"Plan Colombia cambió a las Farc"

En su oficina en el MIT, el intelectual norteamericano Noam Chomsky habló en exclusiva para sobre la guerra y la paz en Colombia.

A sus 86 años, Chomsky cumple horario de oficina y atiende a admiradores de todo el mundo. / Foto: Donna Coveney-MIT

El contraste entre la pausa en su voz y la radicalidad de lo que expresa se ha marinado con los años, revelando algo esencial en el trabajo del mundialmente famoso intelectual norteamericano Noam Chomsky: la fascinación por las paradojas.

Creció en Filadelfia, en una familia judía de eruditos del idioma hebreo bajo un nombre que les hace honor a dos de los patriarcas del judaísmo, Abraham y Noé. Pero al llegar a su madurez, Avram Noam Chomsky se convirtió en uno de los críticos más mordaces del sionismo, del Estado de Israel y del papel de Estados Unidos en el Medio Oriente.

Alcanzó reconocimiento mundial como lingüista con una novedosa teoría sobre el lenguaje y la inteligencia humana que revolucionaría un arsenal de ciencias cognitivas, filosóficas y del lenguaje. Sin embargo, un par de décadas más tarde, sería tan leído, citado, discutido y debatido por su “gramática generativa” como por sus libros políticos de afilados dientes sobre las aventuras imperiales de su país en el mundo. Chomsky habló en exclusiva para este diario.

¿Cuál cree usted que es el papel que ocupan las movilizaciones sociales de las últimas décadas en América Latina dentro de la coyuntura mundial?

Noam Chomsky: Lo que ha sucedido en América Latina en las últimas décadas es de gran importancia histórica. Por primera vez en 500 años, desde la llegada de los conquistadores, América Latina, particularmente Suramérica, ha ganado cierta independencia. Primero estuvo por siglos bajo el control de los poderes imperiales europeos. Luego, durante el último siglo y medio, bajo Estados Unidos. El asunto es que EE.UU. ha dado esto por hecho siempre. Al final de la Segunda Guerra Mundial, cuando comenzaron a diseñar el sistema imperial global, quienes lo planearon asignaron lo que ellos llamaban “funciones” a cada región. De manera franca y abierta, personajes como George Kennan, por ejemplo, estipularon que EE.UU. debía combatir “la filosofía del nuevo nacionalismo latinoamericano”, que no era más que la premisa de que los recursos de las naciones deberían desarrollarse de acuerdo con los intereses de sus pueblos. Para EE.UU., esto resultaba inaceptable. Los recursos del continente deberían ser para los inversionistas estadounidenses. Existe toda una teoría económica al respecto. Lo interesante es que cuando las colonias norteamericanas lograron su independencia en el siglo XVIII, economistas británicos como Adam Smith les aconsejaron exactamente lo mismo a sus dirigentes. Por supuesto, las colonias violaron todos los principios de dicha teoría. Así que cuando finalmente estuvieron a cargo del mundo tras la Segunda Guerra Mundial, le impusieron las mismas reglas a América Latina y así la sometieron. Pero las cosas han cambiado radicalmente en los últimos 15 años. EE.UU. ya no controla el continente, lo cual es una de las señales más claras del declive de su hegemonía. 

A la luz de estos cambios históricos, ¿qué perspectivas de paz encuentra en Colombia?

El panorama es esperanzador. Los diálogos de paz son un giro positivo que tal vez pueda ponerle fin a esta historia tan brutal. De algún modo el mayor efecto del Plan Colombia fue cambiar a las Farc de una organización con programas sociales a otro ejército más que se ensaña con los campesinos.

E.E.: Pero esa no es la perspectiva que tiene la mayoría de los colombianos. La idea generalizada es que las Farc abandonaron su ideología y principios cuando se involucraron en el narcotráfico en la década de los 80.

Las Farc siempre tuvieron algún grado de conexión, o tolerancia, con la producción de drogas ilegales, pero no eran actores principales. Se convirtieron en uno durante la transición general que sufrieron bajo el Plan Colombia, cuando abandonaron los programas sociales al ser imposibles de implementar con la militarización del conflicto. En mi opinión, fue el Plan Colombia lo que llevó a las Farc al punto en que se encuentran hoy, es decir, otra fuerza militar que victimiza a los campesinos. Esto se puede ver en el Cauca, cuando uno habla con los campesinos es claro que consideran a las Farc otro enemigo junto a los militares y los paramilitares.

E.E.: Precisamente en esa militarización del conflicto muchos analistas han encontrado razones para considerar a Colombia un bastión de la derecha en el continente. ¿Qué piensa de esta correlación?

Ha sido cierta, pero hoy lo es menos que antes. (El presidente) Santos ha sido una sorpresa para mí. Nunca esperé que hiciera un giro tan rápido en su política, tal como lo ha hecho. Siento que ha habido un cambio de fondo. No creo que EE.UU. cuente con Colombia de la misma manera que antes, es decir, como una base confiable para actividades antiterroristas y de control continental. Colombia se está alejando de Estados Unidos. Cualquiera lo puede ver en la posición que el país ha venido asumiendo en conferencias y encuentros internacionales. EE.UU. sigue intentando mantener a Colombia en su órbita. El esfuerzo más reciente ha sido a través de la Alianza del Pacífico, la cual pretende crear con Chile, Perú, Colombia y México para hacerles contrapeso a Mercosur y a los otros estados más independientes de la región. Pero yo creo que será una causa perdida. 

¿Por qué cree que fracasará?

Porque hay un gran giro continental hacia la independencia. 

Y dentro de ese giro, ¿cómo analiza las movilizaciones sociales en Colombia en contra de los tratados de libre comercio, la minería extractiva y la privatización de la educación?

Lo primero que debemos hacer es dejar de usar la frase “tratados de libre comercio”. Si observamos estos tratados, nos damos cuenta de que están lejos de ser de libre comercio, son altamente proteccionistas y mucho de lo acordado no tiene nada que ver con comercio. Básicamente, son acuerdos sobre derechos de inversión. Por eso las movilizaciones sociales en toda América Latina son desarrollos impresionantes. Los movimientos rurales contra la minería, en particular, son de significancia mundial. Cualquier persona con algún grado de alfabetismo debería estar consciente de que en la actualidad nos enfrentamos a la posibilidad de la destrucción de la vida en el planeta. Es un riesgo serio e inminente. Los informes científicos son tremendamente desalentadores. Basta una mirada a la actualidad para darse cuenta de que hay ciertos grupos tratando de afrontar la crisis y otros intentando acelerarla. A la vanguardia de los que afrontan la crisis están todos aquellos que hemos considerado atrasados, los pueblos indígenas de América Latina, las naciones originarias de Canadá, los aborígenes de Australia, las tribus de la India y muchos otros. Y, ¿quiénes lideran a los que buscan profundizar la crisis? EE.UU. y Canadá. La paradoja es excepcional: los países más avanzados económicamente, los que han gozado de las mayores ventajas, los más poderosos, supuestamente los mejor educados, están conduciendo al mundo al desastre, mientras que los pueblos hasta ahora considerados primitivos están tratando de salvar el planeta entero. Y a menos que los países ricos aprendan de los pueblos indígenas, estaremos condenados todos a la destrucción.

Uno de los públicos colombianos más fieles de su trabajo es el movimiento estudiantil, sus organizaciones siempre están circulando sus artículos, posteando sus conferencias, ¿qué tiene para decirles?

Históricamente los estudiantes alrededor del mundo han estado a la vanguardia de las luchas sociales que han conducido a sociedades un poco más civilizadas. Existe una razón. Ellos están en el momento de la vida de máxima libertad. Ya no están bajo el control familiar y todavía no están bajo el dominio del sistema económico que nos fuerza a convertirnos en sus esclavos. Así que tienen libertad para pensar, para averiguar quiénes son, para hacer cosas. De hecho, esta libertad es una de las razones para la arremetida privatizadora contra las universidades a nivel mundial. Es un intento por controlar esta población tan peligrosa. Uno de los enemigos principales de los estados y el sistema corporativo es la propia población. El escándalo de (Edward) Snowden y la NSA nos lo reveló. ¿De qué se trata si no de controlar a la población bajo la pretensión fraudulenta de la lucha contra el terrorismo? Los estudiantes están en una posición única de libertad y a raíz de ello se explican los esfuerzos por aplastarlos. Pero para los estudiantes colombianos, estas son oportunidades servidas para que las aprovechen y las multipliquen.


*(Britto & Hylton) Profesores de historia latinoamericana y del Caribe, Northwestern University, Chicago.