérez - El Espectador
El inmunólogo colombiano Manuel Elkin Patarroyo. / Óscar Pérez - El Espectador

Manuel Elkin Patarroyo, director del Instituto de Inmunología de Colombia, fue el primero en desarrollar una vacuna sintética contra la malaria, enfermedad que cobra la vida de un niño cada minuto y que cada año se transmite a 216 millones de personas en el mundo. El descubrimiento fue suficiente para que en tres ocasiones lo postularan al Nobel: dos veces en química y una en medicina, y para que los colombianos lo vieran como referente de la ciencia en el país.

A los ocho años, la violencia obligó a su familia a huir de Ataco, al sur del Tolima, y desplazarse a Girardot, donde comenzó su obsesión por las vacunas. Su padre, viéndolo sin oficio en el nuevo hogar, le regaló un cómic sobre la vida de Luis Pasteur, titulado Descubridor de vacunas, benefactor de la humanidad. Luego llegaron Robert Koch y su lucha contra la tuberculosis, Armauer Hansen y su lucha contra la lepra y Ronald Ross y su batalla contra la malaria. Desde entonces, Patarroyo decidió que quería convertirse, como sus héroes animados, en científico y desarrollador de vacunas.

De ahí en adelante, el tolimense se graduó de médico, obtuvo un doctorado en medicina y cirugía de la Universidad Nacional, cursó una especialización en virología en la Universidad de Yale y otra en inmunología de la Universidad Rockefeller y el Instituto Karolinska de Estocolmo.

El momento clave de su carrera llegó en 1986, en el laboratorio que montó en el Amazonas para hacer moléculas y ensayarlas en micos. Allí, entre experimentos y fórmulas fallidas, el sueño de infancia por fin se hizo realidad: descubrió la primera vacuna contra la malaria, denominada SPF-66, y tras realizar ensayos en más de 50.000 individuos de distintos países se verificó su efectividad entre un 30 y 50%.

En 1996 cedió la patente a la Organización Mundial de la Salud (OMS), pero su nueva obsesión fue hallar una vacuna mucho más efectiva, y así fue: en 2011, dio a conocer la Colfavac, de la que había comprobado una efectividad superior al 90% en monos y que ahora está probando en humanos.

En la prestigiosa revista estadounidense Chemical Reviews publicó que había encontrado los principios químicos que permitirán crear vacunas sintéticas para prevenir prácticamente todas la enfermedades infecciosas existentes en el mundo: tuberculosis, papiloma humano, dengue, hepatitis C, lepra y cientos más.

La labor incansable de este investigador lo ha hecho acreedor de importantes premios y reconocimientos: doctorados honoris causa por las universidades Nacional, del Tolima y Metropolitana de Barranquilla; el Premio León Bernard que otorga la OMS; el nombramiento como académico de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Madrid, y, entre las condecoraciones, las de Caballero de la Orden de San Carlos y Simón Bolívar, ambas de Colombia.

De culminar su investigación sobre principios químicos que permitan crear vacunas para cientos de enfermedades infecciosas, no sería extraño que el Nobel de Química o Medicina por fin quede en Colombia.