La Policía, en la mira de los francotiradores en el Catatumbo

Varios uniformados han perdido la vida este año en la zona siendo blanco de planes pistola y tiradores, quienes mediante esas crueles modalidades han logrado afectar la institución.

Muy a pesar de que los tratados  internacionales tienen como premisa  de que hasta la guerra tiene límites, la irracionalidad del conflicto los traspasa con una táctica afín a la inclemencia de quienes se atreven a poner la cuota que alimenta la tragedia de una región como el Catatumbo.  Estos son los francotiradores, modalidad de ataque que ha tocado a la mayoría de los municipios de la región. En los últimos seis meses el departamento  ha sido testigo de la sangre fría de guerrilleros que están detrás de la mira de los fusiles de alta precisión. Hombres calculadores y pacientes a la hora de matar en una acción fuera de combate. Esa máquina humana de muerte ha puesto siete policías  como blanco para apuntar y disparar.

El inicio de la trágica escalada que ha dejado policías muertos no tiene principio y mientras persista el conflicto, tampoco fin. El año 2015 terminó con un hecho trágico en el municipio de Hacarí. Ese 9 de diciembre fue el patrullero José Hernández Figueroa quien puso la cuota trágica del sacrificio al ser alcanzado por la bala de un francotirador quien perforó su pecho cuando prestaba seguridad en la garita de la estación.  El hecho fue atribuido a la “Compañía “Diego” del Eln.

Luego vendría el 2016 cargado de ataques contra miembros de la Policía. En la madrugada del  viernes 4 de marzo un hostigamiento con ráfagas de fusil contra la estación de Policía del municipio La Playa de Belén despertó exaltados a los habitantes de esa localidad.  Poco más de una hora duró el hostigamiento desde un cerro que generó la reacción de los policías en pleno casco urbano. En este asalto un francotirador de la guerrilla dejó gravemente herido al patrullero Luis Alberto Ayala Sánchez, de 24 años, quien fue trasladado al hospital Emiro Quintero Cañizares de Ocaña. El ataque fue atribuido por las autoridades al Ejército de Liberación Nacional.

Sobre la una de la tarde del domingo 14 de febrero  un grupo de policiales  se encontraba en hora de almuerzo en un restaurante del corregimiento de Otaré, del municipio de Ocaña, cuando fueron atacados al parecer por guerrilleros del Eln. Esta ocasión la maniobra criminal fue  a “quemarropa” mediante el plan pistola. Un hijo de Norte de Santander, el patrullero Yefri Darío González Sinisterra de 25 años nacido El Zulia fue el sacrificado. Así las cosas ya se evidenciaban el pánico generado en la comunidad y en los mismos policías quienes decidieron atrincherarse en sus cuarteles. Un policial de la estación de Teorama, bajo el anonimato manifestó a este diario que la vida se la dan ellos mismos andando resguardados y pendientes del francotirador, “sin dar papaya fuera de la garita”.

Pero la misión los lleva a ir mucho más allá. Y es cuando el francotirador que está al asecho, aparece como león rugiente buscando a quien devorar. La mañana del domingo 3 de abril  resultó  fatídica para el intendente Javier Vanegas, comandante de la estación de policía de El Tarra. Un tiro certero de un fusil dio en su pecho dejándolo gravemente herido. A pesar del rápido traslado falleció horas después en un hospital de Cúcuta.

Según el comando de policía Norte de Santander, el suboficial resultó afectado en medio del hostigamiento de la guerrilla del Eln al cuartel policial. Cuando la institucionalidad aún no se reponía de este hecho, dos días después el ataque en la letal  modalidad de francotiro llegó a otro pueblo del Catatumbo, Teorama. El “Paisaje de Dios”, como es conocido este municipio, se oscureció  ante  las balas que en la tarde del martes 5 de abril acabaron con la vida del auxiliar Milton Javier Méndez Parra, quien murió tras recibir un disparo en la cabeza. El tirador acabó con la vida del joven vallenato de 22 años aprovechando las fracciones de segundo en las que el uniformado quiso refrescarse quitándose el casco, y apuntó certeramente en su cabeza. En esta ocasión la sindicación recayó sobre el Epl. El dolor seguía embargando a los miembros de esa institución.

El sino trágico para la policía reapareció  el  1 de mayo en el municipio de Ábrego.  El patrullero Arlex Rancés Ardila murió ese domingo como consecuencia de las heridas que recibió en un ataque de supuestos miembros de una disidencia del Epl denominada los “Pelusos”,  en un hecho que se registró cuando la patrulla abordó a unos sospechosos de estar distribuyendo panfletos de la organización. La reacción de la policía dejó a uno de los ilegales abatido. Ante la arremetida, las estaciones de policía se convierten en la vivienda que tiene puerta de entrada pero se desconoce cómo va a ser la salida donde podría estar aguardando sigiloso el francotirador.

Prácticamente no salen del cuartel lo que implica no contar con una familia “la gente no los saluda”, dijo el uniformado que se atrevió a hablar de la situación. La historia va más allá. Francotiradores que se pasean por el Catatumbo llegaron el 19 de junio al municipio de san Calixto, donde se la jugaron por partida doble. Miembros del Epl dispararon contra una patrulla que salió del comando a comprar algunos víveres. En cuestión de segundos ante el ataque indiscriminado perdieron la vida el comandante de la estación de Policía, teniente Jonathan Anturi Parra, oriundo del Caquetá, y el patrullero Lenier Ballesteros, natural de la ciudad de Cúcuta. Las circunstancias de este hecho dan la razón por la cual los policías prefieren estar aislados y alejados hasta de sus propias familias.

Todos, episodios que han quedado grabados en la memoria de los habitantes de esos municipios donde la  gente buena ha  tenido que convivir con  la guerra y ver en carne propia como mueren colombianos de lado y lado del conflicto, pero al fin y al cabo con una misma esperanza. “Que todos nos montemos en el vehículo de paz”, dijo Alfonso Cajiao Cabrera, defensor del pueblo en su reciente recorrido por el Catatumbo.

Esta sería la única forma de ponerle punto final a la lista de policías muertos, cuyas familias esperan que como a ellas, nadie más tenga que padecer el sufrimiento de perder a un ser querido dentro del túnel de la guerra al que se le empieza a ver la luz de salida.