La posición de Guillermo Cano luego del holocausto del Palacio de Justicia

El director de El Espectador cuestionó la falta de dialogo.

“El 6 y 7 de noviembre de 1985 pasaron a las páginas de nuestra historia y quedaron inscritos en ella con carácter indeleble, todos y cada uno de los minutos trascurridos entre las 11:30 de la mañana del miércoles y las 3 de la tarde del jueves, como expresión del más horrendo capítulo de depredación a que nuestra sociedad haya sido sometida”. Estas palabras, incluidas en su columna Libreta de Apuntes, resumieron la posición de El Espectador y de Guillermo Cano frente al holocausto del Palacio de Justicia. (Vea el especial 30 años sin Guillermo Cano)
 
Aunque el director del diario apoyó a Belisario Betancur en sus intenciones de alcanzar la paz, no compartió el desenlace de ese bochornoso episodio de la historia nacional. A pesar de qué fustigó al M-19 como el iniciador de la dolorosa secuencia del 6 y 7 de noviembre de 1985, cuestionó la falta de dialogo en un momento crucial del ataque al templo de la justicia. En sus reflexiones, nunca dejó de relacionar los posibles nexos entre la toma guerrillera y el interés del narcotráfico contra los magistrados. (Vea el video: Así fue el paso de María Teresa Herrán por El Espectador)
 
Ocho meses después, cuando asesinaron al magistrado Hernando Baquero Borda, sus sospechas aumentaron. Su familia, preocupada por el entorno de asesinatos y amenazas, le pidió cuidado. Las respuestas de Guillermo Cano fueron para recordar que la credibilidad del periódico era mantener la línea a favor de los menos favorecidos, y en esos tiempos eran las víctimas del narcotráfico. “Alguien tiene que defender a los jueces, es mi deber no dejarlos solos”, recalcó convencido de que no podía ceder ante las intimidaciones a las que eran sometidos los jueces del país. 
 
Al final de 1985, tratando de buscarle una explicación al triste desenlace de la administración Betancur, marcada por el holocausto del Palacio de Justicia y la tragedia de Armero, Guillermo Cano escribió un editorial titulado “¿Qué le pasó a Belisario?”, donde planteó los interrogantes claves para tratar de entender el destino aciago para un hombre de buena fe, signado para la historia por tan terribles acontecimientos. Al despedir 1985, admitió que recibía el año nuevo “con temor pero con esperanza”.