'Popeye' y los Pepes

La historia detrás de la creación del grupo que lideró la cacería contra Pablo Escobar Gaviria, contada por uno de sus principales lugartenientes.

John Jairo Velásquez Vásquez, alias ‘Popeye’, quedó libre.  / AFP
John Jairo Velásquez Vásquez, alias ‘Popeye’, quedó libre. / AFP

Oculto en su escondite, Pablo Escobar Gaviria observaba con atención el noticiero de televisión. A su lado John Jairo Velásquez Vásquez, alias Popeye, uno de sus principales lugartenientes, lo miraba en silencio. En la pantalla se veían las imágenes de los estragos de la bomba que había estallado en el Centro Comercial Monterrey de Medellín, mientras un periodista leía un comunicado en el que el Escobar se atribuía el ataque y anunciaba una nueva oleada de atentados terroristas en el país, argumentando el incumplimiento, por parte del Gobierno, de los acuerdos pactados.

El capo sabía que se trataba de una estrategia fraguada por sus más acérrimos enemigos para generar ambiente de zozobra en la ciudad y llevar a las autoridades a considerar la posibilidad de restituir el Bloque de Búsqueda de la Policía creado con la única misión de acabar con Escobar.

El episodio es evocado por el mismo Popeye en un documento de 19 páginas escrito de su puño y letra, fechado el 27 de enero de 2009 y entregado a los periodistas Natalia Morales y Santiago La Rotta como insumo para documentar el libro Los Pepes, una investigación que reconstruye la génesis del famoso grupo ‘Perseguidos por Pablo Escobar’, que jugó un papel fundamental en la caída del jefe del cartel de Medellín y su estructura criminal.

En el escrito, el lugarteniente de Escobar contó que el hecho que marcó el inicio de la persecución contra el capo fue el asesinato, dentro de la cárcel La Catedral, de dos de sus socios más cercanos. Se trató de Gerardo Moncada Cuartas y Fernando Galeano Berrío, quienes fueron ejecutados, descuartizados y posteriormente quemados por un lío de una caleta de 20 millones de dólares que Escobar les robó para financiar su guerra.

El suceso llevó a que las autoridades decidieran tomarse La Catedral, en donde Escobar permanecía preso desde junio de 1991, durante un operativo que derivó en la fuga del capo y sus secuaces el 22 de julio de 1992. Desde ese día, Escobar Gaviria pasó por completo a la clandestinidad y sus enemigos se reorganizaron para empezar una lucha sin cuartel.

De acuerdo con el documento de Popeye, ante la fuga del capo los hermanos Fidel y Carlos Cataño Gil, que tiempos atrás habían sido socios en el crimen del cartel de Medellín, se aliaron con Diego Fernando Murillo Bejarano, alias Don Berna, quien había trabajado para Fernando Galeano y estaba buscando venganza.

Los hermanos Castaño Gil le confesaron a Don Berna que ya habían hecho contactos con la cúpula del cartel de Cali para conformar un grupo que tuviera como objetivo acabar con Pablo Escobar. Al proyecto también se unieron miembros de la familia Galeano, como Mireya y Rafael, quienes ofrecieron a los Castaño “el combustible que ellos necesitaban, dinero por cantidades”.

Por su parte, los jefes del cartel de Cali —conformado por los hermanos Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela, Hélmer Herrera Buitrago y José Santacruz Londoño— ofrecieron apoyo en armas, dinero e influencias en la Policía. “Los Castaño se entrevistaron con el coronel de la Policía Danilo González para exponerle el plan y es el coronel quien les aconseja a los hermanos Castaño Gil detonar el carro bomba en Medellín para achacárselo a Escobar, para que él pudiera convencer a sus superiores de la importancia de enviar de nuevo a la ciudad el Bloque de Búsqueda”, anota Popeye al asegurar que el cartel de Cali le pagaba cuantiosas sumas de dinero a González por cada golpe que daba a la estructura criminal de Escobar.

Añade que Danilo González fue el encargado de “hacer lobby” en la Embajada norteamericana para conseguir apoyo de la DEA y la CIA, y que los industriales de la ciudad que habían sido extorsionados por Escobar también terminaron por unirse a la causa. “Los hermanos Castaño se quitan la máscara y en el mes de septiembre del año 1992 fundan el grupo de los Pepes. En su mansión ubicada en el barrio El Poblado se crea la mesa del diablo contra Pablo Escobar”, puntualiza.

En su relato, Popeye habla de los centros de tortura creados por los Pepes, a los que eran llevados los sicarios y empleados de Escobar para ser asesinados. “Taladros en las rodillas, en la columna vertebral, agua caliente sobre la piel, electricidad en el pene y los testículos. Un capitán de la Policía, de apellido Posada, se volvió famoso por utilizar una tijera de despresar pollos para cortar dedos”.

Las cosas se fueron complicando para Escobar. En 1992, Popeye se entregó a la justicia, al igual que otros sicarios de gran importancia para el capo como Otto, El Mugre y El Arete. Otros pistoleros, como Tyson, fueron abatidos por los Pepes, que terminaron aliándose con sicarios de la temible banda La Terraza. Los Pepes lograron diezmar tanto la estructura criminal de Escobar Gaviria, que cuando fue asesinado, el 2 de diciembre de 1993, estaba acompañado solo por un hombre.

Tras su entrega, Popeye se convirtió en testigo clave de varios procesos judiciales que se adelantaban en el país por los crímenes cometidos por el cartel de Medellín.

Los fantasmas, aún hoy 24 años después, lo persiguen, y por eso lo primero que hizo antes de salir en libertad el pasado martes fue solicitar a la Defensoría del Pueblo protección, pues sabe que sus declaraciones siguen levantando ampolla en algunos sectores, ya que, como él mismo lo aseguró en el documento de 2009, “muchos de los que se aliaron con los bandidos de Cali y de los Castaño para participar e la persecución contra Escobar, llevan hoy en día “una vida limpia y buena”.

Temas relacionados

 

últimas noticias