Pobreza y violencia amenazan a Cali

Esta es la conclusión del tercer informe anual que realiza esa entidad sobre la situación de los derechos humanos en la capital del Valle. El panorama para esta urbe no es alentador.

Los datos no requieren mucha explicación, pues hablan por sí solos. Más del 11% de las personas que viven en Cali tiene al menos una de las necesidades básicas insatisfechas. Esta situación la padece, en especial, la gente que vive en las comunas 1, 2, 13, 15, 17, 18, 20 y 21. Donde, además, se aloja la mayor parte de las 163.472 víctimas del conflicto armado que habitan en esa ciudad.

Este guarismo aumenta hasta el 19% en la zona rural, conformada por 15 corregimientos. Y constituye un grave incumplimiento de los Objetivos del Milenio, ese pacto mundial en el que Colombia está comprometida.

Estos datos y otros todavía más dicientes, hacen parte del III Informe Anual de la Situación de Derechos Humanos en Cali, documento de estudio y análisis que edita la Personería de ese municipio como una herramienta para “ayudar en la construcción de una ciudad más humana, más incluyente y respetuosa de las diferencias”.

Andrés Santamaría Garrido, personero de Cali y presidente de la Federación Nacional de Personeros, aprovecha la celebración mundial de los Derechos del Hombre, impulsada por la Organización de las Naciones Unidas cada 10 de diciembre, para presentar el documento a la comunidad en un acto público sobre las diez de la mañana. Según el funcionario, la herramienta permite entender dos variables que son las que en su criterio más afectan los derechos fundamentales de los habitantes de Cali: la pobreza y la violencia.

“Este documento debe contribuir al mejoramiento de las políticas públicas en materia de Derechos Humanos en Cali y suscitar la reflexión de las entidades del Estado, la academia y la sociedad civil en general con la gran esperanza de que vendrán cambios positivos para mejorar la convivencia en nuestro municipio”, explica Santamaría.

Es por eso que el informe está divido en dos partes. La primera explora cómo la privación continua o crónica de los recursos que sufre una porción importante de la población caleña es uno de los factores que contribuyen a generar mayores situaciones de vulneración de los derechos humanos.

En este capítulo el estudio reitera que Cali es la principal ciudad receptora de desplazados víctimas de la violencia provenientes del litoral Pacífico, el norte del Cauca y, más recientemente, de Putumayo y hasta de Tumaco.

Y si bien la pobreza no es causa directa de la violencia, el informe presenta evidencia de la relación entre las condiciones de pobreza, la vulnerabilidad de la población civil y la situación crítica de violación de derechos humanos en la capital vallecaucana.

En la segunda parte el informe hace un análisis sobre la violencia y la inseguridad. El estudio hace énfasis en las dificultades para conservar ciertos valores fundamentales, como la vida, la integridad y la libertad personal.

El informe presenta datos elocuentes, como son las cifras de homicidios o muertes violentas, que amenazan los derechos humanos más fundamentales. Es que en los doce meses del año pasado Cali tuvo 1.973 asesinatos violentos y entre el 1º de enero y el 31 de octubre de 2014 ya se han contabilizado 1.256 muertes violentas.

Según la Personería de Cali, dicha situación evidencia, entre otras cosas, “fallas funcionales en la prestación de servicios, como ocurre con las barreras en el acceso a la prestación de justicia”, lo que genera un alto índice de impunidad y facilita la percepción de inseguridad entre los habitantes.

Cada uno de los cuatro capítulos en que está dividido el estudio presenta casos concretos y testimonios de primera mano tomados por investigadores de la Personería durante lo corrido del año.

Finalmente, el documento ofrece una serie de conclusiones y recomendaciones para cada una de las situaciones analizadas, que permiten “tanto al gobierno local como a la comunidad en general, determinar y priorizar acciones para construir una ciudad más incluyente y humana”.